Mi ángel de la nieve 44
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Hiperventilaba a pesar de que ya había llegado. No esperaba llegar tras Vivien y Bjorn. La pelea con Hakum atrás había sido de narices.

Sabía que de haber sido una carrera convencional, ni Bjorn hubiese tenido tan poco margen con Vivien, un casi empate, ni ella le hubiese ganado a Hakum.

Pero era la carrera que era, legendaria, y quedaría para la historia de aquel lugar. Así que se alegraba de que la ganase Bjorn.

No había nadie, más que niños y sus madres para jalearlos. No sabía lo que tardaría el resto en volver.

Nanook se había ido a beber a los bebederos de los perros. Menudo final que había hecho con ella, pensó que le arrancaría la cabeza a Hakum cuando este la embistió.

Pero no, supo mantenerse, sin trampas.

Bjorn se acercó a ella y la alzó en el aire para besarla.

—Sabía que ganarías —le dijo ella.

—Pues yo no esperaba que quedases en tercer lugar —le dijo él y ella sonrió.

Anda que yo.

Bjorn la dejó en el suelo y se detuvo a mirarla un instante.

—Gracias por lo que has hecho hoy, como guardabosques del pueblo. Aunque luego hablará contigo Housen.

Ella asintió.

—Tienes una conversación pendiente con la vieja Agnes —le dijo a él. Sabía que Bjorn solo estaba alargando el momento. Pero debían de hablar y mucho.

—Mañana —respondió él—. Lo prometo.

Luego la miró a ella y le cogió la mano para rodear la casetilla.

—Escucha una cosa —dijo Bjorn—. No quedarme en el valle no significa que me vaya a alejar de ti si no quieres.

Ella lo miró de reojo, Bjorn se detuvo y la rodeó por la cintura con ambos brazos. Y ella sonrió.

—Si no tienes miedo al frío, ni a los bosques, ni a las tormentas, ni a la nieve —decía él.

No quedarse, marcharse, pero llevarla a ella con él. Regresaron los rayos de hielo que levantaban la piel.

Sonrió a Bjorn. Exactamente el plan que nunca imaginó ni un momento de su vida. Pero ahora parecía no tener otro plan mejor.

Buscó con la mirada a Nanook.

—Con cinco perros y un Kyrax, ¿llegaremos muy lejos?

Bjorn se encogió de hombros.

Blum comenzó a hacer piruetas otras vez, y Nanook, con la boca chorreando de agua, volvió a poner aquella expresión seria mirándolo. Sila pasó por delante y cruzó una mirada con Nanook de un claro «espera, que todavía no has visto nada de este».

Dio una carcajada.

No sabía si irían muy lejos con todos ellos. Pero hasta donde llegasen estarían bien.

No tenía dudas.

Iban repletos de ángeles de la nieve.