43 #3
—Sabes que no hay otro camino para mí. Pero eso no significa que no puedas hacerlo con los otros. —Cogió aire y suspiró antes de seguir, y tiró del brazo para que se inclinase y la escuchase mejor—. Eres el guardabosques —añadió apretando el brazo de Bjorn—. Eres su ángel de la nieve.
Se retiró de él y lo miró.
—Y yo tengo otro más. —Encogió la nariz en una mueca y vio a Bjorn sonreír levemente.
Regresó a su moto y se subió en ella. Cruzó una mirada fugaz con tía Agnes y Tom, y luego una tercera con Bjorn, que ya se había subido a su moto.
Otro cuerno.
Y el disparo de salida.
Arrancar segundos después del resto le hubiese salido bien aunque no lo hubiese hecho a posta.
No voy a llegar ni al lago. Madre mía.
No tardó en quedarse la última, así que solo tuvo que acelerar menos que los demás y comenzar a ampliar la distancia. Cuando entraron en el bosque ya el de delante le llevaba varios metros.
Desviarse del camino no era una opción, perdería demasiado tiempo dando la vuelta, allí no había alternativa que seguir tras todos. Por eso Bjorn eligió el lago para reunirse. A partir de ahí los caminos se abrían.
De lo que no tenía ni idea era de cómo demonios pensaba llegar antes que ese grupo a cada fase.
Quedarse atrás y luego adelantarlos. Un plan tan absurdo que le daba vergüenza haberlo ni siquiera considerado, menos aún decidirse a llevarlo a cabo.
Ya no había banderines, ni vallas, ya estaban en bosque cerrado, pero los motores estaban cerca. No podía llamar a Nanook.
Tom era partidario de no llamarlo hasta la segunda fase. Pero sabía que sin él ni siquiera llegaría al punto de control. Así que cuanto antes lo tuviera con ella, mejor.
Primera bengala que se oía y solo acababan de salir. El sonido hizo que detuviese la moto.
Joder.
Había un código que recordaba vagamente con los nervios. Roja, peligro extremo si era una, tres retirada de corredores. Azul, llamada de un corredor al más cercano.
Amarilla, aviso, precaución, peligro.
Verde, llegada del primero al punto de control.
Y esta era amarilla.
Arrancó la moto y siguió adelante. Podría ser la presencia de lobos o de otros animales. Ya se escuchaban los motores más lejos, estaba consiguiendo alejarse y quedar atrás. La parte más fácil del plan.
Miró atrás para comprobar que no había nadie siguiéndolos. Los de delante ya estarían más lejos.
Se llevó el silbato a la boca, recordando la voz de Tom que le repetía, una y otra vez, que no se apresurase a llamarlo nada más entrar al bosque. Que avanzase primero.
Pero quedarse sola dejaba al descubierto las verdaderas bondades del plan. Y eran aterradoras.
Sacudió la cabeza y aceleró la moto dejando caer el silbato de sus labios. Tom lo diría por algo.
Y aquel algo no tardó en llegar al percibir el sonido de una moto. ¿Podría ser una avería? Decían que era el principal motivo de retirada. Al fin y al cabo no solo contaban con el elemento humano o canino. Sino con un motor y piezas mecánicas.
Cuando vio un círculo rojo aminoró la marcha.
Vilma aminoraba la marcha y miraba hacia atrás.
—¿Ya te has perdido? —le gritó riendo.
Vilma era lo último que quería encontrar en el bosque.
Aurora se puso en pie en la moto y aceleró, notando los cambios que le había hecho Tom a la potencia, hasta se le fue el cuerpo hacia atrás levemente del tirón que le dio.
—Vuelve con el resto —le dijo.
—De eso nada —respondió Vilma.
Aurora trató de esquivarla, sabía que su intención era ponerse a su lado y tenía que evitarlo.
—Antes quiero asegurarme de que ni siquiera llegarás al lago.
—Pero ¿qué dices, loca?
—Que el bosque parece tener dudas contigo —respondió Vilma mientras Aurora la adelantaba. Era la única manera de librarse ella, que no la cogiese—. Pero yo ninguna.
Vilma la rozó con la punta de su moto y la suya enseguida bandeó, recuperar el control no fue fácil, pero lo hizo con rapidez.
—Vas a tirar las tres bengalas y te habrían salvado la vida —reía la joven.
—¿Qué dices, psicópata? —La esquivó y fue una suerte, esa vez le iba a dar más profundo.
Vilma aprovechó el movimiento para ponerse junto a ella. No tenía las destrezas de la gente de allí. Su única ventaja era tomar otros caminos con Nanook y vigilar al oso.
Pero Vilma estaba dispuesta a dejarla caer.
—¡Vilma! —Karina y otra joven habían aminorado la marcha para alcanzarla—. ¡Déjala, vamos! Hoy no es momento para eso.
Karina se colocó al otro lado de Aurora para que su hermana no pudiese desviarla. Karina tenía genio, era soberbia y ya conocía también su lengua, pero estaba viendo que tenía un límite.
Vilma no.
—No me vas a negar este derecho, hermana. —Empujó con su moto la de Aurora y esta la de Vilma, lo que le provocó un doble rebote en ambas y casi giró sobre sí misma.
Karina volvió a chocar contra la de ella en aquel baile y se oyó un grito.
—¡Vilma, joder! ¡Vas a matarme a mí! —Karina se quedó atrás de las dos.
—¡Pues quítate de en medio, idiota! —le gritó a su propia hermana—.
Porque tú… —Intentó golpearla de nuevo—.
No pienses que vas a llegar al valle, llevarte al hombre que siempre hemos querido todas e irte de rositas.
—Esa vez sí la rozó y la desestabilizó, Aurora tuvo que quedarse atrás, fue consciente de que la amiga de Vilma se había ido hacia delante, no querría problemas—.
El bosque tiene que ser maldito para todos.
No es justo. —Otro intento de golpe, pero esa vez Aurora se salvó por milímetros.
—¡Vilma! —Su propio grito sonó desesperado—. Escucha.
No iba a escucharla, pero tenía que intentarlo.
—No estoy aquí por la carrera. —No, no la escuchaba, seguía empeñada en golpearla—. Quiero ayudaros. Quiero alejar al oso.
—¿Tú? —Vilma dio una carcajada.
—Sí, yo —respondió mientras el nervio y el ardor le subían por el pecho, volviendo a esquivar a Vilma—. Y no estoy sola.
No le dio tiempo ni a acabar la frase, Vilma arremetió con su moto, que era más pesada que la suya, y Aurora voló en el aire dando una vuelta completa y cayó en la nieve, mientras la moto se volcaba quedando bocabajo.
—¡Qué demonios va a hacer tú! —le gritó Vilma.
Karina chocó contra la moto y su cuerpo salió despedido chocando contra un árbol.
Aurora se sacudió la cabeza, no se atrevía ni a mover el cuerpo, le daba pánico haberse roto algo y no poder seguir.
—¡Mierda! —Era la voz de Vilma—. ¡Karina!
—¡Maldita gilipollas! —El grito de su hermana al menos la tranquilizó, no se había golpeado muy fuerte.
—También lo hago por ti, imbécil.
—¿Por mí?
Se incorporó para poder verlas. Vilma se había detenido e intentaba ayudar a su hermana, que se sujetaba el codo con una mano. La vio enseguida retirarse la mano del codo e intentar enganchar a su hermana del pelo. Se habría roto el brazo, pero aún le quedaba otro.
Realmente lo de aquella gente era otra dimensión.
—Pedazo de… —Se encogió tocándose el brazo—. ¡Ah! Me lo he roto. —Miró a su hermana—. Por tus mierdas con todo el mundo.
Vilma frunció el ceño.
—Pero si empezaste tú el otro día con ella.
—Ganarle. —Karina perseguía a su hermana por la nieve mientras Vilma le rehuía—. Ganarle, que pierda. Que pierda, ¿sabes lo que significa? No volcarla, no herirla, no matarla. Psicópata soberbia, gilipollas. ¡Tienes el cerebro de una ameba!
Karina estaba sin aire de gritar. Luego se giró mirando las motos volcadas y aceleró hacia la suya, la pateó antes de intentar abrir el maletero. No podía con una sola mano.
—Ayúdame, ¿no ves que no puedo?
—Voy, voy. —A Vilma no se le quitaba el cabreo tampoco—. Y tú, si estás bien, ven aquí. Y haz algo útil.
Aurora se puso en pie enseguida.
¿Encima que me tira?
—Estamos así por tu culpa, eh —le dijo, y Vilma le lanzó una mirada de auténtica desquiciada.
—Paso de vosotras. —La vio dirigirse hacia su moto—. Ya estarán todos en el lago.
—No serás capaz —le replicó su hermana enseguida—. No serás capaz de joderme y dejarme atrás.
Pero Vilma sí era capaz.
—¿Me dejas así? ¿Aquí en medio?
—Por cuando me dejabas llorando en el bosque de niña.
Karina alzó las cejas.
—¿Cinco minutos y porque eras insoportable?
—En cinco minutos podría haberme atacado algo.
Karina negaba con la cabeza al escucharla. Vilma arrancó la moto y aceleró. No tardó en alejarse.
Vio que Karina desvió la mirada hacia otro lado para no mirarla a ella. No solo estaba abochornada, estaba decepcionada completamente.
Aurora se acercó a las dos motos. La de Karina estaba volcada sobre la suya. Aurora intentó empujar, pero aquello no era posible sola.
—¿Puedes empujar con alguna parte del cuerpo?
—Sí. —Karina usó su otra mano y lograron moverla algo, pero no desatascarlas una de otra.
Las dos se retiraron de las motos.
—Mierda. —Esa vez fue Aurora, que se puso de cuclillas para estirar los lumbares, se los había lastimado al hacer fuerza con el cuerpo frío. Luego miró a Karina.
—¿Roto?
—Rotísimo. —Ella dirigió la mirada hacia su codo.
—Déjame verlo.
—¿Eres médico?
—No.
—Pues déjalo —resopló. Las Housen eran soberbias hasta el final—. No podemos solas. —Karina intentó empujar con la pierna una de las motos—. Hay que sacar las bengalas.
Pero los maleteros estaban ambos abajo, no podrían.
Aurora dio dos pasos atrás.
—Hay dos opciones —dijo y sintió cómo el vello se le erizaba—. O te llevo de regreso al pueblo o te llevo al punto de control.
Karina la miró como si estuviese desvariando. Pero Aurora no le prestó atención. Se llevó el silbato a la boca y silbó.
—¿Qué demonios haces? —preguntó dándose media vuelta para mirarla.
Tanteó a ver si llegaba hasta la parte frontal de la moto de Karina, buscó la pequeña portezuela y la abrió. Allí estaba el mosquetón que tenían aquellos aparatos. Tiró de él y comenzó a sacar la cuerda gruesa de metal.
—¿A dónde quieres amarrar eso? —preguntó como si Aurora fuese tonta.
—A él.
—¿A quién?
Pero no tuvo que preguntar más. Nanook ya estaba a unos metros de ellas.
—¡Vamos! —le gritó Aurora, y él dio un salto para colocarse junto a ella a la vez que se oía un grito de Karina.
—No jodas. —Se había apartado de ellos.