C a p í t u l o 4 6
  
Dunkan
¿Me arrepiento mucho de no haber perseguido a mi hermano y haberle quitado las ganas de meterse en mi puta vida a hostias? Sí. Soy capaz de ver lo hipócrita que es por mi parte quejarme de algo así, cuando yo lo hago continuamente con él. Pero Darcy es diferente.
Darcy es intocable.
La susodicha tira de mí hasta el sofá en el que nunca me siento y me da dos toques en los hombros, indicando que quiere que me siente. Es muy delicada conmigo, como si aún estuviera en la cama del hospital. Luego se sienta en mi regazo, y noto de inmediato cómo respiro un poco mejor.
—Nolan tiene razón.
Cierro los ojos de la rabia que me dan esas tres palabras y cuento hasta diez mientras le aprieto el culo, haciéndome a la idea de que no la voy a dejar marchar ni aunque me suplique. Aunque en el fondo, lo haría, porque la quiero más de lo que me quiero a mí.
—Escucha y no te enfades. Pero, siendo sincera… Dunkan, no puedo ser la causa de que renuncies a tu sueño.
—Tú eres mi sueño. ¿Es que no lo he dejado claro ya?
—El amor no debería obligarte a decidir algo tan difícil.
—No es difícil, es facilísimo.
—¿Y si no hiciera falta que renunciaras? ¿Y si yo pudiera soportar que corrieras en un coche que alcanza una velocidad superior a los trescientos kilómetros por hora? —pregunta perdiendo énfasis con cada palabra.
Sería una puta fantasía tenerla a ella y a la F1, ¿para qué mentir? Pero ni siquiera yo soy tan ambicioso. Y si tengo que elegir, ni siquiera dudaré.
Aun así, me tomo su pregunta muy en serio.
—¿Podrías soportar que corriera cada fin de semana?
Todo su cuerpo se encoge con miedo y desvía la mirada.
Le subo la barbilla porque sus ojos no son tan mentirosos como sus labios.
—Darcy.
—No lo sé.
—Entonces, ya está decidido.
—Por favor, no hables así —dice con tristeza—. Nunca trataría tu pasión con tan poca consideración. Es una decisión muy importante para mí.
Joder. Darcy luchando contra nosotros y apartándome ya demostraba muchas cosas bonitas, ¿pero esta Darcy? Esta va a matarme si sigue hablando así.
—¿Qué propones? —pregunto .
Traga saliva. Parece mareada y todo.
—Propongo ir a ver a Lina este fin de semana. Hacerme a la idea de que eres tú quien conduce. La F1 solía encantarme.
Eso era antes de que perdieras a alguien tan importante como Monique.
Ya no eres esa persona. Y yo te quiero tal y como eres.
Parece que me oye, porque ahora sí que se le llenan los ojos de lágrimas.
—Dunkan, no quiero ser una persona que viva con miedo. Ni tampoco quiero ser una que mata sueños.
—¿Estás diciendo que si no soportas la carrera del domingo, romperás conmigo?
—No nos pongamos en lo peor —dice con el labio inferior temblando.
—Si rompes conmigo dejaré la F1.
—No lo harás.
—Sí, lo haré.
Abre los ojos con horror.
—Dunkan, eso es manipulación. Me estás arrinconando, eso no es dejarme elegir.
Cierro los ojos otra vez. Tiene razón. Odio que la tenga.
Nunca había sentido esta desesperación por mantener a alguien a mi lado. La necesidad que siento por ella no puede medirse con palabras, así que nunca lo sabrá.
—De acuerdo, tienes razón. Lo siento. —Me arde la garganta como si me hubiera tragado putas brasas.
—Gracias.
—Espero que entiendas que solo te dejaré marchar porque te quiero más que a nada.
—Lo entiendo. Y por si aún no lo sabes, yo también te quiero.
Se me para el corazón. Mi mente graba el peso de su cuerpo sobre el mío, su olor a lirios y a coco, su pelo despeinado, la forma en que se está agarrando a mis hombros, todo, para recordar este momento hasta el puto día de mi muerte.
—¿Me quieres?
—Estoy dispuesta a ir a una carrera en directo cuando el fin de semana pasado estuve aterrada de ver algo incluso con el televisor desenchufado. Si eso no evidencia que te quiero…
La beso lento y profundo, de la misma manera que se metió bajo mi piel y me obligó a enamorarme de ella.
No entiendo cómo la peor lesión de mi carrera me ha traído el mejor regalo de mi vida, pero pienso aprovecharlo. Me la llevo al dormitorio sin dejar de besarla, amando cada centímetro de su cuerpo con la esperanza de que sea suficiente.