C a p í t u l o 2 5
  
Darcy
Keira nos aleja un poco del foco de luz en el que se ha convertido mi familia, embelesada con la energía-Scot.
—¿Quién es el de las piernas kilométricas y la mirada chispeante?
—¿No ha prestado atención a la clase, señora Sant Delphi? Se llama Dunkan —susurro.
—Sí, Dunkan Scot, lo reconozco de la tele. ¿Pero por qué te mira como si fueras su fuente de oxígeno?
—No me mira así —digo mientras siento un rugido de emoción explotándome en el estómago.
—Es muy noble por tu parte cuidar de tu hermano —dice Beckham, a quien Dunkan ya se ha metido en el bolsillo.
—Guapo, guapo, guapo —dice Macy, que lo mira boquiabierta.
—Bueno, ahora es él quien no deja de cuidarme a mí —admite con esa cara tan bonita que se le pone cada vez que habla de Nolan.
Pero Nolan me contó lo del álbum. Principalmente porque no le quedó otra, ya que le pillé con él en las manos y fui demasiado cotilla como para no preguntar.
Mi corazón sufre una vibración rara cuando lo recuerdo.
Son tan bonitos.
—Nadie te obligaba a aprender a escribir con la izquierda. Ni a aprenderte todos sus temarios para hacerle buenas preguntas y asegurarte de que fuera bien preparado al examen.
Dunkan me lanza una mirada de «pero qué traidora y bocazas eres» mezclada con un «te callaba de un beso ahora mismo» que me hace atragantarme con el aire que me falta.
Pasa un rato hasta que Keira, Beckham y Dunkan salen de la habitación y cierran la puerta tras de sí. Me aferro al reloj, moviendo la corona y desajustando la hora una y otra vez.
Miro a Theo, él mira a Monique y ella a mí.
Ha llegado el momento.
—Macy, ven aquí un momento, cariño —le pide mi hermana.
—Pero, mami, todavía quiero jugar con los zapatos de Darcy, ¡me encantan! —exclama con las manos metidas en mis tacones, dejándome sin parte de mi armadura.
El suelo me enfría los pies y el corazón desde hace diez minutos.
No puedo con esto.
No puedo ver lo que va a pasar.
No. Puedo.
—Ven, cariño. —Theo la coge del suelo y la sube a la cama de Monique—. Mami quiere decirte algo importante.
Macy se lleva uno de mis tacones a la cama, pero a nadie parece importarle.
—Cielo, quería decirte una cosa, pero antes necesito que sepas cuánto te quiero. ¿Sabes cuánto?
Macy abre mucho los brazos y Monique sacude la cabeza.
—Tendrías que dar la vuelta al mundo mil veces y aun así no sería suficiente.
—¿Cuánto es mil, mami? ¿Más que diez?
—Mucho más que diez.
Macy deja atrás el zapato y trepa por el cuerpo de Monique para estar más cerca de su cara.
—Yo te quiero diez veces más que eso, mami. Así, así, así —extiende mucho los brazos, tanto como puede.
—¿Me das un abrazo, hija?
Casi no ha terminado la pregunta cuando Macy se abraza a su cuello con todo lo que tiene. Theo se gira cuando las primeras lágrimas se le escapan y yo me muerdo tanto el labio que noto la sangre caliente derramándose en mi boca.
Monique se recompone cuando Macy se aparta. Mi hermana coge de las manos a su hija y empieza :
—Tesoro, tengo que decirte algo que me pone muy triste.
—¿Algo malo? —musita.
—Sí, es malo —admite quedándose con toda su atención mientras Theo y yo dejamos de respirar—. A partir de mañana no podremos estar así, ni darnos abrazos, ni besitos.
—¿Porque estás enfadada?
—No, cariño. No tiene que ver contigo. —Monique aparta la primera lágrima que se le escapa—. Es por mi culpa, estoy muy débil y cualquier cosa me hace daño.
—¿Y si te doy abracitos suaves así?
—No, cariño, lo siento.
—¿Y más suave? ¿Y besitos? —empieza a sollozar cuando Monique niega con insistencia.
—Nosotros tampoco entraremos, Macy —miento inexpresiva, derrumbándome por dentro.
Me llevaré a Macy para que Theo esté con mi hermana y yo estaré con Monique cuando no estén ninguno de los dos presentes. Macy no verá que es la única. No tendrá ni idea.
—Cariño, no llores, mamá se pondrá triste —intenta Theo, pero él también está llorando.
—¡No! —grita Macy—. ¡Yo quiero estar con mamá!
—Cariño, lo siento mucho. Siento que tengas que pasar por esto. —La voz de Monique se rompe, igual que ella.
—¡No! —chilla Macy.
—Ven aquí, cielo —Theo la coge, pero Monique lo frena.
—Espera, no te la lleves así, por favor —suplica.
—Mami, perdón… No quiero estar lejos… —solloza Macy y tengo que clavarme el reloj en la pierna para no romper a llorar con ella.
—Te quiero mucho, Macy, ¿de acuerdo? Te quiero más que a nada. Eres mi mayor tesoro.
—¡No es verdad!
Monique lo intenta, pero la cosa no hace más que empeorar.
Macy debe intuir algo. Es muy pequeña, pero parece que sabe que esto es definitivo. Por cómo llora parece que es consciente de que no va a poder abrazar a su madre nunca más.
—Llévatela, Theo. Llévatela de aquí, por favor —suplica Monique.
En cuanto Theo y Macy se dirigen a la puerta, meto la anilla del llavero en mi dedo corazón y me lanzo hacia Monique para abrazarla.
Dejo que llore contra mí y saque todo lo que tiene dentro.
—No estoy lista todavía, Darcy —dice entre sollozos solo para mí—. No puedo irme todavía. Si no… no la soltaría hasta el final. Me moriría con ella subida en mi pecho. Pero todavía…
—Lo sé. Lo sé.
—No puedo.
—Macy lo entenderá cuando crezca. Te prometo que haré que lo entienda.