C a p í t u l o 6
  
Darcy
Me despierto a las seis y media con dolor de cuello. Voy al baño y me maquillo. Luego me hago una coleta alta.
—Necesitas una ducha, so puerca —le digo a mi reflejo—. ¿No es irónico que se llame clean look cuando es lo menos clean del mundo porque llevas tres días sin lavarte el puto pelo?
Mi reflejo tiene toda la razón, pero es que no estoy cómoda alejándome de este hospital durante más de diez minutos.
Saco de mi mochila una camiseta y una falda, y los tacones que me puse antes de ayer.
Son unos con plataforma que tienen candados con forma de corazón.
Son preciosos. También tienen un corazón negro justo en la parte de delante, y otro lila y rosa formando el tacón y… bueno, que tienen muchos corazones.

Solía animarme mucho vestir así.
Solía ser mi forma de expresarme .
Ahora solo puedo pensar en lo estúpido, superficial y vacío que me parece. Pero mi hermana se preocuparía si me viera en chándal y Macy se pondría triste si dejara de parecerme a una de sus Monster High.
—Sirve de algo. Así que ni lo pienses.
Salgo de la habitación de Monique a las siete y cuarto. Diez minutos después ya estoy de vuelta en el hospital, saliendo del ascensor y buscando la salita de descanso más cercana.
—Eva, Lidia, Marcos —les ofrezco los cafés a los enfermeros del turno de noche.
—Eres un ángel.
—Te quiero.
—Yo a ti te rezo.
Asiento a modo de despedida y camino hasta la zona de taquillas, que la mayoría usa de vestuarios para cambiarse a la ropa del hospital.
—Alice, te he traído las tiritas contra ampollas que necesitabas. Según pone en el paquete, en veinticuatro horas ya no las tendrás.
—Mi salvadora —sus ojos se vuelven corazones y consigo sonreír con ganas, aunque me cuesta horrores.
Antes era tan fácil. Lo único que siempre se me ha dado bien es ser un puto bufón. Animar a la gente. Mejorar la vida de quienes me rodean con la esperanza de ser útil y que así me quieran.
Solía dárseme bien. ¡Solía salirme natural!
Pero ahora siento grapas anclando la sonrisa en mis mejillas. No quiero sonreír. No quiero estar aquí. No quiero vivir esto. Pero no me queda otra. Mi vida es un túnel, no una bifurcación. Aquí la única opción es seguir adelante.
—Qué madrugadora —dice el doctor Simons.
—Siempre. ¿Puedes darle esto a tu paciente? ¿A Martha? —le ofrezco un llavero con forma de estrella idéntico al que llevaba colgando en mi falda hace dos días.
Bueno, vale, en realidad, es el de mi falda.
Le encantó y tiene leucemia. Lo que Martha quiere Martha consigue.
Entro en la habitación de Monique con mi café y compruebo que sigue durmiendo. Lo dejo en la mesita de noche porque no tengo ganas de bebérmelo.
Decido hacer algo útil para variar y me obligo a entrar en el campus virtual de la UINS. Me queda nada para graduarme del máster y conseguir la titulación por la que tanto he trabajado.
¿Ahora mismo me importa? No. ¿Tiene pinta de que volverá a importarme algún día del resto de mi vida? No.
Pero quedarme sin hacer nada es peor que hacer algo que me aburre, así que trabajo.
Trabajo pensando en esos ojos verdes que me salvaron la vida, pero trabajo.

La vibración de mi móvil me saca de mis apuntes horas después.
Key Key Key
Keira Sant Delphi
He conseguido que
te aplacen la fecha de entrega
de tus dos trabajos unos días más.
No me creyó cuando le dije que ya había entregado lo que debía. Supongo que una buena amiga es capaz de ver a través de tus mentiras.
Y luego están las mejores amigas, que van un paso más allá con tal de ayudarte. La quiero tanto.
Key Key Key
Darcy
No te merezco.
Keira Sant Delphi
Por supuesto que sí.
Darcy
Gracias.

—¿Quién está haciendo llorar a mi hermanita? —pregunta mi voz favorita .
Me guardo el móvil al ver que Monique está despierta, dedicándome una sonrisa radiante. Mi corazón golpea contento abandonando mi silla.
—Keira.
—¿Qué favor te ha hecho ahora? —Se incorpora y da golpecitos en su cama para que me siente a su lado.
—Me ha salvado el culo —digo acomodándome junto a ella—. En el diploma del máster tendrán que poner su nombre delante del mío.
—Me encanta Keira.
—No es para menos.
—¿Cómo le va con su maridito el profesor?
—¿No la viste ayer? Está en su infinita luna de miel. Dan mucho asco.
—Quiero uno así para ti —dice apoyando su cabeza contra la mía y se pone a jugar con mis pulseras.
Solo ahora me alegro de llevarlas. También están llenas de corazones.
—¿De qué estás hablando? Soy la personificación de lo que supone ser una mujer independiente. Nací para ser la tía guay de Macy.
Espero que se ría, pero no lo hace. Alzo la vista y veo que sus ojos se han vuelto tristes.
—Me iría mucho más tranquila sabiendo que tienes a alguien como Alek Sant Delphi que va a cuidar de ti.
—Sabes que no soporto a los profesores —musito sintiendo cómo mi sonrisa flaquea.
Monique me acaricia la mejilla con cariño.
—Darcy, me gustaría que te preocuparas por ti tanto como te preocupas por los demás.
—Lo hago, ¿no me ves? Siempre has dicho que mi ropa y mis accesorios son mi forma de mimarme.
Monique no dice nada y es como si lo supiera. Como si supiera que esto ya no significa nada para mí, que ya no es divertido y que solo lo hago por ellas.
—Monique, yo…
—Sé que te estás esforzando mucho y yo también lo voy a hacer. No quiero ser dramática cuando no hay nada que pueda evitar lo que va a pasarme.
—¿Pero? —Me tiembla el labio.
La siguiente caricia de mi hermana sirve para llevarse una lágrima traicionera.
—Pero me encantaría ver quién va a robarte el corazón. Me encantaría ver con quién te vas a casar, si tendrás hijos o no. Me entristece mucho pensar que me lo voy a perder.
—No te perderás nada. Mi vida va a ser lo que es hasta que me arrugue. En serio, no me casaré. Ni tampoco tendré hijos. Soy demasiado cabra loca para eso, ya me conoces.
—Darcy, quiero que seas feliz —chasquea la lengua y traga saliva con dificultad—. Eres mi mayor tesoro.
—No, Macy es tu mayor tesoro.
—Las dos lo sois. Tú llegaste mucho antes. No has sido solo mi hermana pequeña y mi amiga.
Me tiembla más el labio. Para mí ella tampoco lo ha sido. Monique me hizo de padre y de madre, de hermana y hasta de abuela. Lo ha sido todo para mí. Y ahora su ausencia va a dejarme sin nada.
Dos enfermeros entran a ver cómo está y el momento se rompe. Aprovecho la oportunidad para ir al baño y aplicarme un poco más de máscara de pestañas.