Mi ángel de la nieve 42
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Tom había abierto su garaje y sacaba un motor enorme.

—¿Eso va a caber dentro de mi moto?

—Claro que sí y con lo pequeña que es, vas a volar —le decía poniéndolo en el suelo—. Pero quiero que te quede clara una cosa.

Aurora tenía el mapa del valle abierto y lo miraba recorriendo de nuevo los puntos de control.

—Es muy fácil que vuelques. Solo no te asustes, no te preocupes, levántate, endereza la moto y sigue —le decía el hombre.

—Sigo sin entender este hielo.

—Que tú sí puedes cruzarlo. Pesas poco, he sumado los kilos de la moto, podrás cruzarlo.

—¿Y si me caigo?

—Te congelarás de inmediato y morirás.

Contuvo la sonrisa al escucharlo.

—No vas a salir del punto de salida con Nanook, pero en cuanto quedes sola y atrás, silbarás y lo tendrás contigo. Nadie conoce mejor el camino que el señor del valle. Cruzarás el hielo con él sin problemas.

—La moto no puede andar en hielo.

—El hielo tiene nieve encima, cruzas, no te caerás, y llegarás a la torre de la tercera fase antes que nadie.

No le convencía, pero tampoco tenía muchas opciones.

Ambos se giraron al escuchar el sonido de muchas motos. Se apresuraron al camino. El padre de Maggie y otro hombre más fueron los primeros en aparecer.

—¿Qué ha pasado?

—El oso —dijo uno de ellos—. Ulrich, sus hijos y Viken lo han seguido, pero no han podido atraparlo. Se ha escapado.

—¿Solo es uno? —preguntó Tom.

Uno de ellos asintió.

—Pero dicen que es enorme. —Miró a Tom—. El oso gris.

Tom cruzó la mirada con Aurora y se apartó del camino para que siguieran adelante.

—Un oso gris —dijo Tom y ella se dio cuenta de que intentaba decirlo sin que sonase a mucha importancia para que no le diese miedo. Pero le daba pavor, un oso salvaje y agresivo siempre daba miedo, y mucho.

—En la fase cuatro, ya, pero qué hago con él. Quiero decir… él me sigue y a dónde demonios lo llevo. —Hizo una mueca—. Contando con que no me pille antes.

Tom entornó los ojos.

—Primero los Ballahios, luego el oso, luego los Ballahios.

Aurora asintió con la cabeza. Su carrera iba a ser bien diferente al resto.

Se oyeron más motos de nieve, pero esa vez ninguno de los dos se acercó, ambos se mantuvieron en el porche.

Aurora apretó los labios al ver a Bjorn entre Ulrich y Vivien, también había estado en la caza del oso.

Los observó mientras pasaban veloces y recibió aquellos latigazos de ligereza, el nerviosismo y el leve temblor de piernas al verlo junto a Vivien otra vez.

—Estos no han podido, ¿voy a poder yo?

—No. —Fue rotundo y ella se sobresaltó—. Pero Nanook sí.

Tom puso la mano sobre el hombro de Aurora.

—No lo llames hasta que todos estén lejos, no sabemos qué puede pasar.

Aurora asintió.

—Puede pasar hasta que no quiera correr conmigo —le dijo.

—No me refiero a eso —le dijo Tom y ella alzó las cejas sin entender, pero él ya estaba recogiendo el motor del suelo.

—¿Seguro que va a funcionar? A ver si me voy a quedar tirada en medio del bosque.

Tom rompió en carcajadas.

Aurora dio unos pasos hacia la carretera y dirigió la mirada hacia el grupo de motos mientras se alejaban.

Cogió aire mientras recibía aquellos latigazos que dolían por dentro.

Los ángeles pueden venir de muchas formas.

Ella tuvo a Bjorn y a Nanook.

Pero Bjorn y Nanook no tenían ángeles.

Apretó los labios y cogió aire.