Mi Ángel nº 1 CAPÍTULO 6
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CAPÍTULO 6

Los días siguientes fueron un juego del gato y el ratón que me tenía al borde del colapso.

Yo aparecía por el almacén con cualquier excusa barata: que si revisando precios, que si saludando al administrador para marcar territorio, pero todos sabíamos a qué iba.

Me ponía en la puerta, con esa pose de tipo que no tiene nada que hacer, solo para ver si ella levantaba la vista.

Y sí, la levantaba. Se le caían las cajas, se le trababan los dedos al doblar una camisa, se ponía roja como un tomate cuando nuestras miradas se cruzaban.

Me encantaba verla así, descolocada, como si mi sola presencia fuera un terremoto en su rutina.

Una tarde, me quedé pegado detrás de unas cajas en el fondo, donde las empleadas descansaban. No se dieron cuenta de que estaba ahí y empezaron a soltar la lengua, con ese veneno que solo tienen las que se mueren de envidia.

—Esa nena me tiene harta —dijo una, con un resoplido—. Se hace la tonta, como la que no mata una mosca, pero miren cómo camina. Sabe perfectamente que tiene a casi todos los tipos del centro babeando.

—Ay, por favor —saltó otra—. La mosquita muerta se hace la que no ve nada, pero bien que se fija quién entra y quién sale.

—¿Y no han visto el espectáculo que monta cuando el Malik asoma la jeta por aquí? —dijo la primera, soltando una risita maliciosa—. La tipa se pone nerviosa apenas él respira cerca.

Sentí un vuelco en el pecho. Me quedé helado.

—¿Y quién no? —remató la otra—. Ese man pertenece a la familia árabe, los dueños de casi medio centro. Y, para colmo, está buenísimo. Y tiene esa cara de que hace lo que le da la gana. Si hasta a mí me daría un patatús si me mirara como la mira a ella.

Se escucharon risitas de esas que dan rabia.

Yo me quedé tieso, con una sonrisa de arrogante que no me cabía en la cara.

Me sentí el ego inflado como nunca. Así que era eso: ella sabía quién era yo, sabía que la miraba, y le daba terror.

Pero, sobre todo, le gustaba. La vi desde la esquinita de las cajas: estaba ahí, concentrada, doblando una camisa como si fuera el trabajo más importante del planeta, con una timidez que me daban ganas de ir a cogerla del brazo de una vez.

Al salir, estaba tan prendido de adrenalina que no podía esperar más. Llamé a Nabil, mi primo pequeño, que andaba de vago por ahí.

—Llévale esto a la muchacha del mostrador —le ordené, dándole un papelito que había garabateado en el bolsillo—. No digas ni una palabra. Solo se lo entregas y te largas.

—¿Y si me preguntan? —el carajito me miró asustado.

—Tú solo dáselo. Ella va a saber.

La nota no tenía ciencia: “¿Quieres salir conmigo este fin de semana? —Malik”.

Punto. Sin tantas vueltas, como me gusta a mí.

Me hice el loco en la acera de enfrente, apoyado contra la pared, fumando un cigarrillo para disimular.

Vi cuando Nabil se acercó. Ella lo miró confundida, agarró el papel y, cuando lo leyó, se le cambió la cara.

No fue un grito, fue un brillo en los ojos y una sonrisita de esas que una mujer hace cuando se siente ganadora.

Se guardó el papel en el bolsillo del pantalón como si fuera algo valioso.

Se tocó el bolsillo un par de veces, como asegurándose de que no se le fuera a esfumar.

Nabil volvió corriendo, sudando como un loco.

—¡Dijo que sí! —me gritó sin filtro—. Me dijo: "Dile que sí" y se puso a reírse sola.

Sentí una descarga que me recorrió el cuerpo, una victoria que me supo a gloria.

¡Por fin! Después de tanto tiempo jugando a las escondidas, la barrera se había ido al diablo.

Me quedé mirando el local, pero ya no con ansiedad, sino con la seguridad de que esa nena ya era mía.

La miré ahí dentro, moviéndose entre los pasillos, y ya no era la sombra inaccesible; era un capricho que ya estaba en mis manos.

Me alejé del centro con una sonrisa que no me cabía en la cara.

Me sentía el tipo más duro y suertudo de Magara.

Ya me imaginaba el fin de semana, la cara que iba a poner cuando me tuviera de frente, lejos de las viejas chismosas y de la vigilancia de todos.

Ya la tenía. Y lo mejor de todo es que, después de tan poco esfuerzo, ya no había vuelta atrás.