Mi chicane favorita (North Star 10) C a p í t u l o 4
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C a p í t u l o 4

  

Darcy

Me topo de cara con Keira Sant Delphi al poco de llegar al pasillo. De hecho, casi me choco con ella. Tiene la coleta medio deshecha, con algunos mechones blancos escapándose de su prisión.

Aun así está preciosa. Mi corredora favorita.

—He leído tu mensaje. He venido en cuanto he podido —dice, y con la tez un poco amarillenta y verdosa, mi amiga parece tener ganas de potar.

No la culpo. Era un mensaje terrible. Se lo escribí cuando sabía que estaría entrenando y no podría leerlo enseguida .

Key Key Key

Darcy

Monique no se va a recuperar.

Cómo va tu entreno??

Me ha llamado un segundo después, lo cual demuestra que mi amiga duerme, entrena, respira y se ducha con un ojo abierto por mi culpa, pero no se lo he cogido.

Desde que Theo me llamó aquel día para decirme que ingresaban a Monique soy un pelín reacia a hablar por teléfono. Llámalo trauma, llámalo Gen Z.

Key Key Key

Darcy

Perdona, ahora no puedo cogértelo.

Le he escrito lo que nos han dicho los médicos y…

Darcy

No hay esperanza, Key.

Dentro de poco la cama de Monique

estará vacía y mi hermana

estará muerta.

No recuerdo exactamente el mensaje, pero era algo así. Aunque escrito con más tacto. Espero.

Solo se lo he escrito a ella, ya que mi otra mejor amiga, Lina, no puede saberlo. No puede enterarse de nada de esto bajo ninguna circunstancia.

Keira tira de mí hacia una salita de descanso ignorando el letrero de «solo para personal médico», pero no digo nada porque la encontramos vacía.

—¿De verdad no se puede hacer nada?

—De verdad.

—Tiene que haber algo, Darcy. Lo que sea.

—No lo hay.

—Pero Alek es un experto en el órgano más importante del cuerpo y… y podemos pedirle a Isabella que venga también y…

—No lo hay, Keira —insisto, apretando los labios sin un ápice de emoción, logrando mantenerme entera.

Los enormes ojos azules de mi amiga se inundan de lágrimas a medida que el silencio se extiende por las paredes como si fuera sangre. Monique era su terapeuta. Desde que ingresó en el hospital ya no lo es, claro, pero lo fue durante mucho tiempo.

Años atrás, antes de que ganara su primera medalla olímpica, Keira estaba muy jodida por culpa de su familia de mierda. Y llamándolos «familia de mierda» me quedo muuuuy corta.

Mi hermana la ayudó bastante, y se aprecian mucho. Así que cuando me abraza y se le saltan las lágrimas, le devuelvo el gesto con mimo porque además de que lo siento, la quiero horrores. Desearía poder evitarle esta tristeza, pero no puedo.

Keira no tiene dos años, a ella no puedo distraerla con mis tonterías, ni con mis outfits extremados.

—¿Y tú…? ¿Cómo estás? —pregunta separándose de mí para mirarme a los ojos, para estudiarme—. Tienes los ojos rojos y vas muy maquillada. Sabes que conmigo no hace falta…

La suelto y retrocedo.

—Monique tiene que verme entera. Me necesita. Y Macy también. Todos, en realidad. Las lágrimas pueden esperar.

El rostro dulce de mi amiga se contrae de las ganas que tiene de decirme que esto le parece una idea terrible y que si guardo toda la mierda en un cajón al final me estallará en la cara. Cuadra los hombros y dice:

—Vale.

—Bien.

—Ignoraré todo lo que Monique me enseñó sobre no reprimir emociones.

—Gracias.

—Hoy tenías que entregar un trabajo, ¿verdad? ¿Lo…? ¿Lo has hecho?

—Sí —miento.

El máster, mi carrera, la psicología y toda la universidad de North Star me importa menos que una mierda.

—Bien. Bien. ¿Y…? ¿Y esa chaqueta? ¿Qué es? ¿D-de dónde sale? —tartamudea nerviosa.

Bajo la mirada.

Tardo varios segundos en recordar quién me la ha dado. Su rostro está borroso en mi cabeza, pero sus ojos no. Ese verde es imposible de olvidar. Sé que ya había visto esos ojos antes, pero no recuerdo dónde.

—Keira.

—Dime.

—¿Me acompañarías a comprar unas bolsas de caramelos?



Cuando Theo y Macy se marchan, yo me quedo con mi hermana.

«—¿Por qué no vienes a casa conmigo? Dante y Kobra te echan de menos, hace días que no te ven». La voz de mi amiga se repite en mi cabeza. Sus preciosos dóberman siempre son una buena tentación para hacerle una visita, pero no puedo. Soy incapaz.

¿Técnicamente quedarme aquí va contra las normas? Sí. Sí, en letras de neon que parpadean. ¿Pero el personal médico está harto de ver cómo me las ingenio para no salir de esta habitación y las enfermeras ya ni siquiera se molestan en buscar dónde me he escondido esta vez? ¡Bingo!

Para que luego digan que saltarse las normas no te lleva a ninguna parte. Voy a ser un muy mal ejemplo para Macy .

Sé que no tengo derecho a quedarme con Monique más allá de las horas de visita, mucho menos toda la noche, cuando hay un montón de familiares de pacientes que no tienen esa suerte. Y sé que, si alguien debería disfrutar de este lujo, esa es Macy.

Pero es superior a mí. No puedo separarme de mi hermana. Y no lo voy a hacer.

Arrastro la silla hasta su cama y la miro mientras duerme. Es tan preciosa. Siempre ha sido un millón de veces más guapa que yo. A ella no le hacen falta vestidos monos ni complementos estrambóticos. Monique al natural ya lo tiene todo.

Le cojo la mano y la llevo a mi mejilla. Y después de llorar las lágrimas que me quedan, me quedo dormida.