C a p í t u l o 4 5
  
Darcy
Durante la vuelta a casa estoy muy callada. Tengo que empezar a darle tema de conversación o se dará cuenta de que algo no va bien. Por desgracia, no lo hago hasta que aparca frente a su casa.
Estos días no hemos salido de mi cama, o mi ducha, así que todavía no he visto el lugar en el que vive. Entonces, antes de que abra la puerta, demostrando que soy una idiota impaciente muy poco sutil, me oigo preguntar:
—¿No lo echarás de menos?
—Sí —responde sincero.
—¿De verdad? —El dolor de estómago aumenta más y más.
—Sí, pero podré vivir sin la F1 —dice lanzándome una mirada que me deja claro lo que calla: sin mí no.
—Dunkan…
—Además, no se es piloto de por vida —sonríe y me acaricia las mejillas—. Si tienes suerte y te seleccionan, tienes algunos años para disfrutar de todo eso. Pero nadie se hace viejo en este deporte. Al menos, ya no.
La puerta a su espalda se abre y Nolan aparece en escena.
—Me había parecido oír un ruido.
—¿Qué haces tú aquí?
—No te he visto el pelo en días y me estaba preocupando.
—Pero si te he escrito.
—Mensajes muy escuetos.
No le ha dicho nada a Nolan sobre renunciar a la F1 por mí.
¿No se lo ha dicho porque le entristecerá que lo aleje de su padre? ¿O acaso porque eso también lo alejará de Nolan?
—Ouuuu, ¿quién lleva los zapatos del psicópata obseso? —Nolan los señala y suelta una carcajada.
—Muy gracioso, ¿a dónde dices que te vas? ¿A tu casa? Vale, bueno, si insistes, que vaya muy bien. —Dunkan lo empuja lejos de la puerta, pero con cariño.
—De acuerdo, ya os dejo, tortolitos. Pero, Darcy, espera, ¿puedo comentarte una cosa antes? En privado.
—¿Es sobre la historia de estos zapatos? Porque estoy muy interesada —suelto, sin saber de dónde ha salido esa pregunta.
¿Pero a mí qué me pasa? Yo ya no visto como hoy, ya no soy esa persona. ¿Acaso quiero serlo?
Un escalofrío me recorre la columna y es suficiente respuesta.
—Te espero dentro —dice Dunkan estudiándome con la mirada.
—Vale —musito mordiéndome el labio inferior.
—Si Nolan te dice cosas raras de realidades paralelas, grita y vendré a salvarte. —Dunkan me da un beso en la frente que hace que mis rodillas se vuelvan debiluchas.
Desaparece y la puerta de la casa se entorna sin llegar a cerrarse del todo, para que después pueda entrar sin llamar al timbre. En ese momento, la expresión de Nolan cambia por completo.
—¡No puedes permitir que deje la F1 por ti! —exclama en susurros.
—¿L-Lo sabes?
—Os acabo de oír. Es eso lo que pretende, ¿no?
—Sí.
—Darcy, no puedes dejar que lo haga. Por culpa de que nuestra madre nos abandonara, Dunkan tiene miedo a que la gente solo lo quiera por lo que da. Por eso siempre da muchísimo a los que más quiere. Pero no puede darte eso. No puede —dice en plan metralleta, poniéndose rojo de la impotencia.
—Sí que puedo. —La voz de Dunkan a su espalda suena más furiosa y áspera que nunca—. No vuelvas a hablar así a mis espaldas.
—Dunkan, tienes miedo de perderla y lo entiendo, pero…
—No, no lo entiendes. Darcy es mi pasión ahora y lo que quiero es disfrutarla hasta mucho después de que haya adornado su tacataca con purpurina.
—¡Es un error! ¡No es quien eres! Te vas a perder a ti mismo por ella.
Dunkan lo coge de la camiseta.
—Atrévete a llamarla error otra vez y te pegaré por primera vez en tu vida, Nolan.
—¡Parad de discutir! —grito con la garganta ardiendo—. Nolan tiene razón.
Durante un instante, los ojos de Dunkan muestran un profundísimo dolor. Acto seguido parece a punto de arrancarle la cabeza a su hermano.
—¿Tienes idea de lo que has hecho, Nolan?
—Dunkan, respira —le pide.
Pero Nolan no hace gesto alguno de intentar defenderse y algo me dice que es por cómo tiene la espalda Dunkan. Me interpongo.
—Por favor, mírame solo a mí —suplico—. No quiero quitártelo.
—No me lo quitas si soy yo quien lo ofrece. —Dunkan suelta a Nolan y lleva las manos hasta mis caderas—. Debería haber enviado el mail ya, así verías lo en serio que voy.
—¡No! —gritamos Nolan y yo al tiempo cuando saca su teléfono, pero Dunkan solo mira mal a su hermano.
—Lárgate de aquí, te lo digo muy en serio.
Nolan levanta las manos, dolido, y me lanza una mirada de total fe en mí, como si fuera su única esperanza .
Dunkan desvía su mirada hasta mis ojos cuando le quito el móvil. Lo recupera metiéndoselo en el bolsillo trasero de los tejanos oscuros.
—Vamos a fingir que no hemos tenido esta conversación.
Sacudo la cabeza, entrelazo su mano con la mía y lo guío al interior de su casa.