Mi ángel de la nieve 38
85%

38

No había dejado pasar más de dos días, no podía soportar más aquellas circunstancias.

Era por la mañana, su tía no había dormido, la había escuchado llorar media noche, la otra noche la pasó con la mirada perdida en el fuego de la chimenea.

Tom iba con ellas, fue él quien abrió la puerta del polideportivo.

Allí estaba la enorme mesa con el libro de páginas amarillentas. Con una fecha, una lista de nombres por pueblos, el suyo tachado, el suyo a medio terminar de escribir donde se apreciaba hasta la raya de tinta que hizo el boli cuando Bjorn se la quitó.

En la pared había un tablón con la imagen del valle, donde ya había algo pintado de los puntos de control. Incluso había una cabeza de oso hecha de cuero pinchada en el aserradero, donde creían que podría estar.

Aurora cogió el bolígrafo y se lo tendió a su tía, esta dudó en cogerlo.

—Llevas años esperando esto, Agnes —le dijo Tom—. Y es el momento.

Tom miró a los ojos a Aurora y luego a Agnes.

—Dijiste que lo harías cuando ella estuviese aquí —añadió y Aurora fue consciente de todos esos asuntos que la tía Agnes quería dejarle a su cargo. Su tía quería hacerlo, pero no sola.

Tenía a Tom, la tenía a ella, y pronto y al fin Bjorn sabría la verdad. Y su padre quedaría como lo que realmente era. Un miserable. Como su hijo el de verdad.

Era muy fácil odiar a los Viken. La unión con los Housen iba a ser una bomba.

Agnes al fin cogió el bolígrafo.

Los tres bajaron los ojos.

Bjorn Viken. Familia Eriksen.

Bjorn Eriksen.

Ese era su nombre real, aunque iban a llamarlo Hans como su padre real.

La tía Agnes se llevó la mano a la cara y Tom se apresuró a rodearle los hombros, la mujer rompió a llorar.

—Es lo correcto. —Lo oyó decir.

Lo era.

A unos cinco días de la carrera era lo más correcto.

A ella misma le temblaban las piernas, tampoco había podido dormir. Por eso oyó a Agnes todo tiempo deambulando por la casa.

La puerta se abrió y los tres se giraron sobresaltados. Pero no era la silueta de Bjorn la que apareció, sino la de Henrik Viken.

—¿Qué piensas hacer, vieja loca? —dijo en un rugido que aligeró aún más las piernas de Aurora.

La tía Agnes se limpió con rapidez las lágrimas y se retiró de Tom y de ella.

—Lo que debería haber hecho hace tiempo —dijo dirigiéndose a él—. Inscribir al único corredor que tiene la familia Erikson.

Viken apretó los labios.

—No te atreverás —dijo él.

—Ya está hecho —le dijo Tom cerrando el cuaderno y colocándoselo bajo el brazo —. Y soy el encargado de custodiar el cuaderno desde hace años —añadió—. Así que no hay vuelta atrás.

Viken entornó los ojos.

—Cada día más loca —le dijo a su tía.

—Y tú más miserable —replicó Aurora enseguida.

Los ojos llenos de ira de Henrik Viken se dirigieron a ella.

—Atrévete a correr, niña, y haznos un favor a todos.

Aurora dio unos pasos hacia la puerta, rodeando a Viken.

—Voy por Bjorn. —Ya debería estar allí, no sabía por qué estaba allí Viken en vez de él.

Pero Viken la agarró del brazo y la giró con cierta inercia que le produjo dolor por donde la había cogido.

—Ni te atrevas. —Luego la empujó a un lado como si fuera un muñeco. A pesar de los años, Henrik seguía fuerte.

—Por supuesto que voy a atreverme —dijo ella embistiendo de nuevo con el que taponaba la puerta con su cuerpo gigantesco, ahora preparada para un nuevo agarre.

Pero no había forma de librarse de una bestia tan enorme. Volvió a agarrarla, la giró y la lanzó con más fuerza hasta que cayó al suelo.

—¡Aurora! —gritó Agnes.

—Pedazo de bestia. —Se puso en pie enseguida y embistió con tanta fuerza que hasta logró que Henrik diese un leve paso atrás.

—¡No se te ocurra, Viken! —le dijo Tom en un grito.

Sin embargo esa vez lanzó a Aurora con tanta fuerza que cayó y rodó en el suelo, la joven gritó con el golpe y su grito hizo eco en el polideportivo.

—¿Quién se va a entrometer? ¿Tú? —respondió Viken.

—No tienes ni idea —añadió Tom.

Se oyó un aullido de algo similar a un lobo tan fuerte y cercano que parecía que estaría detrás de la puerta. Los cuatro se dieron media vuelta.

Y la puerta se abrió.

Pero en el umbral solo estaba Bjorn forcejeando con Hakum para que lo soltase. Ahora entendía Aurora por qué llegó Henrik y no él. Cuando Viken vio a los tres entrar allí, hizo que Hakum detuviese a Bjorn.

Bjorn no tardó en ver a Aurora en el suelo y miró a su padre con desprecio.

—¿Lo has escuchado, papá? —dijo Hakum mirando hacia atrás.

Viken había dado un paso a la puerta. Tom contuvo la sonrisa.

No es un lobo y Henrik lo sabe.

—Aurora —dijo Bjorn recogiéndola del suelo—. ¿Qué les has hecho, papá?

De nuevo al aullido, está cerca. Nunca Nanook se había acercado al pueblo.

—¡Viken! —Se oyó fuera.

Eran Housen y Ulrich.

—Estábamos al fondo de la calle.

—¿Habéis visto algo?

—No, pero por todos los demonios del valle. Eso no un lobo —dijo Ulrich.

—Reúne a tus hijos, vamos a peinar los alrededores del pueblo.

Tom cruzó una mirada hacia Aurora. No era bueno que viesen a Nanook. Intentarían atraparlo.

Nanook sabía lo que estaba pasando en el interior del polideportivo, por eso se había atrevido a acercarse al pueblo.

—¿Qué te ha hecho? —le preguntaba Bjorn, pero apenas podía escucharlo. El pulso se le había acelerado sobremanera—. ¡Papá!

Ulrich y Housen salieron de inmediato y comenzaron a sonar los motores. Hakum fue con ellos por orden de su padre.

—¡Papá! —volvió gritar Bjorn avanzando hacia Viken, y al fin él miró hacia el interior del polideportivo.

Tom detuvo a Bjorn cogiéndolo del brazo y le puso delante el cuaderno de pastas negras de piel de la carrera.

—¡Tom! —gritó Viken entrando de inmediato.

Pero a Tom, al igual que a Agnes, las advertencias o amenazas de los Viken le importaban bien poco.

Bjorn pasó las páginas y se detuvo en la última.

—No te atrevas a correr —le dijo a Bjorn—. No te atreverías a retarme —continuó—. No te atreverás.

Bjorn no decía nada, le había dado tiempo de ver su nombre, pero ni siquiera había levantado la cabeza.

—Solo quiero saber el por qué —dijo al fin Bjorn.

Vio que tía Agnes abría la boca para responder, pero la cerró al ver a Bjorn mirar a Viken.

—Por qué eliges a cualquier otro antes que a mí. —En su voz se reflejaba la frustración y el dolor que le había provocado aquello—. ¿Por qué? —lo dijo en un grito que retumbó en las paredes.

Y volvió a oírse un nuevo aullido, pero más lejano.

Nanook sabía que el interior seguía tenso, sin embargo estaría intentando escabullirse de los que habían salido a buscarlo.

Aurora dio un paso hacia Bjorn y le puso la mano en el hombro, pero él no apartaba la mirada de Viken.

—Dime qué he hecho mal.

Le dolió escuchar a Bjorn decir eso, tanto que tuvo que entreabrir la boca para expulsar el aire y suavizar la tirantez de la garganta.

—No has hecho nada mal, Bjorn. —Era la voz de tía Agnes.

—Calla —le dijo Viken a su tía.

—Has sido mejor de lo que podría ser ningún Viken —añadió su tía.

—¡Calla! —El gritó retumbó y se cruzó con un nuevo aullido que le erizó el vello en todo el cuerpo. Nanook parecía estar más cerca de nuevo.

—¡No voy a callarme! —gritó también la mujer—. Nunca has estado en ese libro porque no eres su hijo, Bjorn —le dijo al fin, y Aurora bajo su mano noto cómo el hombro de Bjorn se tensaba—. Eres el mío.

Se hizo un silencio absoluto que hasta el Kyrax pareció respetar, porque detuvo aquella consecución de aullidos.

—No eres un Viken —continuó Agnes—. Eres un Erikson.

A Aurora le brillaron los ojos y miró de reojo a su tía. Tuvo que tragar saliva.

—¡Mentira! —gritó Viken.

—No es una mentira —replicó Agnes enseguida—. ¡No es una mentira! Me lo robaste, maldito desgraciado.

—Bjorn, sal de aquí —le dijo Henrik, pero este no se movió.

El joven giró la cabeza para mirar a Agnes un segundo y seguidamente a Tom.

—Dime que no es verdad —le dijo a Tom.

Pero Tom le respondió con la mirada, sin pronunciar una sola palabra. Con rapidez Bjorn la miró a ella.

—Y tú dime que no lo sabías.

Aurora pegó la lengua al paladar mientras todo su cuerpo se bloqueaba. Los ojos se le llenaron de lágrimas de inmediato. Bjorn negó levemente con la cabeza.

—Dime que no lo sabías —le repitió en un susurro y sus palabras cayeron como una losa sobre su pecho.

Las lágrimas de Aurora aumentaron.

Bjorn bajó la mirada y la cabeza, se retiró levemente de ella haciendo que la mano de Aurora resbalase y la tuviese que apartar.

El silencio duró unos segundos, Bjorn dio un paso hacia Viken.

—Podrías habérmelo dicho —le dijo con una dureza que podía sentirse por dentro—. Al menos hubiese tenido una explicación que no doliera.

Rodeó a su padre y salió de allí.

Su primer arrebato fue seguirlo, pero Tom la sujetó.

—Pedazo de… —Viken arremetió de nuevo contra Agnes—. ¡No tienes ninguna prueba!

—Claro que las tengo —respondió Agnes—. Y en cuanto Bjorn esté preparado lo arreglaremos. —La mujer dio un paso hacia Viken—. Me robaste a un hijo, maldito hijo de puta, pero no voy a dejar que a mi hijo le robes la vida.

Henrik se inclinó hacia su tía.

—No vuelvas a cruzarte en mi camino, Agnes.

—No te tengo miedo, Henrik. Creo que siempre te ha quedado claro —respondió su tía al no apartar la mirada de él un ápice—. Y no vuelvas a tocar a mi sobrina o hacerle daño a mi hijo porque esa garra que encontraste en mi casa del lago acabará en tu cuello. Eso te lo juro por Hans.

—No tuve la culpa de lo de Hans —replicó enseguida Viken.

—Eres un miserable y un canalla —le dijo Agnes enseguida—. Pero a Hans lo mató la nieve.

Viken movió la mandíbula y dio un paso hacia la puerta.

—No te cruces en mi camino —volvió a repetirle a Agnes, y luego la miró a ella—. Y tú ya sabes cómo terminan los tuyos en el bosque.

—El bosque ya decidió —le contestó la joven a Viken.

Y él la miró un instante antes de marcharse.

—El bosque es caprichoso, niña. Si quieres comprobarlo, acepta esa carrera.

Viken desapareció del umbral y se oyó de nuevo el aullido de Nanook.