Mi chicane favorita (North Star 10) C a p í t u l o 1 4
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Dunkan

La echo de menos. Sé que no debería. Sé que no es propio de mí. No soy un tío que haya encontrado el más mínimo atractivo a tener novia y hacer cosas aburridas como pasear o ir al cine.

Pero si pienso en pasear o ir al cine con Darcy me pasa algo raro en el cuerpo. Creo que es ilusión, sí. Estoy bastante seguro de que es eso.

Aparte de una evidente excitación porque: joder. Es la chica más preciosa que he visto en mi puta vida. Pero eso solo es la guinda del pastel. Darcy es increíble porque es Darcy.

Mi móvil vibra sacándome de mi cabeza y respondo al no reconocer el número, por si acaso es alguien del equipo que me llama para decir, no sé, que han pausado todas las carreras del año hasta que yo vuelva. Reconozcámoslo, sería todo un detallazo.

—¿Hola?

—¿Cuánto crees que vas a poder esconderte de mí, hijo?

—Hijo es una palabra que te viene muy grande, Susan. ¿Qué quieres?

—Ya sabes lo que quiero. Si tú no quieres que vaya a ese hospital y se lo pida a tu hermanito, el protegido del gran Dunkan, hazme la transferencia hoy mismo. ¡YA! —Cuelga.

Mi madre sabe que estoy en el hospital, ergo sabe lo de mi accidente, ¿y pregunta algo al respecto? No. Esa mujer sería capaz de romperme la espalda ella misma si con esas se llevara toda mi fortuna. Haré lo que sea con tal de mantenerla alejada de Nolan.

Exhalo, agobiado por todo el tema.

Papá, no sabes lo mucho que te echo de menos.

—No le des ni un solo dólar, hijo —dice sentado en la butaca, con su chaqueta puesta y el logo de mi escudería brillando en su gorra.

—Nolan me importa más que mi dinero.

—Eso me parece muy bien. Pero usa ese dinero para alejarla legalmente de vosotros.

—¿Qué?

—Piénsalo, tienes de sobra. Paga al mejor abogado de la ciudad y apártala de por vida.

Cierro los ojos y me froto la cara con rabia.

Es patético, lo sé, pero una parte de mí siempre ha esperado que mi madre cambiara. Que de un día para otro se diera cuenta de lo mezquina y cruel que ha sido con sus hijos y que se arrepintiera de abandonarnos.

—Eso que piensas, Dunkan… No va a pasar. Ella no es así.

—Ya lo sé, papá —susurro y cuando abro los ojos, la butaca vuelve a estar vacía.

Desbloqueo el teléfono y busco en internet el mejor bufete de la ciudad.



—¿Qué tal el examen? —le pregunto a Nolan cuando cruza la puerta de mi habitación.

—¿En serio? ¿Ni siquiera un hola? ¿Soy algo más para ti que un cerebro?

—¿Es una pregunta retórica?

—Ha ido bien, gilipollas.

No puedo evitar sentir el orgullo derramándose en mi nuca. ¿Ves, papá? Hay algo que sí estoy haciendo bien.

—Me alegro. ¿Qué llevas ahí? Y, ¿a qué huele? —pregunto mirando su brazo bueno.

—A comida china. También traigo una sudadera y la tablet.

—¿Comida china? ¿Quieres que Trudy te mate? Sabes que no puedes traer comida aquí .

—Solo me matará si lo sabe y he cerrado la puerta —dice mirando a su espalda.

—Es una suerte que Trudy sea manca y no tenga forma de abrirla.

—Eh, vamos, sé que la comida del hospital te trae por el camino de la amargura y quería que vieras Terminator como un rey.

—Un rey chino, por lo visto —murmuro.

—¿Quieres que me la lleve?

—No, quiero que te sientes, me la des y pongas la peli.

Nolan obedece, arrastra el sillón hasta mi lado y pone los pies sobre mi cama. Saca el trípode de mi mesita de noche en el que siempre pone la tablet y empezamos a cenar.

Sé que las normas del hospital están para algo, así que, de corazón, espero no morir por esto.