Mi chicane favorita (North Star 10) C a p í t u l o 4 0
83%

C a p í t u l o 4 0

  

Darcy

A veces cuando sales de fiesta y bebes un montón, te despiertas y no sabes cómo llegaste a casa.

Eso es justo lo que me ocurre. Ayer me dormí sobre el pecho de Dunkan, así que no entiendo cómo es posible que me despierte en mi cama, atrapada entre los cuerpos de mis dos mejores amigas, como un buen sándwich al más puro estilo North Star.

Intento levantarme para alcanzar mi móvil que ya veo en la mesita de noche, pero un par de brazos fuertes me lo impiden. Mis dos amigas están fuertísimas, y despiertas, y no puedo evitar reparar en la falta de igualdad de condiciones entre las que me encuentro.

—¿Por qué estamos aquí? ¿Y Dunkan?

—Él está bien, recuperándose de todo en su camita del hospital —dice Lina desperezándose, sin soltarme.

—Y nosotras estamos aquí porque tenemos mucho que hacer. Las tres juntas —dice Keira con la pierna encima de mí a modo de bloqueo.

Ha dormido con la ropa de deporte puesta y parece lista para correr un maratón.

—¿Qué tenemos que hacer?

—En unos días te gradúas.

—Keira, no. Paso.

—No te está diciendo que vayas a la ceremonia —interviene Lina en tono conciliador.

—Exacto. Solo estoy diciendo que uno de tus profesores se cabreó por tus faltas de asistencia estas últimas semanas y que necesitamos hacerle una visita para dejarle claro que sí o sí vas a graduarte.

—Todo eso me da igual.

—A Monique no —suelta Keira en un tono severo que rara vez le oigo, y que si oigo, lo está usando consigo misma—. Darcy, no te des tanta importancia, ¿vale? Hoy es un día dedicado a los demás. A tus amigas, a tus profesores y a tu familia. El periodo de la autocompasión ha acabado.

Mi amiga está loca. Ese periodo no ha hecho más que empezar.

—¿Qué significa eso último? —pregunto tragando saliva con dificultad.

—¿Lo de la autocompasión?

—No, lo de la familia.

—Ah, sí. — Keira comparte una mirada con Lina—. Vamos a ir a ver a Theo, a Macy y a Beckham. Hemos quedado con ellos para comer.

—Ni hablar —digo, aunque bien podría haberme ahorrado la saliva, porque solo con ver a mis amigas ya resulta más que evidente que lo tienen decidido.

—Lo primero de todo es una ducha —dice Lina tirando de mí hacia el borde de la cama y cogiéndome en brazos al llegar allí.

¿En qué momento me he convertido en un Labubu maleable?

Me lleva ella misma al baño . ¿He dicho ya que está fuertísima?

—No quiero hacer esto —les digo mientras una abre el grifo de la ducha y la otra saca las toallas del armario.

—Lo siento, pero lo que tú quieres ahora mismo no puede ser, Darcy —dice Lina—. No vamos a quedarnos de brazos cruzados mientras desapareces y te consumes.

—Quiero demasiado a Monique como para permitirlo —dice Keira y me hace un nudo en la garganta que no diga «quería».

—Somos tus mejores amigas y vamos a estar ahí para ti. ¿Quieres llorar? Pues lloramos juntas. Somos mujeres, podemos hacer un montón de cosas a la vez. ¿Te desvistes tú o lo hacemos nosotras?



Vamos hasta la casa de Keira con el coche, pero no me doy cuenta hasta que nos paramos en el jardín.

—¿Qué hacemos aquí? —pregunto—. Pensaba que nuestra primera parada era North Star.

—Esto no tienes por qué hacerlo —dice Lina.

—Sí, es totalmente opcional —sigue Keira.

—Vaya, eso es nuevo —me burlo y entonces caigo en lo que me confesó Keira.

La ropa. Los zapatos. Lo que guarda en su armario.

—No —sentencio rotunda aplastándome contra el asiento.

—Vale, de nuevo, no es obligatorio —dice Lina alzando las manos—. Pero quiero que recuerdes que luego vamos a ver a tu familia.

—Y que a Macy, esa niña de dos años que acaba de perder a su madre, le vendría bien distraerse con una Bratz viviente —concluye Keira.

Cierro los ojos y maldigo el día que me colé en la consulta de mi hermana, oí a Keira hablar de su espantosa familia y decidí que teníamos que ser mejores amigas. Luego le doy un tirón a la manilla, empujo la puerta del coche y me adentro en el jardín de la casa de mi amiga.

—¿Y Alek? —pregunto después de que Keira abra la puerta.

—Trabajando.

—Es domingo.

—Vaaale, puede que le haya dicho que quizá pasaríamos por aquí y haya querido darnos espacio. Anda, vamos. Las cosas están arriba.

Qué desastre, ahora echo a Sant Delphi de su casa.

Sacudiendo la cabeza, subimos las escaleras al piso de arriba. Entramos en el dormitorio principal y Keira enseguida abre el armario.

Mi amiga me conoce bien, pero es evidente que mi hermana tuvo que guiarla. No sé cómo no me di cuenta, pero entre estos siete outfits, están algunos de mis vestidos y faldas favoritas.

Metomentodo. Monique, eres una cotilla. Una resabidilla insoportable. ¿No podías dejarme empezar de cero? ¿Y si quería ser una gótica que solo usa chándales?

Cierro los ojos e inhalo con fuerza un par de veces tras ver los tacones uno por uno.

Mis amigas me miran como si fuera una bomba a punto de estallar mientras cojo el rosa, azul, violeta y turquesa. El que tiene una flor de loto en la parte delantera y otra formando la punta del tacón.

Lo recuerdo todo.

Lo mucho que bailé aquella noche. Lo cansada que estaba cuando me los quité. El miedo que tenía de que todo cambiara…



—Estos son los que llevé a su boda —admito acariciándolos.

—Lo sé, ella me lo dijo. —Keira sonríe con los ojos llenos de lágrimas.

—Puedes coger otro par menos importantes —ofrece Lina.

Sacudo la cabeza.

Mis amigas me dejan sola para que me cambie de ropa y, aunque ahora no soy capaz de decirlo, estoy muy agradecida por lo que ha hecho Keira.

Llegamos a North Star y, diez minutos después, resulta evidente que mi profesor piensa que soy del tipo de alumna a la que se le muere la abuela unas cuatro veces al mes con tal de que hagan la vista gorda con sus notas y, la verdad, no me apetece nada hacerle entender que se equivoca conmigo.

¿A Lina y a Keira? A ellas sí les apetece.

Muuuchísimo.

—¿Sabe que esto podría considerarse abuso de poder? Darcy ha estado currándoselo muchísimo desde el principio, sus notas lo evidencian —suelta Lina—. ¿Qué pensaría la prensa si se corriera la voz?

Keira decide tomar un enfoque menos agresivo y le enseña fotos de mi apartamento estas últimas semanas. También algunas fotos que no sabía que me había hecho con Monique. Incluso le suelta intimidades que, honestamente, preferiría que mi profesor no conociera.

—Se pasó una semana entera sin ducharse, señor Niagle, porque no quería dejarla sola ni un momento. Como comprenderá, en esas circunstancias ni siquiera su mejor alumna podía preocuparse de venir a clase.

Puede que esté limpia y bien vestida, pero el señor Niagle debe ver que estoy en la puta mierda porque con un largo vistazo le vale.

Digamos que lo conseguimos.



Llegamos al restaurante donde hemos quedado con mi familia y enseguida aparecen. Le doy un apretón en la mano a Lina al ver a Theo. Parece haber perdido unos cuantos kilos en los pocos días que hemos estado separados.

Monique: Cuida de él, Darcy.

De repente siento una nueva ola de culpabilidad por haberlos descuidado centrándome solo en mí. A Monique no le habría gustado ver eso.

Monique: No, no me gusta.

Aprieto la mano de Keira al ver lo muy curvadas hacia abajo que tiene Macy las comisuras de los labios. Monique, enferma y con dolores, conseguía sacarle carcajadas. Espabila y da la talla, Darcy. Demuestra quién te crió.

—Tú puedes.

—Ánimo.

Suelto a mis mejores amigas y me acerco a mi familia sola.

—¡Darcy! —Los brazos de Macy se alargan hasta mí, pero hoy su voz no se inunda de alegría, sino de cierta recriminación, y luego se echa a llorar—. No estabas. ¡No estabas!

—Lo siento, preciosa, ya estoy aquí. —Le beso la cabecita mientras ella se aferra a mi cuello y miro a mi cuñado y mi abuelo para que sepan que esto también va por ellos.

Estoy aquí y voy a quedarme.

Y lo siento.

—Bonito atuendo —dice Beckham guiñándome un ojo con aprobación.

En cuanto Theo ve mis zapatos todo el aire se le escapa de los pulmones, se da media vuelta y se aleja unos pasos.

Yo acaricio la cabeza de Macy para que no se aleje de mí todavía.

Quizá no ha sido una buena idea escoger los zapatos que llevé a la fiesta en la que Theo y mi hermana se juraron amor eterno, uno del que no han podido disfrutar.

—Estará bien —susurra Beckham—. Es un bonito detalle llevarla contigo, en tus zapatos. —Se dirige a mis amigas y a Macy—. ¿Por qué no vamos entrando? ¿Chicas? ¿Qué os parece?

—Genial —coinciden Lina y Keira.

Yo sigo con la vista fija en Theo, que se ha parado frente al coche, apoyado contra el lateral.

—Key, ¿la coges? —Le cedo a Macy de tal forma que no vea lo que está a nuestra espalda—. Enseguida entro.

—Iremos pidiendo algo para beber —dice Lina en un tono forzosamente alegre.

Debería estar subida en su coche a punto de salir a competir y en vez de eso está aquí, apoyándome. No me merezco las amigas que tengo.

Llego hasta Theo y le pongo una mano en la espalda. No esconde sus lágrimas cuando me mira. Ninguno de los dos dice nada, solo me abraza con fuerza y yo le devuelvo el gesto.

En estos momentos, no hay mucho que podamos decir para aliviar el dolor. A veces las heridas abiertas tienen que sangrar y punto.