C a p í t u l o 2 7
  
Dunkan
Días después.
Nolan se ha envuelto la mano en una bolsa de basura con tal de venir a verme.
¿Es idiota? Sí.
¿Es una mala idea que esté aquí? Desde luego.
¿Le da igual? Igual del todo.
—Clase.
—No tengo clase. Duérmete, hermano.
—Tienes que irte —digo con la lengua pastosa.
—Sigue soñando, chaval.
¿Soñar? Darcy, Darcy, Darcy…
—De aquí no me muevo hasta que te pongas bueno. Si quieres intimidad e independencia ya puedes empezar a mejorar. —Se afianza en el sillón de papá.
—Harris. Verxen. Alök. Izumiya .
—Deja de decir pilotos de F1 y duérmete, vicioso. Olvídate de todo un rato. Por favor, Dunkan.
La fiebre me deja atontado, y hace que los párpados me pesen horrores y la vea… a ella. No han sido días buenos, pero la doctora dice que estoy mejor. No pongo en duda su conocimiento científico, pero lo cierto es que yo no me siento mejor.
Si lo que oigo de fondo resulta ser Avatar, juro que me volveré loco de remate…

Me despierto con el olor de los lirios inundando mis fosas nasales. Al abrir los ojos me da un vuelco el corazón. Darcy está poniéndome un paño frío en la frente. Lleva guantes y mascarilla, y parece muy asustada.
—Vete… —murmuro.
—No.
¿No? ¿Es que está de broma?
Si Monique empeora por mi culpa no me lo perdonaré y ella tampoco. Se suponía que Trudy y las demás enfermeras no iban a dejar que nadie entrara aquí.
—Vete, Darcy.
—No. Es tarde, Nolan ya se ha ido, el personal no da abasto y tú estás peor —dice con voz temblorosa y los ojos tristes.
—Ni siquiera… te conozco…
—Creo que el color rojo es superior a los demás colores.
Ponerles brillos a objetos corrientes me pone de buen humor.
La gente que habla a gritos en los transportes públicos me cae mal.
Odio el tomate, así que cuando tenía cuatro años mi madre me dijo que un ángel conseguía sus alas cada vez que me comía uno.
Me comí siete en un día y acabé en urgencias porque estaban verdes.
Me gustan más las series que las películas porque suelen estar mejor explicadas.
Y también prefiero las zanahorias crudas.
—¿Qué estás haciendo?
—Ya me conoces, Dunkan. Ahora cierra la boca, duérmete y deja que cuide de ti.
Aunque no quiero, los ojos se me cierran solos del alivio que me produce el frío…