Mi chicane favorita (North Star 10) C a p í t u l o 4 2
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C a p í t u l o 4 2

  

Darcy

Una semana después.

En cuanto corto la llamada con Keira, me vibra el móvil. Al ver que es Lina… no lo cojo. Pero solo porque he hablado demasiado, tengo la garganta seca y muchísimas cosas que hacer. Me paseo de un lado a otro, descalza, deshaciéndome y rehaciendo la trenza en la que he atrapado mi pelo.

Es mejor esto que estar en la cama. Camina.

Paso por la habitación en la que tengo toda la ropa bonita y los tacones. Bueno, por delante de la puerta, ya que siempre está cerrada. Solo entro ahí cuando voy a visitar a la familia, algo que pasa cada dos o tres días.

Mi apartamento no es enorme que digamos, así que enseguida me canso de ver una y otra vez las mismas esquinas. Cierro los ojos y apoyo la frente en la pared. Hasta con los ojos cerrados veo los suyos.

Me llevo la mano al estómago cuando noto el dolor intenso que no me deja comer bien.

Esto está empezando a ser un problema. Estoy esquivando espejos con tal de no verme así. Cada día me parezco más a Monique en sus peores momentos.

Me obligo a ir a la cocina a comer algo, jurándome que el dolor de tripa me dejará en paz, pero al ver la tele desenchufada y recordar por qué la tengo desenchufada, me da una arcada.

Es domingo. Mediodía. Lo cual significa que dentro de poco mi mejor amiga tiene una carrera.

Lo sabes y no le has cogido el teléfono.

Podría haber sido vuestra última conversación.

Quizá podrías haber oído sus últimas palabras.

Pero ya no. Ahora es tarde. ¿Y si se muere? ¿Cómo te sentirás si lo hace?

El bucle mental que amenaza con hacerme vomitar se ve interrumpido cuando llaman a la puerta.

Frunzo el ceño porque la única persona que me visita es Keira y acabo de hablar con ella.

Mi atleta favorita será muchas cosas, pero su batería social no es muy larga que digamos, así que dudo que se presente aquí para charlar.

Doy un tirón a la puerta y mi corazón tropieza consigo mismo. O mejor dicho: con él.

—Dunkan.

Parece cabreado. Muy cabreado. Pero está muy guapo. Más de lo que lo recordaba.

¿Habrá venido a gritarme?

—¿Puedo pasar? —pregunta entrando sin más, pasando por mi lado.

Se mueve muy bien. Está mucho mejor. Dios, qué bien le sienta la salud.

En cuanto Dunkan entra en mi apartamento este empieza a hacerse pequeño por momentos. Cierro la puerta tras de mí sin tenerlas todas conmigo. Debería decirle que es mejor hablarlo fuera, pero no lo hago.

—¿Qué necesitas?

Me mira el cuerpo un instante, como si le doliera la delgadez que he ganado. Monique tampoco estaría contenta.

—¿Dunkan?

—¿Quieres que deje la Fórmula 1?

—¿Q-qué? —musito.

—Lo haré. —Se encoge de hombros como si, lejos de su pasión, estuviéramos hablando de calcetines.

—No lo entiendo.

—De crío, no había un gramo de duda dentro de mí de que quería ser piloto de F1.

Era lo único que quería, lo único para lo que servía.

Estoy tan seguro como lo estaba entonces de que haré cualquier cosa por ti, Darcy.

Me buscaré un trabajo de persona normal.

Haré lo que sea para que me dejes quererte el resto de mi vida.

—Dunkan, ¿has perdido la cabeza? —jadeo sin poder respirar de lo rápido que me va el pulso.

Saca su teléfono, no sé para qué.

Lo averiguo pronto.

Dunkan me enseña un email muy bien redactado, respetuoso y correcto donde manda a tomar por culo a su escudería y a North Star.

—Dime si quieres que lo envíe.

—Dunkan, me estás asustando —retrocedo.

Se guarda el móvil, tira de mi cintura hasta que impacto contra su pecho y luego estampa mi espalda contra la pared.

—Estoy dispuesto a todo por que seas mía —gruñe furioso y hago lo único que puedo hacer.

Besarle.

Besarle con todo el dolor y las ganas que me han estado consumiendo estas semanas.

Sus manos son llamas que me entierran en arenas movedizas de las que no puedo, ni quiero escapar. Gimo en su boca mientras me despoja del chándal triste y negro. Mi fiel acompañante de penas.

—No puedes volver a hacerme eso —susurra en mi boca en cuanto encuentra una cama en la que depositarme.

Tiro de él antes de que la razón encuentre hueco entre nosotros. Me besa mientras nuestras manos curiosean y llegan a donde nunca habían llegado.

No recuerdo cuándo fue la última vez que me acosté con alguien, pero casi siento que esta es la primera vez, porque es la única que de verdad me importa.

Dunkan se pone protección en un cuarto de segundo, y luego me dice que me quiere.

¿Por qué tiene que decirme que me quiere?

Se me escapa una lágrima mientras mi clítoris recibe todas sus atenciones y mi cuerpo entero vibra de placer y deseo.

Me corro sintiendo su polla palpitando muy adentro.

Me rompo y me retuerzo ante su atenta mirada.

Dunkan me embiste con violencia, pero me besa con pura veneración.

—¿Seguro que puedes…? ¿Estás bien para…? Tu espalda… —Mis frases quedan rotas por otra de sus embestidas.

—Nunca estaré bien sin ti —dice antes de succionar la piel de mi cuello hasta dejarme marca.

Sus manos, sus labios y su polla están por todas partes.

Me pierdo en todo lo que querría tener. En lo enamoradísima que estoy de Dunkan Scot.

Es cruel que haya venido hasta aquí para destrozarme del todo. Pero cuando el segundo orgasmo crece en mi interior y estalla a la vez que el suyo, me convenzo de que podré perdonarle.