Mi chicane favorita (North Star 10) C a p í t u l o 1 5
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Dunkan

Varios días después…

—¿Seguro que no te importa que esté aquí? —pregunta Darcy con un café de Starbucks entre las manos idéntico al que ha dejado en mi mesita de noche.

¿Importar?

Joder.

—Me gusta que lo hagas —admito, quizá demasiado sincero.

—No te creo.

—¿Disculpa?

—Si tanto quisieras verme, vendrías a visitarme tú también y no sales de la habitación ni a tiros.

Me arranca una carcajada sin esfuerzo.

No soy un tío risueño. De verdad que no me reconozco.

—Ya, ya, ahora vas a usar tu espalda como excusa, ¿no? —pone los ojos en blanco de forma exagerada—. Sé que no debes beber cosas de fuera del hospital, pero es que en realidad el café no es para ti. Es para que se lo regales a alguna enfermera que tenga contactos para traerte más droga. Ya sabes.

—Como los cigarrillos en la cárcel, lo pillo.

—Exacto. —Sonríe un poco.

—¿Cómo está tu hermana? —pregunto cargándome esa escueta sonrisa.

Darcy no habla de Monique casi nada. Pero lo ha hecho lo suficiente como para que sepa dos cosas: está muy enferma y no va a curarse.

—Preciosa y agotada de aguantarme todo el día. La he dejado un rato con su hija que, cuando crezca, me odiará por haber acaparado tanto a su madre.

—Así que soy el lugar al que vas cuando crees que sobras en los demás sitios.

—Bingo. ¿Puedo? —hace un gesto hacia los pies de mi cama.

Estoy a punto de saltar de la cama para dejarle espacio. Mi doctora no estaría nada contenta, pero yo sí.

En cuanto asiento, Darcy se sube y cruza las piernas a lo indio.

No voy a hacer ningún comentario sobre sus tacones. Me niego a seguir quedándome empanado mirando sus complicados detalles, que luego pasa lo que pasa.

—¿Y bien? ¿Qué te han parecido los libros? —pregunta jugando con la pajita de un café que no se bebe.

—Hace poquísimos días que me los prestaste. ¿De verdad crees que he tenido tiempo de leérmelos todos?

—¿No?

—Por supuesto que sí —respondo, ella sonríe de verdad y… madre mía, es que quita el hipo.

—¿Y bien? ¿Qué te han parecido?

—Alucinantes.

—¿De verdad te ha gustado la historia? ¿Cuál es tu personaje favorito? Espera, no me lo digas, ¿Tairn?

—Me caen bien, pero me gusta más ella. Es jodidamente fuerte para ser tan debilucha.

—¡¿Verdad?! —se le iluminan los ojos y juro que me da años de vida.

Veinte minutos después de que empiece a enumerar por qué el romantasy es, sin duda, uno de los mejores géneros literarios, se corta y acaba con mi diversión.

—Perdona.

—¿Qué?

—Soy bastante charlatana.

Y ciega. Es evidente que no ve que mejora cualquier lugar al que va, aunque lo haga enfurruñada.

—Ya.

—Podrías haber dicho que no —estrecha la mirada en mi dirección.

—¿Quieres que mienta?

—Eres un encanto de hombre, Dunkan, qué pena que solo sea mientras duermes. —Desdobla las piernas y se baja de la cama.

Se marcha, así que preparo mi cara de tío-al-que-todo-le-resbala que llevo perfeccionando toda mi vida, para que no vea mi decepción.

—Me gusta escucharte.

Soy un bocazas.

—¿Tan aburrido estás que te gusta que te hable durante media hora de dragones?

Me gustaría incluso que lo hiciera aunque estuviera dentro de mi monoplaza tomando una curva.

Sería peligroso y probablemente acabaría muerto, pero aun así la escucharía.

Pero no le digo nada de eso, solo le aguanto la mirada porque estoy cansado de mentirle.

—Bueno, igualmente tienes un gusto pésimo porque te gusta más Tairn que Andarna, y todo el mundo sabe que esa es la elección equivocada… —susurra.

—Darcy, no tienes por qué sentirte culpable, ¿sabes?

—¿Qué? —estrecha la mirada y sé que es un error, pero no me freno.

—Por pasártelo bien conmigo, reírte y ser algo más que «la hermana pequeña de Monique» durante un rato.

—N-no sé de qué hablas.

—Claro que lo sabes.

—Dunkan…

—Tu hermana está enferma, tú estás pasándolo como el culo y cada vez que consigues olvidarte durante cinco minutos seguidos, te acuerdas de ella y se te oscurece la mirada por la culpa. No tienes que sentirte como una mierda por vivir un poco .

—Deja de hablar —se acerca.

—Te compras cafés que no te bebes fingiendo que no tienes un nudo en el estómago.

Te pones ropa a la que no prestas atención para fingir que eres quien fuiste antes de todo esto.

Estoy seguro de que llevas reprimiendo tus emociones desde hace mucho y que fui el primero con el que lloraste de verdad.

Es evidente que lo haces todo por ella, pero también puedes hacer algo por ti.

—He dicho que dejes de hablar. —Apoya una mano en la pared y se inclina hasta que lo único que veo son sus ojos y sus largas, larguísimas, pestañas—. No me conoces.

—¿No? Pues yo diría que sí.

—Ya vuelves a ser insoportable. Tendrán que operarte otra vez para quitarte tu mala leche.

—Tú también puedes quitármela. —La cojo de la mejilla, la atraigo hacia mí y acabando con la escasa distancia que nos separa, la beso.

En cuanto alcanzo sus labios un quemazón intenso arde por mi piel y la imperiosa necesidad de más me anega las putas venas. Darcy separa los labios dándome acceso a su boca y gruño del gusto que me da probarla.

Entonces se separa de mí y me mira con la expresión más aterrorizada que he visto nunca.