Capítulo 1 #2
Entrecerró los ojos. —¿No será James Gardiner?
—¡Sí! ¡Sí, es él! ¿Le conoce?
—Aún es muy joven, solo tiene… ¿catorce años?
—Cumple dieciséis el mes que viene. Pero tiene madera, le juro que sí. El chico entrena todos los días.
—Es demasiado joven. —Miró su coche. —La luz…
—Me llevará unas horas revisarlo —dijo atropelladamente—. ¿Por qué no va a tomar un café y a comer algo? —Le señaló la cafetería de enfrente.
Le extrañaba que no insistiera más sobre lo de su hijo. Una oportunidad así no ocurría todos los días. —Por favor, dese prisa, tengo una entrevista a las siete de la tarde para un nuevo fichaje.
—Sí, sí, claro —dijo de manera exagerada.
Fue a coger su bolso y el abrigo al coche. —Gracias.
Él sonrió de oreja a oreja. —No, gracias a usted.
—¿Me recomienda algo?
—Su sándwich de pollo es el mejor de Montana.
—Pues habrá que probarlo. —Se volvió y cruzó la carretera para ir hacia la cafetería.
Cuando entró vio por el cristal que estaba llamando a alguien con el móvil.
Sonrió entrando en el establecimiento. La pared del fondo estaba llena de fotos de actos importantes del pueblo y en el centro había una foto de Dean vestido de uniforme.
Apretó los labios porque era evidente que era el héroe del pueblo.
Se sentó en una mesa y sonrió a la camarera que se acercó enseguida.
—Un sándwich de pollo y una cola light, por favor.
—Marchando.
Giró la cabeza para mirar la pared y le vio también en otra foto con el equipo de fútbol del instituto. Él levantaba un trofeo que tenía un balón de fútbol en la punta mientras sus compañeros le subían en brazos.
Se levantó frunciendo el ceño y miró bien la foto.
—Fue un día increíble —dijo una mujer de unos cincuenta años tras la barra.
—¿Qué trofeo era? ¿El del estado?
—Sí.
—Vaya, impresionante, con toda la competencia que hay…
—Dean era increíble.
La miró. —¿Era?
La mujer apretó los labios. —Falleció hace unos años en Afganistán.
—Lo siento mucho.
—Fue un dolor muy grande para todo el pueblo. Podría haber ido a cualquier equipo de fútbol del país, pero decidió alistarse, la peor decisión que pudo tomar, niña.
—La vida a veces es complicada.
—Perdió el norte cuando murió su hermano.
—Vaya, pobre familia.
—Sí, no sé cómo pudo superarlo Clarissa, perder dos hijos en menos de diez años… Difícil seguir adelante.
—¿Ella sigue viva?
—Sí.
La puerta se abrió de golpe y allí estaba Jason, que estaba aún más nervioso que antes.
—Hola, chico —dijo la mujer—. Precisamente estábamos hablando de tu primo.
—Campeón del estado, vaya —dijo ella como si estuviera impresionada.
Él sonrió. —Sí, era increíble, pero mi hijo es aún mejor.
—¿De veras? —preguntó divertida. —¿Cómo va mi luz?
—Pues sigue ahí, tengo que desmontar el motor para ver qué ocurre.
Frunció el ceño. —Pero eso llevará más tiempo que si voy a Missoula a por otro coche.
—Oh, no, no se preocupe, le prestaré el mío para la cita de la tarde.
Sonrió. —¿Haría eso? Es muy amable.
—Usted coma tranquila, que yo me encargo de todo —dijo nervioso como si temiera que se largara y no volviera—. Maddy ponle todo lo que quiera, que invito yo.
Salió corriendo de la cafetería y ambas le vieron atravesar la carretera sin mirar, por lo que casi le atropella el coche del sheriff. —¿Pero qué le pasa?
—Soy ojeadora de los Grizzlies.
—¿De veras? —Sorprendida la miró de arriba abajo. —Pues no tienes pinta.
—Eso ha sonado algo machista —dijo divertida.
—Niña, no me vengas con modernidades que por aquí pasa un montón de gente y he visto casi de todo. Y digo casi porque nunca he visto un ojeador como tú.
—¿Así que ha visto muchos?
—Bueno, a tres. —Hizo un gesto con la cabeza señalando las fotos.
—¿Venían por él?
—Dean era especial. Jugaba de una manera que les dejaba a todos con la boca abierta. Debe haber algún video de él en internet, deberías verlo.
Ya, como para meterse en internet estaba la cosa. —Lo haré. —Miró hacia las fotos. —Estoy intrigada. ¿Y cómo es James? ¿Se parece a Dean? Le he visto jugar, pero no es que los demás jugadores tengan mucha calidad… ¿Cree que tiene madera para esto?
La mujer gruñó. —Creo que es un niño de mamá, eso es lo que es. Se cree el rey del mundo porque juega al fútbol. No se parece a Dean en nada, a este le gusta dar mamporrazos. Con la edad que tiene disfruta más de la bronca que del juego.
—Entiendo.
—Pero marca y eso es lo que importa, ¿no?
—Sí. Además, el espectáculo es esencial para entretener a la afición.
—Entonces es su chico.
—No, si no vengo por él, es muy joven todavía.
—Me lo imaginaba.
La puerta se abrió de nuevo y entró una mujer de cabello castaño con la respiración agitada. Tomó aire mirándola y puso su mejor sonrisa. —Hola.
—Hola —dijo ella como si estuviera extrañada—. ¿Te conozco?
—No, no. —Se echó a reír exageradamente. —Soy la mujer de Jason.
—Oh, el mecánico. —Alargó la mano. —Encantada...
—Lucy, mi nombre es Lucy Gardiner. Yo sí que estoy encantada de conocerla. ¿Nos sentamos? Me gustaría comentar algo con usted.
—Sí, por supuesto. Pero tutéame por favor, llámame Kaya, si me hablan de usted creo que hablan con mi abuela. —La camarera ya llevaba su pedido a la mesa y le dio las gracias.
—De nada. Lucy, ¿te pongo algo?
—Una cola, por favor —dijo mirándola fijamente mientras ella bebía de su vaso.
—Marchando.
La camarera se alejó y Kaya cogió la mayonesa para echarla en su sándwich. —Tú dirás, aunque ya sé por dónde vas a ir…
—James será el mejor quarterback del país.
—Eso es mucho decir —dijo divertida antes de darle un mordisco a su sándwich—. Le falta madurar —añadió con la boca llena.
Su madre apretó los labios. —Lo sé, pero le meteré en vereda, te lo aseguro.
Masticó mirándola a los ojos. —No es Dean.
—Nadie es como Dean, pero él ya no está y mi hijo ha llegado hasta aquí por méritos propios. Lo que pasa es que tiene un equipo de mierda, sino hubiera llegado a los estatales. En un equipo grande…
—No ficho a nadie que no haya cumplido los dieciocho.
—Lo sé, ¿pero le tendrás en cuenta?
—Eso no depende de mí, depende del club. —Suspiró dejando su sándwich. —Mira, quiero ser sincera, le falta mucho para llegar al nivel.
—¿Qué tiene que hacer? Hará lo que sea, aún le quedan dos años.
—¿Podrás hacer que se levante a las seis para correr antes de ir al instituto? Debe aumentar su velocidad.
—Apuesta a que correrá como un galgo.
—En los entrenamientos quiero que fortalezca su brazo izquierdo, es su punto débil. Y si quiere que le tome en cuenta dentro de dos años, nada de escándalos.
Separó los labios de la impresión. —¿Le tomarás en cuenta?
—Si veo que sus pases con la izquierda mejoran y que es más rápido, sí, le tomaré en cuenta esté en el equipo que esté trabajando. Estoy barajando irme a los Patriots.
Los ojos de la mujer brillaron. —Gracias, gracias…
—No me des las gracias, como vea algo que no me gusta no tendré piedad. Esto es un negocio y estoy aquí para conseguir lo mejor para mi equipo.
—Lo entiendo.
—¿Tiene novia?
—Ninguna seria.
—Vaya…
—¿Qué? ¿Qué?
—A la afición no le gusta que los jugadores vayan con una y con otra, ¿entiendes?
—Sí, claro.
—Y que no se tiña el pelo, he visto fotos suyas con el pelo rosa, por Dios.
Tienen que verle un jugador serio para que los jefazos que nos dan publicidad le tomen en cuenta.
Todo cuenta, puede que falten dos años, pero el pasado cuenta.
—Miró hacia las fotos. —Lo de Dean me gusta.
Pariente de un héroe de guerra, eso le encantará a la afición.
Qué pena que no esté vivo para que le apoye en el campo… ¿Vivía en el pueblo?
—No, en la granja de sus padres. Su madre aún vive allí.
—Me gustaría conocerla.