C a p í t u l o 4 7
  
Darcy
Me paso la mañana del domingo echando hasta la primera papilla por culpa de los nervios.
Suerte que no estoy tomando pastillas anticonceptivas porque tanto vomitar habría anulado el efecto.
He leído demasiados romances donde existe un embarazo-accidental-totalmente-evitable y si me da rabia leerlo, imagino que vivirlo todavía más.
Monique: ¿Te imaginas? Me reiría de ti desde el cielo.
Muy graciosa.
—Mantén la mente en blanco —le pido a mi reflejo .
Monique: Es un buen consejo. ¿Lo has leído en alguna galletita de la fortuna, maja?
Cállate, graciosa.
Estos días con Dunkan he estado comiendo súper bien, además de quemando calorías en la cama de la mejor manera posible, y mi cuerpo estaba recuperándose. Cogiendo color. Curvas. O chicanes. Por desgracia, ¡esta mañana vuelvo a parecer enferma!
Me lavo los dientes dos veces, uso enjuague bucal y me maquillo un poco. Puedo con esto. Abro el armario buscando algo más bonito que un chándal negro y lo encuentro gracias a lo que hizo Keira.
Monique: Oye, guapa, que estaré muerta, pero me merezco mi reconocimiento.
— No estoy preparada para tanto humor negro. — Sonrío con un nudo en la garganta.
Espero no dejar de oírla nunca en mi cabeza. Te quiero.
Monique: Yo también a ti.
Escojo los tacones más sencillos de todos.
 1
Pues eso.
En cuanto estoy lista, me hago una foto y la paso por el grupo.
Psicólogos Insoportables y otros
Darcy
[Foto]
Abuelo postizo (Beckham)
Vas a una discoteca de día ?
Theo
Me apuesto lo que sea a que no.

Darcy
Discoteca de día???
Eso existe????
Theo
Te lo dije.
A dónde vas?
Pd: a Macy le encanta tu outfit, escucha:
[Audio]
Darcy
Macy.

Os lo contaré todo mañana en la comida.
Deseadme suerte!!!

Guardo el móvil cuando lo hacen y de inmediato empiezo a comerme la cabeza. A dudar de si debería haber enviado la foto o no. Si lo de hoy no sale bien…
—Sea lo que sea en lo que estás pensando, para, preciosa —dice Dunkan desde el marco de la puerta del bonito dormitorio, comiéndome con los ojos mientras se preocupa por mí.
Es multitarea.
En honor a la verdad, su casa está súper vacía.
—Gracias. Me hacía falta un empujoncito. Una pregunta, ¿no tienes muy pocas cosas?
—Tenía muchas cosas. —Se acerca a mí como un puma a su presa.
—¿Y qué pasó?
—Tú. Te veía en todas partes.
—Pero yo nunca había estado aquí.
—Ya lo sé. —Se acerca y susurra—: Tendría que haber tirado mis ojos.
—No. —Le rodeo la cintura con los brazos—. Me encantan tus ojos verdes.
Me mira como si supiera que esta mañana puede ser la última que pasemos así y en vez de alejarme, se aferra a mí tanto como puede.
Nunca creí que alguien pudiera quererme tanto. Nunca pensé que la vida real podría superar a las maravillas que habitan mis estanterías.
Pero Dunkan puede.

Al contrario de lo que ocurrió la última vez, esta visita al circuito no tiene nada de íntima. Es más bien una experiencia social. Todos se alegran de ver a Dunkan, y aunque es muy agradable, por cómo tira de mí hacia esquinas menos concurridas, diría que no es muy fan de todas estas atenciones.
—Cuánto me alegra que estés aquí —dice Lina apareciendo de la nada y estrechándome entre sus brazos.
—A mí también. Espero que te salga genial la carrera. —La suelto rápido para que no se dé cuenta de que estoy temblando y que tengo tanto miedo que dudo si alguna de las cámaras de por aquí va a grabarme potando como una fuente.
—¡Seguro que sí! Serás mi amuleto de la suerte. —Sonríe tanto como le da la cara y quiero echarme a llorar, decirle lo muchísimo que la quiero y suplicarle que abandone la F1 de por vida.
Pero no lo hago.
—Ay va, si estáis aquí todos —dice Keira apareciendo con Alek y un par de refrescos en las manos.
Conociéndolos, seguro que son unos súper sanos. Estos dos son tan monos.
Se reparten más abrazos y de repente, tengo una idea.
Una que puede ayudarme mucho a lidiar con el problema que tengo entre manos. Pregunto por él a Lina y me indica hacia dónde tengo que correr para encontrarle.
—¿A dónde vas? —pregunta Dunkan apretando el agarre de nuestras manos.
—Volveré enseguida —le prometo y luego le suelto.
No le gusta que me aleje de él. Es posesivo y muy territorial, pero yo también, porque odio la distancia tanto como él. Si no más.
Llamo a algunas puertas diciendo que vengo de parte de Lina y al final le encuentro.
—Darcy, ¿ocurre algo? —pregunta Koven Alasdair, a punto de meterse de lleno en su trabajo técnico lejos del box y el bullicio.
—Nada malo. Solo quería hacerte una pregunta y necesitaba hacértela a solas.
—Adelante. —Me ofrece una silla delante de las pantallas desde las que va a vigilar que nadie se salte las normas, ni cometa ninguna infracción.
Ser comisario de la Federación Internacional y dueño de su propia escudería no es moco de pavo, pero él lo lleva bien. Aunque no es la razón por la que he venido.
—¿Cómo lo soportas? ¿Cómo aguantas saber que Lina puede matarse cada fin de semana? Sé lo muchísimo que la quieres, ¿cómo logras apoyarla?
—Esta es su película, Darcy. Yo solo soy un extra. —Alasdair se echa hacia atrás en su silla de poder—. Uno con mucha suerte.
—Idiota, eres su marido. Como poco, eres el coprotagonista.
—Para mí, no. —Los ojos le brillan cuando mira hacia las pantallas que muestran a los pilotos, subiendo a sus monoplazas a punto de empezar la vuelta de calentamiento. A Lina. Su luz, su sol y sus estrellas, su todo.
Dios mío, he visto a Dunkan mirarme así.
Dios mío, sí que está dispuesto a dejar la F1 por mí.
No puedo permitirlo.
Me despido de Koven Alasdair y troto de vuelta hasta el paddock. Encuentro a Dunkan con el ceño fruncido, buscándome en todas direcciones. Su rostro se relaja y sus facciones se vuelven cálidas y dulces cuando me encuentra.
—¿A dónde has ido?
—Es un secreto.
—No me gustan los secretos.
—Ni a mí irme de tu lado —le beso los labios.
Caminamos hacia uno de los palcos más vacíos, seguidos solo por Key y su maridito el profesor. Otro que tal baila: la mira como agua en un desierto. A ver si va a resultar que somos un trío la mar de guay y no lo sabía.
—Perdona, ¿estás arrinconando a Baby? —suelto burlona cuando literalmente es eso lo que hace.
—Sí. Te quiero solo para mí —susurra en mi oído rodeándome la cintura con el brazo, a duras penas disimulando lo tenso que está.
Me apoyo contra su pecho, escuchando el rugido de su corazón, algo que siempre me relaja. Hoy estoy tan nerviosa que ni siquiera él puede con tanto.
La carrera no tarda en empezar.
Lina sale P5, pero en un par de vueltas consigue la P2. Todos lo celebran mientras yo solo tiemblo. ¿Por qué tiene que arriesgarse tanto? ¿Siempre ha sido tan temeraria? ¿Qué tenía de malo la quinta posición, a ver?
Las manos de Dunkan acarician mis brazos en un vaivén enternecedor que no tendré si es él quien pilota. ¿Por qué no puede gustarle otra cosa? ¿Por qué tiene que ser subirse a un puto cohete que va sobre asfalto? ¿Por qué no le puede gustar leer?
Llegamos a la mitad de la carrera .
Lina lleva cuatro vueltas conduciendo con un problema en el monoplaza. Me muerdo las uñas, pero entonces para en boxes, su equipo arregla el problema y sale despedida más rápida que antes. La oímos reír a través de su radio y en las pantallas pone [Lina risas].
Qué ridiculez tan adorable.
Más tarde leo en la pantalla cómo su equipo le dice que cuide los neumáticos, que tienen que durarle las siete vueltas que quedan, que no se emocione tanto. Ella vuelve a reírse. ¿Debería reírse? ¿Acaso no está tomando en serio el consejo? ¿Lo sabe Koven? ¿No deberían detener la carrera?
Así es para mí ver la Fórmula 1, una mezcla de altibajos muy drásticos, donde la mayoría de sucesos me dan una descarga muy negativa.
Entonces acaba y mi mejor amiga, que queda segunda después de haber ganado y perdido posiciones mil veces durante la carrera, se baja del monoplaza.
Está tan eufórica, tanto, que no tengo palabras para describirla.
Es como verla casarse de nuevo. La felicidad la desborda y aunque la cámara no capta sus gritos, siento que rebotan en mi corazón.
Monique: La vida no trata de quererlos como tú deseas, Darcy, sino de hacerlo como ellos necesitan.
Desde que le conocí, Dunkan no ha intentado convertirme en la mujer de sus sueños ni una sola vez. Ha intentado convertirme en la mujer de los míos.
Me giro en sus brazos dispuesta a devolverle el favor. Él ya me estaba mirando, como si la carrera le importara poco, aunque sé que no.
—¿Cuándo dices que vuelves? —pregunto ilusionada.
Se queda muy serio. Es extraño que mi mundo se quede en absoluto silencio cuando todo a nuestro alrededor son puros gritos de celebración.
—No lo dices en serio.
—Te prometo que sí. Muy en serio —respondo, pero Dunkan me mira como si esa opción nunca hubiera estado de verdad sobre la mesa.
—¿De…? ¿De verdad? —Tartamudea, como las primeras veces que hablamos nada más conocernos.
—Quiero ayudar a muchos pacientes durante mi carrera. ¿Qué clase de psicóloga sería si no aprendiera a soltar aquello que más temo perder?
Dunkan estalla de felicidad, me coge en brazos y gira conmigo para luego besarme con todo lo que tiene.
Voy a aprovechar todo el tiempo que tengamos juntos, a exprimir cada segundo.
Voy a vivir por dos: por mí y por Monique.
Y voy a ser valiente.
Meses después, en marzo, Dunkan Scot haría su vuelta estelar a la Fórmula 1 por todo lo alto, quedando en primera posición… Durante el resto de la temporada.