Mi ángel de la nieve 43 #2
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43 #2

Bjorn desvió la mirada.

—Y yo no voy a estar —añadió bajando la mirada.

Se hizo el silencio otra vez.

—No me importa hasta dónde y hasta cuándo —dijo ella y alzó los ojos hacia Bjorn—. Pero ten por seguro que cuando acabe para mí, habré llegado hasta mi final.

Bjorn seguía enfadado, lo notaba en la tensión de su cara, seguía con su tez teñida de color rosado. No era su expresión tranquila de siempre, sabía que cuando entrase en el bosque, hasta él también perdería el control del valle. Y de todos los que estuviesen allí.

Y saber que la quería a ella fuera del valle hizo que una corriente de hielo helado le alzase ombligo arriba.

—Voy a llegar hasta mi final de la carrera —añadió ella con una seguridad sobrevenida. Hasta el miedo se había disipado al saber que independientemente del resultado, de lo que pasase allí, ella daría absolutamente todo lo que tenía.

Su carrera era diferente a la del resto. Y sin conocer tan bien el bosque como otros parecía una locura. Pero tenía a Nanook y tenía que intentarlo.

No se le había concedido el privilegio de un Kyrax para nada. Eso decía tía Agnes. Y tenía que llevar razón.

—Así que por una vez piensa en ti —le dijo a Bjorn—. Y gana esa carrera.

Vio a Bjorn coger aire. No pensaría en él, pensaría en ella y en todos los que estaban en peligro. Lo conocía bien. Bjorn espiró el aire con una especie de furia extraña.

Y la agarró con fuerza para atraerla a él, se inclinó más y lo sintió sobre sus labios, los empujó con los suyos, los apretó y le obligó a abrirlos.

Se dejó besar recibiendo otra corriente de vértigos por detrás de las costillas mientras la ligereza subía tobillos arriba.

No esperaba aquella reacción de Bjorn. Lo rodeó con los brazos y se apretó a él sin dejar de besarlo.

Retiraron al fin sus labios el uno del otro y Bjorn dejó caer su frente en ella.

—No contaba con que pensar solo en mí significaba no pensar únicamente en mí —dijo él.

Otra turba de hielo interior le hizo cosquillear el cuerpo y le erizó la piel.

—Te quiero, Aurora. —Le dio un nuevo beso leve y corto.

Se apartó de ella levemente y Aurora le pudo ver su cara al completo. Ella le cogió la cara.

—Confío en que puedes ganar —le dijo con toda la seguridad de que podía lograrlo. Nadie conocía mejor el bosque, nadie era mejor que Bjorn para ello en todo el valle.

—Confío en que puedes cuidarte —respondió él.

La ligereza, el vértigo de aquellos rayos internos aumentaron sobremanera.

Sin soltar la cara de Bjorn volvió a besarlo, y se detuvo en el beso unos segundos dejando caer su peso en él.

Se apartó y le rodeó la cintura con un brazo para apretarlo en un abrazo mientras Bjorn le daba un beso en la frente. La apretó y lo oyó suspirar.

—Solo unas horas y esto acaba. —Lo oyó decir antes de acariciarle la cara.

Aurora se irguió, tenían que volver.

—¿Cómo se te ocurre inscribir a Nanook? —dijo él conteniendo la sonrisa.

—Porque es la verdad —respondió ella con la misma ironía con la que él había preguntado—. Me ha costado un poco ponerle el arnés —añadió y Bjorn alzó las cejas—. Las patas le pesan como si estuviese relleno de cemento. Aparte de que no le ha gustado nada.

—¿Le has puesto un arnés a un Kyrax?

Bjorn contuvo la carcajada. Los suyos lo tenían todo puesto, pero ella había cometido una atrocidad, tratar como a un perro a un Kyrax.

Lo miró de reojo, ya llegaban al bullicio. Bjorn seguía sin soltarle la mano, supuso que le daba igual que los viesen de la mano, y si le daba igual a él, a ella aún menos.

—Nanook es un bendito. Ponérselo a Blum es un acto de precisión. —Sus palabras hicieron que Aurora dirigiese los ojos al perro de ojos bicolores sin dejar de reír—. No sabes lo que es colocarle eso mientras se revuelca y rueda en la nieve para fastidiarme.

La joven apretó los labios riendo.

Vio a Hakum y a Vilma a lo lejos, ya estaban colocados en sus motos.

Esto empieza.

Y no era ningún videojuego. Era vida real, aunque pareciese imposible.

Bjorn se detuvo y se giró para ponerse de cara a ella.

—Cada metro cuenta —le dijo—, pero si dudas, no lo hagas.

Le hizo gracia que Bjorn le diese consejos, cuando realmente estaban compitiendo. Aunque ella tampoco era una competencia para nadie.

—Si Nanook se pone cabezota, insiste en otro camino. Y si no te deja avanzar, no pierdas el tiempo discutiendo con él. Seguramente lleve razón.

Asintió. Discutir con Nanook era una batalla perdida, así que ni lo intentaría. Bajó la mirada hacia Sila, se había acercado a su muslo para que la acariciase. Le vio en la chapa del arnés el número ocho.

—Cuídate por encima de todo —le dijo Bjorn mientras ella se alejaba hacia su lugar.

—Gánales a todos estos —respondió ella, y él sonrió.

Le fue soltando la mano mientras se alejaba y sorteaba motos, perros y corredores. Llegó hasta la moto de nieve blanca y se subió a ella.

Tenía que reconocer que el asiento de Bjorn era más mullido que el suyo. Espiró aire con fuerza y se colocó el gorro, las gafas y la capucha.

Joder, vaya marrón.

No entendía por qué su cuerpo le pedía hacerlo. Era una locura. Se puso bien el forro del cuello.

—Bueno, chicos. —Vivien y los Ulrich se colocaban en sus motos—. Un honor y suerte.

Vilma se había detenido en ella y ni parecía pestañear. Era una suerte que no pudiese decirle nada, los jueces eran rotundos con las expulsiones. Después solo quería perderla de vista.

—Suerte a todos —dijo otro de los chicos, y se sucedieron.

—No somos conscientes de lo que vamos a hacer —decía uno de los del pueblo—. Los viejos nos han usado como carnaza. Mi primo no ha querido correr.

—Y vamos a demostrarles que podemos con esto y más —dijo uno de los Ulrich—. Deberíamos asegurarnos primero de nuestra seguridad, y luego la carrera.

Viven miró a su hermano.

—¿Ir en grupo, dices?

—Al menos organizarnos en grupo.

—Siempre vamos en grupo —decía otro.

—Pero por pueblos, esa competencia absurda que nos han inculcado. Hoy no hay pueblo, somos nosotros o ellos.

—Mi padre, Ulrich y Housen se encargarán de los Ballahios, no os preocupéis —dijo Hakum.

—Claro, ¿y el oso? —Uno de los jóvenes parecía estar allí por obligación y por honor, pero tenía más miedo que ella, y eso era complicado.

—Veo bien lo de los grupos —dijo Bjorn.

Sabía que era una ventana a su tranquilidad, que fuese en grupo con ella. Pero no podía ser así, ella llevaba a un Kyrax que no estaba ni acostumbrado a seguirla en moto.

—Al menos hasta que los cazadores atrapen al oso —añadió Bjorn y todos comenzaron a darle la razón.

—Nos han acortado las fases a menos de la mitad —dijo otro Ulrich—. Pero sigue siendo una carrera de velocidad y supervivencia.

—Hoy el premio debería ser salir vivos —decía otro joven.

—Menudos agoreros —les replicó Vivien—. Claro que vamos a salir vivos.

—Entonces deberíamos unirnos —dijo otro de los chicos—. ¿Cuántos somos?

—Éramos diecinueve, creo que nos hemos quedado en dieciséis.

—¿Quiénes se han rajado?

—Tormund y los primos Raisier.

—Nos han usado como cebo, ¿no? Lo hemos aceptado. —Era otro joven, el hijo de Scott, el alcalde del otro pueblo del valle—. Pues ahora vamos a demostrarles que sabemos estar a la altura. Correremos, pero no habrá carrera.

—De eso nada —replicó Hakum—. No me vais a quitar la gloria.

—¿Prefieres que alguien salga herido?

Hakum no respondió, pero estaba segura de que le daba igual. Solo quería ganar a costa de lo que fuera.

—¿En grupo?

—Lo veo.

—Yo también.

—¿Dos grupos? —preguntó Vivien.

—Seríamos ocho por grupo, es demasiado pequeño.

—Y dieciséis nos estorbaríamos unos a otros —intervino Hakum de nuevo—. Que cada uno se busque el camino como siempre.

No le prestaron atención.

—Aquí no podemos planear nada —dijo Vivien mirando al público.

—Vale. —Bjorn miró tras de sí al resto—. Salimos y nos vemos más adelante, en la parte este del lago. Si alguien no quiere que siga adelante.

—Me parece bien.

—Pero si unos siguen adelante, tendrán ventaja.

—Los que sigan adelante serán el franco de los Ballahios y posiblemente del oso —replicó Bjorn—. La única ventaja será la de llegar antes a un cementerio.

—¿Y si alguien ni siquiera llega al lago? —preguntó otro, y todos lo miraron como si fuera una estupidez—. Puede pasar, ¿no?

—Que dispare las tres bengalas y que se retire. Al menos no nos hará perder más tiempo esperando.

Ya no recordaba ni dónde le había metido Tom la pistola de bengalas y las recargas. Era como estar en la puerta de un examen, y de repente se le borraba todo lo que había estudiado.

Sorbió aire por la nariz.

El plan de coger a Nanook por el camino ya no servía si iban todos juntos. Tenía solo dos opciones, o quedarse atrás o seguir adelante y no esperar al resto. Y como ella no iba a ser más rápida que el resto, solo quedaba ir por detrás y perder al grupo.

Bjorn se bajó enseguida de la moto y se digirió a la suya.

—No te apartes de mí —le dijo.

—No puedo ir en grupo y lo sabes —susurró ella.

Vio la losa en la espalda de Bjorn.

—No debes ir sola.

—No tengo opciones. —Bajó la cabeza.

El Kyrax no era una opción, aunque no lo llamase Nanook acudiría a ella en algún momento, y se vería rodeado de motos y perros. No sabía cuál podría ser su reacción. Podría huir y se acababa la posibilidad de ayudarlos.

Sonó el tambor y un cuerno. Todos guardaron silencio y se enderezaron. Bjorn tenía que regresar a su moto.

—Encárgate del grupo —le dijo ella—. Estaré bien.

Ni ella se lo creía.

—La bengala azul llama a los otros corredores.

—Que sí. —Lo empujó en el pecho—. Colócate.

Bjorn se retiró de ella.

—¡Joder!

Todos se sobresaltaron al oírlo. Nadie estaba acostumbrado a ver a Bjorn con aquel semblante.

Aurora se bajó de la moto de un salto y corrió hacia él, que estaba a medio camino entre las dos motos.

—Escúchame —le dijo en voz baja—. Así no vas a conseguir dirigir un grupo ni poner a salvo a nadie.

—Aurora, me estás diciendo que vas a ir sola.