Mi chicane favorita (North Star 10) C a p í t u l o 3 9
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Dunkan

Darcy me mira con los ojos cada vez más rojos, con sus murallas flaqueando y sus ganas de huir brillando con fuerza.

—Bueno, si estás bien… —empieza.

—No —la interrumpo cogiendo su mano y metiéndola por la cadena que ella misma me dejó aquí. Ese collar que siempre le había visto puesto, pero que decidió dejar conmigo en un intento de que no me moviera de aquí—. Tú no te vas.

Hace una mueca, pero se nota que no opone resistencia. Todo el mundo habrá podido observar las evidencias de que lo que Darcy quiere, Darcy consigue.

Quiere quedarse. Igual que ha querido venir a verme.

—Vendremos a buscarte por la noche, ¿vale? —pregunta Keira, cayéndome fatal por primera vez desde que la conozco.

¿Venir a buscarla? ¿Para qué? Pueden venir a darle las buenas noches, en tal caso, porque no pienso soltarla.

Me aferro al cuerpo de Darcy mientras responde que vale. ¿Que vale el qué?

Mi hermano se va con Lina y Keira, así que me quedo a solas con Darcy.

—No vas a ir a ninguna parte esta noche —susurro en su oído.

—¿Es que quieres dejarme sin lágrimas? —Sonríe con los ojos tristes. Baja la mirada hacia el collar que aprisiona su muñeca y dice—: Monique me lo compró después de aprobar el primer semestre en North Star con muy buenas notas.

Podría preguntarle cómo lo lleva, o alguna mierda similar que la gente suelta cuando se te muere alguien importante. Pero cuando murió mi padre odiaba esa pregunta con todas mis fuerzas, así que me la callo.

—¿Muy buenas notas, eh? Vaya, vaya. Estoy rodeado de empollones. ¿Por qué será que no me sorprende?

Va a decir algo, pero cierra la boca.

—¿Qué?

—¿Por qué no te enfadas conmigo, Dunkan? ¿Por qué no te alejas? Tienes motivos.

Porque te salen arruguitas en las comisuras de los ojos cuando sonríes de verdad, algo que solo he visto que te ocurra conmigo.

Porque hoy no te has puesto tu ropa.

Porque llevas haciéndote la fuerte y fingiendo no estar rota delante de todos desde que le diagnosticaron HLH a Monique .

Porque viniste a verme cuando estaba mal, a pesar de que era peligroso para la persona a la que más querías.

Por esas y muchas otras razones no puedo enfadarme contigo, Darcy.

—¿No vas a decírmelo? —insiste.

—No.

—¿Por qué?

—Ya sabes por qué. —Le aguanto la mirada, pero ella la desvía, sin poder soportar un segundo «te quiero», aunque esta vez ni siquiera lo pronuncie.

Pone las manos en mi torso y trepa hasta llegar a la altura de mi corazón. Algo que ya sé que no es por casualidad.

—¿Sabes si han vaciado ya la habitación de Monique?

—Sí, hace días. — También sé que el chaval que está en la cama de Monique se llama Izhan y es bastante idiota, que se rompió la pierna y estará allí solo tres días tras su operación, pero no lo digo.

—Debería marcharme, Dunkan.

—¿Es lo que de verdad quieres? —Vuelvo a besarla—. ¿O es solo que temes necesitarme tanto como yo te necesito a ti?

Lleva su mano herida hasta mi boca, usando sus dedos para evitar que separe mis labios.

Cediendo ante su súplica silenciosa, me limito a acariciarle la espalda durante un rato. Siento que me la voy ganando poco a poco, pero entonces le vibra el móvil y centra toda su atención en ver qué dicen los mensajes .

Son dos. El primero es una foto de Macy. Está en un sofá, jugando con un tacón que no había visto nunca pero que, inspirado en las abejas y sus panales, es evidentemente de Darcy.



El segundo mensaje es de texto y también lo leo.

Theo

Theo

Macy no solo echa de menos a su madre.

Si te alejas así de ella pensará que os ha perdido a las dos.

El cuerpo de Darcy se queda helado, inmóvil.

—¿No has ido a verles?

Sacude la cabeza, como si las palabras le dieran demasiada vergüenza. Es evidente que no está acostumbrada a fallar a nadie, ni a ceder a sus debilidades.

—Podrías pedirle a Keira y a su marido que te acompañaran.

No contesta. Está poniéndome morros y le tiembla el labio inferior, así que la atraigo hacia mí y la beso por toda la cara, incidiendo en los labios. Acaricio sus curvas. Mi chicane favorita.

Darcy me besa de verdad, metiéndome la lengua en la boca y haciéndome gruñir, y maldecir por estar jodido. Renunciaría a todos mis polvos anteriores por poder acostarme con Darcy. Sería virgen e inexperto, pero joder, aprendería tan rápido…

Memorizaré su cuerpo más deprisa de lo que va a ir mi monoplaza de F1.

—¿Quieres ver alguno conmigo?

—¿Ver el qué? —frunce el ceño algo aturdida y sonrojada.

—Los vídeos de Monique. Te dejó alguno, ¿verdad?

—¿C-cómo sabes eso?

—Me lo dijo Theo —miento, puesto que no está preparada para oír las palabras que su hermana dejó para mí. Se lo enseñaré en cuanto se admita que también me quiere —. ¿Los has visto ya?

Se encoge de hombros y agacha la cabeza.

Los ha visto. Todos, probablemente.

—¿Quieres verlos otra vez?

Darcy asiente.

Se sube en mi regazo, colocando una pierna a cada lado de mi cuerpo. Cuando saca los auriculares del bolsillo de su pantalón de chándal, estoy seguro de que se los va a poner ella y que me va a dejar fuera.

No me quejaría, puesto que la tengo encima y eso ya me hace muy feliz.

Pero admito que cuando me coloca un auricular en la oreja, siento que me muero un poco. Vale, esa ha sido una expresión muy mal escogida. Digamos que me siento muy afortunado. Igual que ocurre más tarde, cuando se queda dormida encima de mí, con las lágrimas secándosele en las mejillas.

No te reprimas nunca conmigo, preciosa.

Juntos saldremos de esta.