Capítulo 2 #4
—No, nena. Lo que tú llamas amor, ha aparecido en mi vida solo una vez y sé que jamás la olvidaré. Te aseguro que no me he sentido afortunado hasta que…
Le dio un vuelco al corazón. —¿Hasta qué?
—Déjalo. Nena, el sheriff.
Miró al frente de golpe y siseó viendo el coche que se les acercaba —Reduce…Te dije que no vinieras por aquí. ¿Y si te reconoce? Seguro que es de la zona.
—Pues se va a llevar una buena sorpresa —dijo con ironía.
—Muy gracioso.
El coche pasó a su lado y Kaya miró hacia atrás. —Se va, se va… —De repente la patrulla puso las luces y frenó para dar la vuelta. —¡Písale!
—No pienso hacer eso. Cualquier aviso por radio de ese tipo, alertaría a los nuestros.
—No los llames así, ¡esos cabrones que intentan matarnos no son nada mío! —Miró al frente. —Mierda, la sangre de mi jersey.
—Déjame hablar a mí.
Pasmada vio que estaba tan tranquilo. El coche del sheriff se puso tras ellos y salió de él una mujer que se ajustó la gorra para acercarse al vehículo. —A esa no la conozco.
—Menos mal.
—Buenas noches, documentación del vehículo y su licencia de conducir.
—Sí, por supuesto —dijo él—. ¿Pero tardaremos mucho? Me llevo a mi mujer al médico. Hemos tenido un accidente en el bosque cuando estábamos de acampada.
La mujer se agachó y vio la sangre en su jersey. —¿Pero qué…?
—Estoy bien, mi marido es marine, ¿sabe? Y me ha curado, pero insiste en que me revisen por las posibles infecciones y eso. —Se levantó el jersey para mostrar el apósito.
—¿Cómo ha ocurrido? —preguntó con desconfianza.
—Me caí al tropezar con una piedra, había una rama y…
La mujer hizo una mueca de dolor. —Continúen, continúen…
—Gracias agente —dijo Dean antes de acelerar lentamente. Miró por el espejo retrovisor y vio que decía algo a la radio que llevaba al hombro—. Mierda, está informando.
—¿Qué esperabas? Tienen que hacer informes de cada incidente que ocurra en su turno. Seguramente estarán avisando al médico del pueblo para que nos espere.
—Pues entonces hay que ir.
—¿Estás loco?
—Sino lo verán raro.
—Me importa un pito cómo lo vean, yo me largo de este pueblo cagando leches.
—Nena, no quiero que toda la policía del estado busque este coche.
—Majo, lo empezarán a buscar cuando encuentren los cadáveres en el lago.
¡Estoy herida! Hay muertos por herida de arma blanca como lo estoy yo, ¿crees que no nos van a relacionar con eso?
¡Dentro de unas horas seremos las personas más buscadas del estado, así que tira para la cabaña, recogemos a tu madre y nos largamos a toda prisa!
—Preciosa, para tener el trabajo que tienes no mantienes los nervios a raya —dijo de lo más sorprendido.
—Es que no puedo con la incompetencia.
—¿Me estás llamando incompetente?
—Si no te hubieras dejado coger…
—Ah, que me has cogido. ¿Y te recuerdo quién se metió una puñalada por nada?
Jadeó. —¡No fue por nada, tenía un fin! Si te hubieras deshecho de mí…
—¿Cuándo?
—Es que no fuiste lo bastante rápido.
—Disculpa por no estar preparado para una persecución —dijo con ironía.
—Un marine siempre está preparado para todo.
—Es que no sabía que me iba a encontrar a una chiflada demasiado rápida con el cuchillo que pondría mi vida patas arriba.
—Oye majo, que tu vida ya era un desastre cuando aparecí.
—No lo creas —dijo por lo bajo.
—Si no fuera por mí, estarías muerto. —La miró como si hubiera dicho un disparate. —¡Podría haberte disparado desde el baño!
Él frenó en seco en el arcén. —¡Y no lo hiciste!
—Obvio que no.
—¿Por qué?
—Porque mi misión no era esa.
—A ti te importaba una mierda la misión.
—Pues sí, pero quería escapar.
—Vamos, podrías haber escapado de mil maneras distintas.
—Ella iba a decir algo. —Podrías haber fingido tu muerte de mil maneras distintas, eres una profesional que ha estado en situaciones muy peliagudas, fingir tu muerte no puede ser tan difícil para ti, pero decidiste hacerlo en ese momento, ¿por qué?
¿Por qué, Kaya? ¿Por qué me has metido en tu vida?
—Sentí que tú serías perfecto para que todo fuera aún más creíble. —Él apretó los labios como si estuviera decepcionado. —¿Qué? ¡Es la verdad!
—Con esas palabras solo acabas de demostrar que no eres de fiar.
No se lo podía creer. —¿Yo no soy de fiar? ¿Quién me dejó en el maletero?
—¡Sabía que estabas armada, joder! ¡Y que tu arma no dejaría de funcionar porque se mojara! ¡Yo llegué a tiempo para advertirte! ¿Hubieras hecho tú lo mismo?
—Pues en ese momento no, la verdad. Creía que me habías dejado para que me ahogara.
—Muy bonito.
—¿No querías la verdad?
Él gruñó acelerando a tope de nuevo. —Nunca se abandona a un compañero.
Kaya miró al frente y apretó los labios con fuerza. —Lo siento. No volverá a pasar, señor.
—Descansa un poco —dijo molesto—. Tardaremos una hora en llegar a la cabaña. Después decidiremos qué hacer.
Era una orden, pero ella tenía la adrenalina a tope y no se sentía capaz de dormir, pero aun así cerró los ojos. Puede que él no confiara en ella, pero Kaya sentía que podía fiarse de su coronel totalmente, por eso había puesto su vida en sus manos desde que salió de aquel baño.