43 #6
No era consciente de las posibilidades y ahora entendía a Tom cuando la empujaba a meterse en aquello.
La forma en la que podía controlar al oso, sin poner a nadie en peligro, ni siquiera a Nanook.
Él era un animal instintivo que llevaba el control del resto de animales salvajes en la sangre.
Podía hacer que lo siguiera, podía impedir que avanzara, podía dirigirlo hasta los dardos y las jaulas.
La diferencia entre tenerlo y no era de numerosos heridos y muertos en aquel círculo de fuego.
Lo más difícil, transportarlos por aquellas montañas. Supuso que usarían helicópteros, lo importante era que regresarían a casa. Uno gris o más bien blanco demasiado sucio y otros con un blanco algo más limpio, pero no mucho.
Los tres adultos y de gran tamaño, enloquecidos, asustados, desesperados. Pero regresarían a casa.
Aurora se bajó de la moto, sentía las piernas ya entumecidas de las horas que llevaba sobre ella.
—¿Ahora qué? —preguntó uno de los cazadores a Tom, y este miró a la parte alta de la montaña. Ya por suerte habían apagado el círculo de fuego con la propia nieve.
—Ir a por el resto —respondió Tom—. Y a echar a los Ballahios de aquí.
Los ojos de Tom se dirigieron enseguida a Aurora.
***
—Vivien, déjalo ya —le dijo a la joven.
No iban a poder salir de aquella jaula, una jaula de oso dentro de un agujero cavado en la nieve.
El hermano de Vivien pateó los barrotes.
—Silva a tus perros —le dijo.
—No.
—¿Y para qué los quieres si ahora no valen para nada? —le dijo Hakum acercándose a él.
—Estamos aquí por tu culpa —le dijo Vivien—. Por idiota, así que cállate al menos.
Alzaron la mirada, alguien de los Ballahios habría vuelto.
Pero ver la silueta de Sila asomándose desde arriba, hizo que frunciese el ceño.
Tras ella se asomó una joven de pelo rubio bajo la capucha de un mono de nieve un tanto reflectante. Y tras ella, la silueta de la cabeza gigante de un medio lobo que hizo sombra a la luz de las linternas.
Aurora sonrió al verlo, mientras Tom y otros tiraban las cuerdas para sacarlos de allí.
—¿Qué ha pasado?
—Hakum no se ha ceñido al plan y nos ha jodido a todos —dijo Vivien, la primera en salir.
Vilma le lanzó una mirada a Hakum que bien podría haberlo atravesado.
—Menudo mierda —dijo empujándolo para agarrar la cuerda antes que él—. Dejadlo el último en salir. —Se abrochó la cuerda a su arnés.
***
Todo el que iba subiendo de aquella jaula subterránea se quedaba mirando al Kyrax, que estaba echado en la postura de una esfinge y los iba observando con cierta curiosidad, como si fuera él el que nunca hubiese visto humanos similares. Aunque era lo cierto, solo estaba acostumbrado a ella.
—Ya nos ha contado Bjorn —dijo uno de los Ulrich, lo vio intentar acercar la mano, pero un giro de cabeza de Nanook lo hizo desistir de la idea.
Aurora alargó la mano para que Bjorn se ayudase en el último tramo y lo abrazó en cuanto lo tuvo arriba. Resopló. La carrera o lo que fuese aquello no la había dejado respirar un segundo desde horas atrás. Y ya el propio cuerpo le decía que no podía más.
—¿Ya están a salvo? —Bjorn le preguntaba por los otros. Aurora asintió con la cabeza sin despegar la mejilla de su pecho. Sintió un leve beso en la frente.
Bjorn la soltó y tuvo que alargar una mano hacia Sila para acariciarla.
—Ha llevado a toda la manada hasta mí y hasta Nanook —le dijo y Bjorn miró a Sila—. Menuda guardiana.
—¿Dónde los tienen? —preguntó Tom.
—No los hemos visto —dijo Vivien—. Pero quieren negociar.
Tom negó con la cabeza.
—El valle no acepta extorsiones —respondió con rapidez.
Vio que Vilma miraba al Kyrax de reojo, quitándole importancia o quizás lamentándose de haberla insultado y golpeado ahora que sabía que tenía un guardián que era capaz de imponerse a los osos.
Vivien se acercó a ella y le cogió el hombro.
—Te he visto con el oso —le dijo a Aurora—. Y le has echado narices. Pero ahora os necesitamos a ti y al señor del valle, porque estos cabrones están dispuestos a matar a mi padre. —Vivien era más alta y tuvo que inclinarse para acercarse a su cara—. Por favor.
Aurora asintió con la cabeza. No le podía decir que no.
Oyó ruido tras de sí. Recordaba que del punto de control solo había salido con Tom y unos pocos más.
Pero ahora se había llenado de motos de nieve y otros transportes.
Todos los vecinos del valle, los que estaban allí de público y hasta los que se habían quedado en el pueblo, al ver las bengalas, se habían acercado con lo que cada uno tenía a mano.
—Podéis contar con Nanook y conmigo, pero creo que no os va a hacer falta —le respondió a Vivien conteniendo la sonrisa al verlos.
—¿Qué hacéis aquí? —le preguntó Housen a uno de los hombres.
—Agnes nos dijo que él estaba aquí —respondió mirando a Nanook, con un utensilio agrícola, similar a un tridente, pero más corto de lo que había visto para el pasto—. Pero todos tenemos que defender el valle.
Aurora sintió cierto peso en los ojos al oírlo. No parecía un hombre rudo como Viken, era un campesino como otro, no estaba acostumbrado a luchar ni a disputas. Pero estaba dispuesto a defender su casa y su pueblo.
Tía Agnes se abrió paso entre el resto, Aurora vio que llevaba la garra de metal afilada de los Ballahios y le hizo una mueca. La joven negó con la cabeza.
—Se pueden quedar con ese hijo de puta de Viken —dijo su tía—. Pero no se van a quedar con el valle.
Se oyeron voces atrás, la gente jaleaba. Tom contuvo la sonrisa.
—¿Cuántos son? —preguntó a Vivien.
—Menos. —La joven se dirigió a su moto de nieve.