Mi chicane favorita (North Star 10) Monique
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Monique

Darcy está dormida cuando me despierto dudando de si ya he iniciado mi nueva profesión como fantasma sin sueldo.

Pero me siento como el culo, así que juraría que aún soy de carne y hueso.

Mi preciosa hermana está frita como un tronco, acurrucada en el sillón, abrazada a uno de sus zapatos favoritos: el de estilo barroco que tiene tres libros formando la plataforma y el tacón hecho de una pluma clásica de tinta.



Espero que todos esos tacones le recuerden quién es cuando la tristeza le impida recordarlo.

Odio que haya puesto el sillón tan lejos de mi cama. Y que se haya dormido con la mascarilla puesta, que le empaña las gafas con forma de corazón y seguro que no le deja respirar bien.

Cojo el teléfono y poniéndolo en modo selfie, me pinto los labios y me arreglo un poco el pelo. ¿Me gusta mirarme en estas condiciones? Nope. Una puede estar más débil que un castillo de naipes en una corriente y aun así ser igual de coqueta que siempre.

Pero lo hago para ponerme un poco de colorete. En cuanto estoy lista, empiezo a grabar el vídeo. No quiero despertar a Darcy y que se entere de lo que estoy haciendo, pero tengo que arriesgarme. No sé cuánto tiempo me queda y necesito grabarlos todos.

—Buenos días, bichito. Este es un vídeo para cuando te rompan el corazón y necesites a tu hermana mayor.

Empecemos con el abrazo espiritual. No, no pongas los ojos en blanco, tienes que poner de tu parte.

Ahora te abrazo así muy fuerte, muy fuerte, como he hecho siempre.

—Me abrazo a mí misma, pero sin fuerza alguna—.

Vale, primero de todo: hombres, ¿me equivoco?

Supongo que ahora mismo estarás maldiciéndote a ti misma por no haber podido escoger tu orientación sexual y haberte hecho lesbiana voluntaria, pero no todo está perdido.

Mira a Theo. No lo digo porque sea el amor de mi vida, pero es un hombre increíble.

No sabes la de veces que he odiado que no tuviera un hermano pequeño para ti.

Bien, necesito dejar tres cosas claras: el culpable de todo es el idiota que te haya hecho llorar, estoy segura de que tú no has hecho nada malo porque eres perfecta y, sí, desde luego que puedes psicoanalizarlo para darme la razón en todo.

—Me enrollo un poco más de la cuenta, pero termino antes de alcanzar los tres minutos.

En algunos vídeos intento ser más profunda y útil que graciosa, pero en otros quiero… quiero que Darcy me recuerde tal y como soy.

No como una psicóloga, sino como su hermana mayor, la que le besaba las pupas si se caía porque de repente quería ser una skater como Avril Lavigne. La que le decía tonterías hasta que se reía y se olvidaba de qué le dolía.

La idea es que Darcy me tenga guardada en su ordenador para cuando me necesite. Por eso pienso grabar un vídeo para cada situación que se me ocurra. Theo me ha estado grabando por las tardes, aunque eso le obligue a escuchar los suyos antes de tiempo.

Tengo mucha fe en el piloto y en que evite que a mi hermana le vuelvan a romper el corazón, pero nunca se sabe. Al fin y al cabo, él también está ingresado en el hospital. Mi niño.

Recuerdo nuestra charla de días atrás.

«—Hola.

—Hola, Dunkan. Pasa, pasa. Me levantaría, pero ya sabes.

Camina despacio hasta mí con una tímida pero encantadora sonrisa.

¿He dicho ya que me chifla para mi Darcy? Estoy tan entusiasmada que si tuviera fuerza les juntaría las cabezas y los obligaría a besarse ya.

—¿Cómo te encuentras?

—Peor que ayer, pero mejor que mañana. ¿Vas a preguntarme por Darcy?

—¿Tal vez?

—Ha bajado para dar una vuelta a la manzana y fingir delante de mi hija que vuelve a su apartamento para dormir, “como cada noche”. Volverá enseguida. Te lo digo por si quieres quitar esa carita de cordero degollado. A menos que quieras que la llame para que vuelva aquí cuanto antes.

—No —dice, pero juraría que desea todo lo contrario.

Le sonrío con cariño y voy al grano.

—¿Cuál es tu trauma, prota de sport romance?

—¿Prota de sport romance?

—Tienes que empezar a leer más si te gusta mi hermana. Es un requisito obligatorio. Vamos, dime, ¿cuál es tu trauma? Todos tenemos uno. Y no te atrevas a hacerme trabajar más de la cuenta, que estoy muy débil.

—Nunca he ido al psicólogo. ¿Cómo lo hago?

—Suéltalo sin más.

—Mi madre nos abandonó a mi hermano y a mí, supongo que eso me dejó algunas secuelas. La posterior muerte de mi padre, al que quería muchísimo, debió dejarme otras. Supongo que mi mayor miedo es no valer lo suficiente como para que las personas a las que quiero se queden a mi lado.

Ay, hijo… Chasqueo la lengua. Intuía que había mucho de Darcy dentro de este hombretón, pero no esperaba que tanto.

—¿He dejado de ser un buen candidato?

—Al contrario. Mi hermana tiene el mismo miedo.

Nunca ha tenido una etapa de adolescente borde por miedo a que yo la abandonara.

Y cuando me casé, la cosa no cambió. Siempre ha sido la hermana modelo con tal de que no la echara de mi vida, algo que nunca habría hecho.

Podrás imaginarte lo que le está haciendo que yo vaya a convertirme en polvo.

—Sí.

—Anda, siéntate ahí. ¿Puedes…? ¿Puedes sentarte?

—Sin problema. —Se acerca al sillón junto a mi cama y me cuenta cosas sobre Nolan en cuanto le tiro un poco de la lengua.

Dejo de poder hacerme la dura con él».

Me abanico un poco para deshacerme de las lágrimas y con tal de no grabar con un careto de tres pares de narices, me aplico máscara de pestañas.

Que me tiemblen las manos no hace que el resultado quede mejor, ni nada de esto sea más fácil, pero será mejor esto que nada, ¿no?

A malas, podrá escuchar mi voz sin mirar a la pantalla.

Grabo uno para cuando Macy tenga su primera regla, y luego grabo otro para Darcy.

—Hola, hermanita. Si estás viendo este vídeo es porque estás embarazada.

Em-ba-ra-za-da. ¡Madre del amor hermoso!

—exclamo en susurros—. ¿Estás diciéndome que esta cosita va a tener un bebé?

—La enfoco a ella, frita como un tronco—.

Hermana, espero que como mínimo hayas cumplido los treinta, porque tengo muuuuchas expectativas en cuanto a tu carrera y pienso estar cotilleando tus asuntos desde las alturas…

Espero que no tengas trillizos porque sería demasiado trabajo incluso para una superwoman como tú, aunque reconozco que tres mini-tú serían súper adorables.

Pero no te atrevas a ponerle tacones a mis sobrinas antes de que se les forme bien el pie, ¿eh? Prométemelo.

—¿Monique?

Se me cae el móvil en el regazo y lo bloqueo a toda prisa.

—¿Estabas dormida? Anda, y yo aquí hablando sola pensando que alguien me escuchaba.

Tendré que buscar otro rato para seguir.