Mi chicane favorita (North Star 10) C a p í t u l o 8
15%

C a p í t u l o 8

  

Darcy

¿Ligar yo con él? ¡Pero de qué va!

Estoy tan irritada que voy hasta la azotea a que me dé un poco el aire. Ni siquiera lo pienso, pero cuando veo la cornisa siento que mi cuerpo se queda sin sangre.

Me pego al muro, lo más alejada de allí que puedo.

—He salido aquí miles de veces. Ayer no era yo. Respira, Darcy, respira.

Mi móvil vibra con una videollamada. Es Lina. Mi otra mejor amiga. Últimamente no he podido hablar mucho con ella, pero ahora no estoy dentro del hospital. Podría fingir que estoy en North Star.

—Darcyyyyyy.

—¿Cómo está mi piloto favorita? ¿ Qué tal van esos neumáticos?

La oigo reírse.

—Gastados, como tiene que ser. ¿Qué tal tú? ¿Ya estás graduada?

—Todavía no. Me falta un último y aburridísimo empujón.

—Dentro de poco vuelvo a North Star durante un par de días. A ver si puedo verte de una vez.

Keira ha estado encargándose de mantenerla alejada de mí, cubriéndome.

Lina es piloto de Fórmula 1, una increíble, y no lo digo yo, ¡lo dicen los rankings!

Eso significa que viaja un montón y que, como cada fin de semana corre en algún circuito, a mitad de semana suele coger un avión en dirección al país pertinente.

Eso la deja pocos días aquí, en Indiana.

Por eso, hasta la fecha, he podido ocultarle todo lo que le está pasando a Monique.

Lina no puede saber que mi hermana está enferma y se va a morir.

No, porque es tan buena amiga que mi dolor se convertirá en el suyo.

No, porque de saberlo Lina estará con la cabeza llena de ruido y eso en su profesión, a más de trescientos kilómetros por hora, puede empujarla a cometer un error fatal que acabe con su vida.

Así que…

Por. Encima. De. Mi. Cadáver.

—¿Tienes ganas de verme?

—Muchas. ¿Tú a mí no? —hace pucheros .

—Horrores, pero llevo con dolor de tripa dos noches. Espero que se me quite antes de que vengas o que al menos no sea contagioso — me da en la nariz que mi falsa indigestión será súuuuper contagiosa.

—Por mí como si me pasas la lepra, Darcy, me da igual.

—Qué bonito.

—Hablo en serio, quiero verte. Necesito mi dosis de Darcy en vena pero ya.

—¿Por qué? ¿Ha pasado algo? ¿Es tu pierna?

Lina vive con dolor constante por culpa de un accidente que tuvo en una carrera. La F1 debe ser una droga muy adictiva porque ni con esas quiso dejarlo. Es cierto que su estado ha mejorado mucho estos últimos años, pero no está libre de esa maldición.

—¿Es que tiene que pasar algo para que me muera por ver a una de mis dos mejores amigas?

—Supongo que no —digo sintiéndome mal por llevar semanas sin ver sus carreras.

Antes solía verlas todas. Pero cada vez que intento buscar el directo me tiemblan las manos solo de pensar que puedo perderla a ella también.

—Pero hablemos del ahora. ¿Cómo han ido esos entrenamientos?

—¡Brutales! Darcy, en serio, las mejoras del coche me están dejando alucinada. Tengo a un equipo impresionante y no voy a fallarles. Pienso acaparar el podio siempre que pueda.

—No esperaba menos de ti.

Le sonsaco más información técnica a mi amiga, porque se corta mucho para no ser una pesada. No lo es, a mí me encanta todo lo que quiera contarme, aunque a veces no la entienda.

Ojo, es cierto que a estas alturas me considero toda una experta de la F1, pero es que a veces Lina habla como una ingeniera y yo me quedo mínimo común múltiplo.

—Espera, ¿quién dices que estuvo a punto de sacarte de pista?

—Liam Scaddi, un novato. Es su primer año y me caería bien sino fuera porque es un gilipollas rematado.

—No me suena nada ese nombre. ¿Scaddi? ¿Es italiano?

—Sí. Está sustituyendo a Dunkan Scot. La escudería tenía varios remplazos preparados y escogieron a Liam mientras él se recupera. Si es que lo hace. Ojalá que sí, me caía muy bien y era un piloto legal, no de los que hacen guarradas en la pista como el desesperado de Liam…

Dejo de oír a mi amiga mientras habla por los codos porque me quedo en trance. Los engranajes de mi cabeza se mueven a toda velocidad como si les acabara de echar aceite de la mejor calidad. De repente, recuerdo dónde había visto esos ojos verdes.

En. La. Puta. Televisión.

Dunkan. Es él. El piloto del que habla Lina.

—Lina, tengo que dejarte.

—¿Por qué? ¿Tan pronto? ¿Te he aburrido? ¿Y qué haces en la calle a estas horas? ¿Comprar libros?

—Exactamente eso es lo que hago, qué bien me conoces. Y no, no me has aburrido, tú nunca me aburres. Métetelo en la cabeza o tendré que tatuártelo en la frente. Hablamos pronto, ¿vale? Te quiero mucho.

—Y yo a ti, pelandrusca escurridiza.

Cuelga y mis dedos vuelan por el buscador. Aquí, sentada en el suelo de la azotea, veo al chico que me salvó en el peor día de mi vida (de momento).

Dunkan Scot.

Veinticuatro años.

Piloto de Fórmula 1 desde hace dos.

Empezó a competir a los catorce…

Mis ojos vuelan por la pantalla. Hay miles de fotos que corroboran que, sin duda, el tío que me ha puesto de los nervios es este de aquí.

El vídeo del accidente está entre los destacados.

—No quiero verlo —digo en voz alta, como si eso pudiera frenar mis dedos.

Alerta spoiler: no lo consigo.

Los monoplaza de Fórmula 1 son mucho más seguros ahora que hace años. Los pilotos ya no salen despedidos en los accidentes, así que no entiendo por qué Dunkan sí. Por qué su cuerpo impacta contra el asfalto con semejante fuerza bruta.

Bloqueo la pantalla del móvil cuando la ayuda corre hacia él, pero es tarde. La imagen del impacto ya se ha grabado en mis retinas.

Se quedó ahí.

Inconsciente. Inmóvil. Con pinta de estar muerto .

Cuando vuelvo con Monique y paso por delante de su habitación, la puerta de Dunkan está cerrada.

Hago una mueca y sigo hasta mi destino. Me encuentro con que mi hermana está en videollamada con Macy y Theo, que han estado aquí buena parte de la tarde, pero han tenido que volver a casa antes de la cena.

Me esfuerzo en disimular, pero en cuanto cuelga y nos quedamos a solas, mi hermana me lanza una larga mirada.

—¿A qué viene esa cara, Miss Darcy? ¿Quién ha escupido en tu agua? ¿Bingley?

—No, nadie —hago una mueca—. Es que he descubierto algo sobre un amigo.

—¿Un amigo? ¿Qué amigo?

Mierda.

—No lo conoces. Es un conocido.

—¿Un conocido que no conozco?

—Sí, no tiene importancia. El caso es que he descubierto que está herido.

—Suele pasar con la gente que habita un hospital.

—No he dicho que esté en este hospital —estrecho la mirada.

—Soy tu hermana mayor, Darcy. No hace falta que digas muchas cosas para que yo las sepa. —Me hace cosquillas en el estómago y me alejo de ella—. ¿Qué más has descubierto?

—Me he enterado de cómo salió herido.

—Menuda marujilla estás hecha —dice lanzándome una mirada interesada—. Desembucha.

—¿Yo soy una marujilla por husmear en la vida de los demás, pero tú no lo eres por preguntármelo todo?

—Lo vas pillando.

Resoplo.

—Es piloto de Fórmula 1.

—¿Como Lina?

—Sí, como Lina. Pero a él no le va tan bien —hago una mueca—. De hecho, ni siquiera está claro que pueda volver. Por el momento, ya hay otro piloto corriendo en su lugar.

—¿Puedo ver lo que te tiene así?

Le paso el teléfono, pero le quito el volumen y aparto la mirada. No quiero oír, ni ver eso nunca más.

—Dios santo, pobrecillo. ¿Y puede caminar si quiera?

—Sí, caminar puede. —De lo contrario, yo no estaría viva.