CAPÍTULO 19
Esa noche dormí un poco mejor, convencido de que le había ganado la partida a Valeria.
En mi cabeza, una mentira bien dicha se convertía en verdad si la repetía con suficiente fuerza.
Me creía un berraco por haber enredado a Génesis, pensando que con decirle que la otra estaba "loca" ya todo estaba arreglado.
Pero la realidad me estaba esperando en la oficina de mi tío apenas llegué al almacén.
No hubo café ni saludos. Mi tío Ibrahim estaba sentado detrás de su escritorio de madera pesada, con un sobre de manila frente a él. Me hizo una seña para que cerrara la puerta.
—Tu papá llamó anoche —soltó sin mirarme—.
Estaba furioso, Malik. Alguien le contó el rumor del centro, de la pelea con el muchacho de la mueblería y del espectáculo con la otra mujer.
En Puerto Magara las noticias vuelan, y a él no le gusta que el apellido ande en boca de todo el mundo como si fuéramos gente de quinta.
Sentí un frío que me bajó por la espalda. Mi papá no era como mi tío; él no hablaba dos veces.
—Él no sabe cómo pasaron las cosas —le respondí, tratando de no sonar asustado—. La gente inventa mucho, tío.
—Él sabe lo suficiente —me cortó, tirando el sobre sobre la mesa—.
Ahí tienes la foto que mandaron de Siria.
Tu prometida ya cumplió los dieciséis. Es una niña de buena familia, educada.
Tu papá dice que, si no te enderezas en unas semanas, te manda el pasaje para que te vayas a casar allá y te olvides de este pueblo.
Abrí el sobre con las manos sudando. Era una foto de una muchacha de ojos oscuros, muy bonita, pero para mí era una completa extraña. Sentí que me faltaba el aire. Era como si me estuvieran poniendo una soga al cuello y me dijeran que tenía que dar las gracias.
—Yo no me voy a casar con alguien que ni conozco —dije, arrugando la foto sin querer—. Yo no pedí esto.
—Tú no pides, Malik, tú cumples —mi tío se paró y me puso una mano en el hombro, apretando fuerte—.
Esa muchachita de al lado... esa niña no tiene futuro contigo.
Ella está ahí solo por la temporada de diciembre, tratando de sacar unos pesos para sus cuadernos o para ayudar a su familia.
Si tu papá se entera de que sigues detrás de ella, yo mismo hablo con el dueño de ese local otra vez para que la eche hoy mismo.
Se queda sin el sueldo de Navidad y sin nada por tu culpa. ¿Eso es lo que quieres?
Me salí de la oficina sin responder, con la cabeza a punto de estallarme. Sentía una rabia sorda contra todo: contra mi papá, contra mi tío y contra esas leyes de mi familia que me querían manejar la vida. Me fui para el mostrador, pero no podía dejar de salir y mirar hacia el local de al lado.
Génesis seguía allí, tratando de acomodar una estantería, pero se veía que estaba pasándola mal.
Su jefe no le quitaba el ojo de encima y las otras empleadas, que eran mayores que ella, se reían por lo bajo cuando la veían.
Me dolió verla así. Ella apenas tenía catorce años, todavía le faltaba bachillerato, y andaba ahí trabajando quizás para sus cosas.
Sin querer la estaba arrastrando a mis problemas.
Pero en vez de alejarme para protegerla, mi instinto fue el de siempre: querer marcar territorio. "Si ellos quieren que la deje, ahora es cuando más la voy a buscar", pensé con esa terquedad que siempre me mete en problemas.
A mediodía, cuando vi que ella salía para su hora de almuerzo, no me importó que mi tío me estuviera viendo. Me salí del local y la alcancé en la esquina, casi corriendo.
—Génesis, espera —le dije, agarrándola del brazo.
—Malik, por favor, nos están mirando —me suplicó ella, con los ojos llenos de miedo—. Mi jefe me dijo que, si me veía hablando contigo, no me pagaba la semana y me sacaba de una vez. ¡Esa plata la necesita mi mamá para la casa! ¡Déjame en paz!
—No te va a pasar nada, yo me encargo —le solté, con esa arrogancia que me salía sin pensar—. Escúchame, mi familia me está presionando, pero yo no me voy a alejar de ti. No me importa lo que digan ellos. Tú eres la que me importa.
—Es que tú no entiendes —dijo ella, con los ojos aguados—.
Tú tienes para dónde irte, tú tienes comodidades.
Yo solo tengo estos días de trabajo antes de volver al colegio.
Si me echan ahora, pierdo lo poco que he ganado.
¡Vete, Malik! ¡Tus problemas me están hundiendo a mí y yo solo quiero terminar mi temporada tranquila!
Me quedé ahí parado viendo cómo se iba. Me sentí como un estúpido.
Yo creía que estaba siendo un héroe por "enfrentar" a mi familia, pero la verdad era que por mi orgullo le estaba quitando a una niña lo único que tenía para ayudar en su casa.
Pero no lo veía así, lo que sentí fue más rabia.
Tenía que lograr que confiara en mí y, demostrarle que estaba de su lado.
No iba a dejar las cosas así. Si mi papá quería guerra, guerra iba a tener. Pero primero tenía que hacer que Génesis entendiera que yo no era el problema, sino su única salida. No me daba cuenta de que, le estaba apretando más la cuerda en el cuello.