Mi chicane favorita (North Star 10) C a p í t u l o 2 3
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Dunkan

Susan. Mi madre biológica está en la habitación del hospital preguntando por la orden de alejamiento que entró en vigor hace veinticuatro horas.

—Sí, pero es evidente que no ha sido muy efectivo —digo maldiciéndola a ella y al sistema judicial que cree que un puto papel va a pararle los pies a una mala persona.

Por suerte, solo me hace falta desbloquear el móvil y pulsar el dos en llamada rápida para avisar a John.

Llevo teniendo un guardia de seguridad rondando la entrada del hospital desde que me ingresaron aquí, por si pasaba esto.

Ahora pienso que debería haber dejado a John en la puerta de la puta habitación.

—¡Te he dado la vida, niñato malnacido! —grita y espero el bofetón, pero Darcy se convierte en una barrera entre ambos, sujetándole la muñeca.

—Señora, no se acerque más, por favor —dice educada, pero tajante.

Tiro de Darcy y la siento en la cama conmigo.

Puedo soportar que Susan se ponga violenta conmigo, pero no con ella.

—¡Apártate de mí, zorra! No me robarás mi dinero, niñato. ¡Iré a pedírselo a Nolan! —grita como una desquiciada, trayéndome recuerdos de mi infancia que preferiría quemar.

—El dinero es mío, Susan, no suyo. Nolan no tiene nada —miento—. Además, la orden de alejamiento nos incluye a ambos y si te acercas a él me gastaré toda mi fortuna en asegurarme de que no salgas de la cárcel.

Eso también es mentira. La orden solo me cubre a mí, Nolan tendría que saber que existe para pedir la suya, pero Susan eso no va a saberlo.

John entra en la habitación.

Susan intenta alcanzarme la cara antes de que la toque, poniendo las manos en forma de garra. Tengo sujeta a Darcy para que no se mueva, pero se me escurre y vuelve a interponerse. Mi madre le araña la cara.

Le araña.

La cara.

A Darcy.

Durante un segundo, siento tanta rabia que lo veo todo negro.

—¡John, llévatela! ¡Llama a la policía y encárgate de que la detengan! —bramo furioso sintiendo cómo la cara me arde.

La frente, sobre todo.

La puerta de la habitación se cierra cuando se la lleva, dejándonos solos, pero aún se oyen los gritos de esa mujer. No sé quién es más rápido, si yo tirando de Darcy para que me mire o ella dándose la vuelta.

—¿Esa era tu madre? Dios, Dunkan, ¿desde cuándo te trata así?

—Tienes sangre en la cara. ¿Te duele? —Aprieto los dientes—. Claro que te duele. Te ha hecho un puto arañazo.

—¿De verdad le has puesto una orden de alejamiento y se la ha saltado? —Me coge una mano y pone la otra en mi corazón—. Madre mía, has debido llevarte un gran susto al verla.

—No, qué va. Gritar es su forma de comunicarse. Pero no te deberías haber metido. —La culpa me inunda las venas—. Alguien tiene que desinfectarte ese arañazo.

—El arañazo me da igual, Dunkan, ¿de verdad esa mujer era vuestra madre? ¿Sabe Nolan que le has puesto una orden de alejamiento?

—No. Él cree que nos dejó en paz hace mucho tiempo. No sabe nada.

—¿Cargas con todo esto tú solo? —pregunta con la respiración errática—. ¿Por qué?

—La relación con nuestra madre nunca fue buena.

Estuvo en casa hasta que Nolan cumplió cinco años.

Las discusiones eran algo de cada día. Fumaba y bebía mucho por conflictos que había tenido con su propia madre, que tenía serios problemas mentales, pero yo siempre tuve la sensación de que Susan no nos quería lo suficiente.

¿Cómo podría haber aceptado si no que nuestro padre se quedara el cien por cien de nuestra custodia?

¿Cómo si no le parecía bien limitarse a visitarnos un par de veces al año, solo buscando dinero para tabaco y alcohol?

—Sacudo la cabeza—. En fin, no me gusta hablar de ella.

Siento que lo hayas presenciado. Por favor, ve a que te curen eso.

—No te muevas —dice antes de salir al pasillo y cerrar tras de sí.

—Imagino que eso ha sido algo retórico.

Estoy demasiado cabreado para reírme de mi propio chiste, pero lo que sí que hago es flipar cuando vuelve con un botiquín.

—¿Q-q-qué haces?

—Quédate quieto. —Saca una pomada y el desinfectante, y en cosa de segundos empieza a untarme la frente.

—Darcy, ¿qué…?

—Ni te has dado cuenta, ¿no? Te ha hecho daño a ti también. —Aprieta los labios, como si eso le pusiera furiosa.

No es buena idea que me quede mirándole la boca. Ni los ojos.

Y si lo sabes, ¿por qué sigues haciéndolo, idiota?

—¿Cómo es eso de tener una madre decente, Darcy?

Sonríe con los ojos tristes y brillantes.

—Es como sujetarle la mano a alguien y saber que pase lo que pase vas a estar bien. Es casi mágico, como tener un lugar seguro que te adora. Como si tuvieras una especie de escudo. Como si ella no fuera también de carne y hueso .

—Suena bien.

Imagino que si tuviéramos hijos y yo fuera como mi padre, y tú como tu madre, la cosa nos saldría muy bien. Seríamos un gran equipo.

¿Qué. Cojones. Ha. Sido. Eso?

—Mi madre la habría sacado de aquí a patadas a esa mujer y luego te habría obligado a cenar con nosotras.

—¿La echas de menos?

—A menudo, sí.

—Lo siento. No le digas nada de esto a Nolan, ¿de acuerdo?

—Prometido.

Me quedo embobado mirando sus labios. Recreándome en lo único que me queda del sabor de su lengua: el recuerdo. Puede que nunca más vuelva a tener la suerte de besarla, pero va a ser lo único con lo que sueñe el resto de mi vida.

Darcy pasa la lengua por su labio inferior y me veo obligado a mirar hacia otra parte.

—Listo —musita alejando su mano de mi frente.

Le cojo la pomada sin mirarla y hago lo mismo con su herida que, por desgracia, está cerca de su ojo. Mi otra mano sujeta su mejilla solo para mantenerla en posición.

¿Cómo puede su piel ser tan suave?

—No vuelvas a protegerme con tu cuerpo, ¿entendido? —digo con severidad.

No contesta, así que desvío la mirada del arañazo a sus ojos y veo que tiene la vista clavada en mi boca.

Toda la sangre se me baja hasta la polla. Pero me recuerdo que ella no quiere que la bese para no hacer ninguna tontería que acabe con mi fuente de dopamina.

Fue lo que dijo, ¿verdad? Que no quería. Si va a aferrarse a esa mentira debería dejar de mirarme la boca con tanta necesidad y anhelo.

—Darcy… —gruño tensando un poco más mi agarre, de las ganas que tengo de tirar de ella y hacerla mía.

La suelto. La puerta se abre de golpe y ella da un bote en el sitio.

—¿Qué narices ha ocurrido? ¿Por qué está John en la puerta del hospital y toda la planta revolucionada? —pregunta Nolan alterado.

Cierro el bote de pomada y carraspeo mientras Darcy se levanta lista para huir.

—No ha sido nada… —empieza ella, pero las habitaciones cercanas habrán oído algo, y las enfermeras también.

Si no todo.

La mentira del «nada» sería demasiado fácil de desmantelar.

—Una fan de la F1 ha venido enfadada a gritarme un poco, nada más. No tiene importancia.

—¿Qué? —A Nolan se le descompone el rostro—. ¿Por qué? ¿Quién haría eso?

—Al parecer algunos no están muy contentos con mi reemplazo y me culpan a mí. John se ha encargado de echarla. Todo está bajo control.

Los ojos de Nolan se agrandan.

—¿Y qué os ha pasado en la cara? ¿Ha sido ella? ¡Tenemos que denunciarla!

—Ya está hecho —interviene Darcy—. De verdad, que no tienes de qué preocuparte. ¿Sabes lo que ha dicho antes tu hermano? Que quería ver Avatar.

—Yo no he dicho eso —rebuzno, pero Darcy ya está escurriéndose por el hueco de la puerta y a Nolan se le empieza a poner cara de monstruo azul larguirucho.

Mierda.