Capítulo 13
Daniela se vistió con el mismo cuidado del primer día en Santaolalla Group: el traje gris, los zapatos que funcionaban, el pelo recogido. La armadura correcta para el tipo de reunión en que la primera impresión era información y la segunda era intención.
Pasó la mañana en Vértice. Trabajó. Habló con Isabel sobre dos clientes. No mencionó el café de las cuatro porque Isabel ya lo sabía, se lo había contado el martes, y lo único que Isabel había dicho era llámame cuando salgas con el mismo tono que Diego.
Dos personas diciéndole lo mismo.
Daniela lo guardó como dato sobre el tipo de personas que tenía a su lado.
A las tres y cuarenta y cinco cogió el abrigo.
El Villa Magna a las cuatro de la tarde era exactamente lo que era: silencioso, caro, con la iluminación de los sitios que no necesitan justificarse.
El tipo de espacio donde las conversaciones importantes se tienen en voz baja no porque haya que ocultarlas sino porque el volumen correcto es parte del lenguaje.
Claudia Vega estaba en una mesa del fondo.
La foto de LinkedIn no hacía el trabajo completo, como las fotografías nunca lo hacían: no capturaba la forma en que ocupaba el espacio ni la calidad de su atención cuando Daniela cruzó el lobby y sus miradas se encontraron desde la distancia.
Cincuenta y dos años, bien llevados. Pelo oscuro con algo de gris que no intentaba ocultar. La ropa de alguien que ha aprendido que la calidad no necesita ser obvia. Los ojos de alguien que lleva décadas leyendo salas y personas y situaciones.
Se levantó cuando Daniela llegó a la mesa.
—Daniela. —Le tendió la mano.— Gracias por venir.
—Claudia.
Se sentaron.
El camarero llegó. Claudia pidió té. Daniela pidió agua, que era su forma de decir no estoy aquí para que esto parezca una reunión amistosa.
Claudia lo notó. La comisura de su boca, algo que no era exactamente una sonrisa.
—Directa —dijo.
—Eficiente —dijo Daniela.
—Lo mismo. —Claudia dejó los codos sobre la mesa.— Bien. Voy al punto.
—Por favor.
—Sé que Rodrigo Peña mandó un análisis a los consejeros independientes de Santaolalla Group el viernes. Con el nombre de Vértice Comunicación. Con tu firma. —Pausa.— Y sé qué contiene.
—¿Lo leíste?
—Uno de los consejeros me lo hizo llegar. —Sin esfuerzo, como dato.— Es un buen análisis. Sólido. Las conexiones están bien documentadas.
—Gracias.
Claudia la miró.
—No es un cumplido. Es una observación. —Pausa.— El análisis es bueno pero está incompleto.
Daniela no respondió.
Claudia esperó.
—¿Qué falta? —dijo Daniela al final.
—Las posiciones cortas. —Claudia la miró directamente.— Sé que Rodrigo las encontró. Y sé que no están en el análisis.
Daniela sostuvo su mirada.
—¿Por qué me dices esto?
—Porque las posiciones cortas son el punto donde esto deja de ser una disputa corporativa y se convierte en algo que interesa a la CNMV.
—Claudia bebió su té.— Y porque si ese documento existe y llega a las personas equivocadas antes de que yo haya tenido oportunidad de gestionarlo, las consecuencias son para más gente que yo.
—¿Qué gente?
Claudia la miró.
—Casal. Monreal. —Pausa.— Personas que fueron instrumentos, no arquitectos.
—¿Y tú eres la arquitecta.
—Soy la que puede resolver esto limpiamente o la que puede dejar que se convierta en algo que no beneficia a nadie. —Claudia dejó la taza.— Incluyendo a Diego.
Daniela la miró.
—¿Cómo afectan las posiciones cortas a Diego?
—Porque en 2021 cuando declinó la oferta de adquisición, también vendió parte de sus acciones propias. —Claudia habló despacio, midiendo.— Con el timing correcto, alguien con criterio selectivo podría argumentar que tenía información sobre la oferta que no era pública todavía.
Daniela procesó.
Era una amenaza envuelta en preocupación. Diego no había hecho nada incorrecto en 2021, probablemente. Pero el timing de la venta de acciones y la oferta de adquisición, en manos de alguien que quisiera construir un argumento, podía parecer algo.
—¿Estás diciendo que si las posiciones cortas llegan a la CNMV, también llegas tú con ese argumento sobre Diego?
Claudia la miró.
—Estoy diciendo que las investigaciones tienen consecuencias para todo el que aparece en el perímetro. —Pausa.— No estoy diciendo que Diego hiciera algo malo. Estoy diciendo que las investigaciones no distinguen entre culpables e inconvenientemente cercanos.
Daniela bebió el agua.
Pensó.
Era una amenaza real pero con un límite: Claudia no podía usar ese argumento sin exponerse ella misma. Si llevaba la historia de las posiciones cortas a la CNMV como escudo, la investigación la incluía. La arquitecta no podía señalar a los instrumentos sin que el dedo apuntara también hacia ella.
Lo que significaba que esta reunión no era una amenaza.
Era una negociación.
Claudia quería algo y no podía simplemente pedírselo sin mostrar las cartas. Las posiciones cortas eran las cartas que mostraba para que Daniela entendiera el tablero.
—¿Qué quieres? —dijo Daniela.
Claudia la miró.
—Que el análisis de Vértice no incluya las posiciones cortas.
—Ya no las incluye.
—Ya. Pero Rodrigo tiene los documentos. —Pausa.— Quiero que esos documentos no lleguen a ningún regulador ni a ningún medio en los próximos seis meses.
—¿Seis meses para qué?
Claudia la miró directamente.
—Para resolver la situación con el consejo de otra manera.
—¿Qué manera?
—Una salida negociada. —Pausa.— Sin votación de marzo. Sin guerra de accionistas. Sin la CNMV mirando a nadie.
Daniela procesó.
—¿Una salida negociada implica qué exactamente?
—Que Diego mantiene el control operativo de la empresa. —Claudia habló despacio.— Y que CV Capital Partners entra como accionista minoritario con asiento en el consejo.
—Diego no va a aceptar eso.
—Todavía no. —Claudia la miró.— Pero en seis meses las condiciones pueden ser diferentes.
—¿Cómo vas a cambiar las condiciones?
—Eso es mi problema. —Claudia cogió la taza.— El tuyo es si estás dispuesta a darme seis meses antes de que las posiciones cortas lleguen a alguien que las use.
Daniela la miró.
—¿Por qué yo? —dijo.
—¿Qué?
—¿Por qué me pides esto a mí y no a Rodrigo? O directamente a Diego.
Claudia la miró con algo que podría haber sido respeto si las circunstancias fueran otras.
—Porque Rodrigo hace lo que Diego le diga que haga. —Pausa.— Y Diego no va a darme seis meses si yo se los pido.
—¿Y yo sí?
—Tú tienes criterio propio. —Claudia la miró.— Ya lo demostró el análisis. Y el hecho de que estés aquí sola, sin haberlo consultado con Diego primero.
—Lo consulté con Diego.
—Ya. Pero viniste de todas formas. —Pausa.— Eso dice algo sobre cómo tomas las decisiones.
Daniela la miró.
Claudia no estaba equivocada. Daniela estaba aquí porque había decidido que era la decisión correcta. Y había consultado a Diego no para pedir permiso sino para informarle. La diferencia era suya.
—¿Qué me das a cambio de seis meses? —dijo Daniela.
Claudia levantó una ceja.
—¿Qué quieres?
—Casal. —Daniela la miró directamente.— Casal sale del tablero completamente. Sin condiciones pendientes. Sin deuda de ningún tipo con Diego.
Claudia procesó.
—Eso puedo darlo.
—Y Monreal. Sale del consejo antes de marzo.
Claudia la miró.
—Monreal tiene acciones.
—Monreal tiene acciones de un fondo que tú controlas. —Daniela sostuvo su mirada.— Si quieres que las posiciones cortas esperen seis meses, Monreal sale antes de la votación de marzo.
Claudia bebió el té.
Un minuto de silencio.
—De acuerdo. —Pausa.— Monreal sale antes de marzo.
—Y una cosa más.
Claudia la miró.
—Los seis meses no son para que cambies las condiciones para que Diego acepte una entrada de CV Capital Partners. —Daniela la miró directamente.— Los seis meses son para que encuentres la salida limpia que dices que existe. Que no pase por CV Capital Partners en el consejo.
Claudia frunció el ceño.
—Eso no es lo que ofrecí.
—Lo sé. Es lo que estoy pidiendo. —Pausa.— Tú dijiste que querías resolver esto limpiamente. Limpio no incluye entrar en el consejo de una empresa cuya adquisición intentaste mediante maniobras que la CNMV encontraría interesantes.
Claudia la miró.
Era la primera vez desde que había empezado la reunión que algo en su expresión cambiaba de manera visible. No molestia exactamente. Algo más parecido a la revisión de alguien que ha subestimado una variable.
—¿Qué te hace pensar que voy a aceptar eso?
—Que la alternativa es que las posiciones cortas lleguen a la CNMV y que la investigación incluya a todo el que aparece en el perímetro. —Daniela bebió el agua.— Incluida tú, que no eres inconvenientemente cercana. Eres la arquitecta.
El hotel seguía siendo silencioso a su alrededor. Los otros clientes en sus mesas, el camarero al fondo, la tarde de miércoles afuera.
Claudia la miró durante un momento largo.
—Eres más complicada de lo que esperaba —dijo.
—Eso me dicen. —Pausa.— ¿Tienes una respuesta?
Claudia dejó la taza.
Se recostó en la silla.
Daniela la dejó pensar. No llenó el silencio. No añadió nada. Solo esperó con la paciencia de alguien que ha aprendido que el silencio es información.
—Necesito dos días —dijo Claudia al final.
—Tienes hasta el viernes. —Daniela cogió su bolso.— Si el viernes no tengo respuesta, los documentos van a Rodrigo sin restricciones.
—¿Y Diego?
—Diego sabe todo lo que sé yo. —Pausa.— Lo que haga con ello es decisión suya.
Claudia la miró.
—¿Le dijiste lo de las posiciones cortas?
—Sí.
—¿Cuándo?
—El lunes cuando me llamaste. —Daniela se levantó.— No tengo información que Diego no tenga. Lo que tengo es criterio sobre qué hacer con ella y cuándo.
Claudia procesó eso.
—¿Por qué me lo dices?
—Porque quiero que sepas que no puedes usarme como intermediaria sin que él lo sepa. —Daniela la miró.— Cualquier acuerdo que llegue de esta reunión, Diego lo sabe antes de que exista.
Claudia la miró durante un momento.
—Viernes —dijo.
—Viernes.
Daniela salió.
Fuera, el aire de marzo, las nubes que no habían descargado todavía.
Caminó media manzana.
Se detuvo.
Llamó a Diego.
Un tono.
—Daniela. ¿Cómo fue?