Mi corazón no se equivocaba Capítulo 1 #3
9%

Capítulo 1 #3

—Oh, pues si quieres después de comer te llevo yo.

—¿De veras? —preguntó con una sonrisa—. Eres muy amable.

—No es nada. Come, come, ¿a que está bueno?

—El mejor sándwich de pollo que he probado.

Se bajaron del coche y la señora Gardiner salió al pequeño porche con una sonrisa en los labios. —Pero qué sorpresa.

Perdió la sonrisa poco a poco al verla bajar del coche, lo que le demostró que no le gustaba tener por allí a desconocidos. Miró a Lucy interrogante y esta rio acercándose. —Clarissa, te presento a Kaya Walker, una de las mejores ojeadoras del país.

Los ojos de Clarissa brillaron. —Ah, ¿viene por el chico?

—Todavía no —dijo alargando la mano y estrechándosela—. Pero vendré.

—He convencido a Kaya para que le dé una oportunidad cuando llegue al último curso. ¿Te imaginas que acabe en la NFL?

—Sería maravilloso. Pasad, pasad, ¿queréis un café? —preguntó más relajada.

La siguieron hacia el interior de la casa y las llevó hasta un acogedor salón con sofás de flores.

A Kaya no le pasó desapercibido el gran televisor, el equipo de música al lado de una enorme colección de discos y los libros que había sobre la mesa de centro.

¿Esa mujer leía sobre tácticas militares?

No tenía pinta. Sonriendo se sentó en el sofá sabiéndose observada.

—No hace falta que nos ponga nada, gracias.

Será una visita breve, tengo una entrevista con un jugador y tendré que irme enseguida. Se preguntará por qué he venido.

Se sentó ante ella. —La verdad es que sí.

—Me han contado la historia de su hijo.

Clarissa apretó los labios. —Entiendo.

—Me parece conmovedor que pudiendo haber sido una estrella del fútbol entregara su vida a nuestra seguridad, a la seguridad de todos y creo que es algo digno de ser contado.

El país debería conocer su historia para que sea ejemplo para nuestra sociedad.

Dentro de dos meses habrá una fiesta de la NFL y yo seré una de las encargadas de organizarla.

—Vaya —dijo Lucy impresionada.

—Me gustaría hacer una breve mención de su hijo y a usted le daríamos uno de los anillos que él debería haber llevado. Una especie de anillo conmemorativo. Por supuesto esto tengo que consultarlo, pero antes de hacerlo me gustaría saber si usted está de acuerdo.

—Bueno, pues…

Al ver cómo se apretaba las manos incómoda Kaya añadió —No tiene que contestarme ahora. Aún estaré por el pueblo… —Miró a Lucy. —¿Un día más?

—Jason te arreglará el coche enseguida. Le pondré las pilas. —Miró a Clarissa. —¿Qué ocurre? Es una gran noticia.

—Es que no sé si seré capaz de hacerlo.

Kaya se adelantó. —Por supuesto que sí, yo estaré con usted desde que llegue al estadio.

—¿Estadio?

—Se hará en un estadio, aún no sabemos cuál, eso todavía no está cerrado porque hay unos pequeños conflictos de intereses con los patrocinadores, pero con el dinero necesario se solucionará. Lo que sí tenemos cerrado es que vendrán los mejores jugadores del país y…

—No, no puedo hacerlo —dijo muy nerviosa.

Aparentando estar confundida miró a Lucy. —Creí que le haría ilusión.

—Yo tampoco entiendo nada. Clarissa, es el homenaje que Dean se merece —dijo agobiada por si Kaya se enfadaba—. ¿Podríamos ir con ella? Igual así se siente mejor…

—No, no voy a hacerlo —dijo Clarissa tajante levantándose como si quisiera que se fueran cuanto antes—. Si me disculpáis tengo cosas que hacer, he quedado con el cura y…

—Sí, por supuesto —dijo Kaya poniéndose en pie—. No quiero molestarla más. —Forzó una sonrisa y le tendió la mano. —Ha sido un gusto conocerla.

—Pero… —Lucy se levantó siguiéndola y dijo por lo bajo mientras ella se alejaba. —No dejes que se vaya.

—No quiero hacerlo. Los que conocíamos y queríamos a Dean, ya le hemos dado los homenajes que se merecía. Es hora de dejarle descansar en paz.

—¿Pero qué dices…? ¡Es la NFL!

Desde el porche Kaya dijo —No insistas más, Lucy. No quiero obligarla a hacer algo que no quiere. —Bajó los escalones. —¿Nos vamos? —Abrió la puerta del coche y sonrió a la señora Gardiner. —Gracias por atendernos.

—No ha sido nada —dijo incómoda mirando de reojo a Lucy que estaba cabreadísima porque había perdido una oportunidad buenísima de meter la cabeza en la NFL y conocer a gente interesante que ayudara a su hijo. Era evidente que tenía ambición, su hijo llegaría lejos si dependía de ella.

Lucy fue hasta su coche y se subió forzando una sonrisa. —La convenceré.

Miró a su alrededor. —No insistas. Quedaría fatal en las fotos si pone esa cara.

Las dos miraron hacia ella, que parecía que le habían dado una noticia horrible.

—No entiendo nada.

—Igual no quiere sufrir más con los recuerdos… Puede que quiera olvidar.

—Quizás sea eso. —Arrancó el coche. —Pero para mí es un fastidio.

Rio, no pudo evitarlo porque era brutalmente sincera. —¿Sabes Lucy? Me caes bien.

La miró ilusionada. —¿De veras?

—Te echaré una mano.

—Gracias, gracias.

—Prepárate para entrar en un mundo lleno de tiburones, tienes mucho que aprender para que no te timen.

—Te tendré a ti. —Le guiñó un ojo.

Mirando a su alrededor asintió. —Te ayudaré en lo que pueda.