Mi chicane favorita (North Star 10) C a p í t u l o 1 0
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Darcy

Muerto. Está muerto. Dunkan está muerto.

Siento como si alguien me apuñalara con un una navaja y me abriera un corte en el pecho. Ni siquiera lo conocías, Darcy. Era un tío irritante. Un tío irritante que te salvó la vida. Nada más.

Joder, ¿voy a llorar en serio?

—¿Qué cojones? —escupe alguien a mi lado.

Un chico alto y rubio que no he visto nunca. O puede que haya visto miles de veces, lo cierto es que lejos de mi hermana o el personal médico que la trata, el resto del mundo es invisible para mí .

—¿Le conocías? —pregunto, pero no me oye.

Parece en shock.

No, parece a punto de vomitar.

Entonces caigo en el evidente parecido físico: mismas cejas tupidas, misma mandíbula marcada, misma devoción epitelial por las pecas…

—Tú eres el hermano de Dunkan —susurro.

Él no solo no me escucha, sino que deja de estar a mi lado. Entra en la habitación como si esperara, no lo sé, que Dunkan apareciera mágicamente cayendo del techo o algo.

—Dios mío, dios mío —no para de repetir mientras deambula.

El nudo en mi garganta se vuelve de puro fuego.

Esto es lo que me va a pasar a mí. Esta angustia. Esta desesperación.

—Oye, lo siento mucho —digo como una idiota.

—¿Que lo sientes? —me pregunta ultrajado, con los ojos llenos de lágrimas.

No parece un tío violento, lleva una bonita camiseta de Avatar, pero ahora mismo juraría que tiene ganas de matarme.

—Llegas pronto, Nolan. —Trudy atraviesa la puerta y llega hasta nosotros con demasiada alegría, dadas las terribles circunstancias.

Empieza a perfumar la habitación con un spray, imagino que para que cuando venga otro paciente huela a limpio. Dios, qué poco tacto.

—¿Qué ha…? ¿Cómo…? ¿Dónde está mi hermano? —escupe Nolan .

—Arriba, cariño.

¿En el cielo? Menuda manera espiritual de decirlo.

—Hemos aprovechado su ausencia para cambiarle las sábanas —se ríe por lo bajo—. No había manera de que nos dejara hacerlo, todo el rato decía que el personal médico no está para eso. Tonto.

—¿Su ausencia? —pregunto, ya que Nolan parece haberse olvidado de cómo se habla.

—La operación. Ha sido todo un éxito, dentro de lo que esperábamos, claro. En un ratito lo tenéis aquí. Los efectos de la anestesia tardarán un par de horas en desaparecer, pero no hay por qué preocuparse… —Trudy desvía la mirada de uno a otro—. Nolan, cariño, ¿por qué estás tan blanco?

—Hijo de puta. —Nolan aprieta los dientes, sacude la cabeza y sale de la habitación hecho un basilisco.

—Me parece que no sabía nada de la operación —le digo a Trudy.

—Sí, Dunkan se lo dijo. ¿Quizá no le dijo que era esta mañana temprano?

Me encojo de hombros y voy tras él. Veo a Nolan a lo lejos, va directo hacia el final del pasillo. Troto hasta la azotea.

Qué ironía, si su hermano no me hubiera salvado ahora yo no podría salvar al de Dunkan.

Empujo las puertas con fuerza y encuentro a Nolan caminando de un lado a otro dando zancadas rápidas. Mientras no se suba a la cornisa.

—Oye, sé que te has llevado un susto, pero no hay de qué preocuparse —estrecho los ojos por culpa del sol—. Ya has oído a Trudy, la operación de Dunkan ha ido bien.

—¿Y tú quién eres? —Me mira de arriba abajo—. ¿Un dibujo animado?

Más bien soy la tía que está viva porque tu hermano apareció en el momento adecuado. Mi antigua yo se lo soltaría así, sin más, pero por algún motivo no puedo. Como si necesitara guardar ese secreto entre Dunkan y yo.

—No soy nadie, pero puedes llamarme Darcy.

Sacude la cabeza como si le importara medio pimiento podrido cómo me llamo y empieza a deambular por la azotea. Hunde los dedos en su pelo rubio y gruñe de rabia.

—¡Qué hijo de puta!

—No os lleváis muy bien, ¿eh?

—Es toda la familia que tengo. Es mi puto mejor amigo. La persona viva que más quiero. Cabrón, ¿cómo ha podido hacerme esto?

—¿El qué?

—¡Anteponer mis estudios a él! No me lo ha dicho porque tenía examen esta mañana temprano. —Se le vuelven a llenar los ojos de lágrimas y me lo contagia.

—Qué putada.

—El imbécil no solo se cuela en mi campus virtual y espía mis horarios, se… se empeña en estudiar mis deberes y… ¡y en hacerlo todo por mí cuando apenas puede levantarse de la cama! Es… ¡Joder! ¡Es un puto imbécil de mierda! —De repente, Nolan lanza el puño con fuerza hacia la pared de ladrillo.

Y se rompe la mano.