C a p í t u l o 2 8
  
Dunkan
En rehabilitación, un médico me pregunta que cuánto me duele del uno al diez. Y yo qué sé, todavía la siento correrse en mis dedos. Hacedme preguntas sobre eso, recuerdo cada detalle. Incluso cómo ha salido escopeteada del baño, como si hubiera mirado a la muerte a los ojos.
Todo cuanto hace Darcy me atrae más hacia ella. Es un imán al que no puedo resistirme.
—Dunkan.
En serio, ¿cómo voy a poder concentrarme en nada más cuando ya sé el sonido que hace Darcy cuando se corre?
—Dunkan.
—Me duele poco. Pero muy poco.
Asiente y sigue apuntando cosas en el ordenador.
—Me alegra mucho oír eso —suelta una risita—. Cualquiera diría que la infección ha sido la forma que tenía tu cuerpo de obligarte a descansar.
—Fuiste tú quien me dijo que estaba obligado a lo de los paseos.
—Sí, y fuiste tú quien decidió empezar a prepararse para las olimpiadas de los paseos. La gente habla, ¿sabes? Te excediste demasiado.
Trudy, fijo que ha sido ella. Hago una mueca. Razón no le falta. Pero me da igual. Esta mañana Darcy ha cruzado una línea conmigo y no voy a dejar que lo olvide.
Por mí como si tengo que arrastrarme hasta la habitación de Monique para hablar con ella…