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Dejó caer el abrigo y quedó únicamente con aquel mono negro, que era como una malla térmica forrada de lana que compró en una tienda de esquí y que hasta aquel día no había estrenado.
De hecho no había estrenado apenas ropa de la que llevó, pensó que no era lo suficiente térmica y ahora sin embargo le estaba sobrando.
Se retiró levemente de la boca de Bjorn, pero lo vio entreabrir los labios y le introdujo de nuevo la lengua. El tintineo comenzaba a escocer y era cada vez más insoportable, así que se apretó contra el saliente de roca dura de los pantalones de Bjorn.
Puffff, y eso que está por debajo de la ropa.
Y lo quería sin ropa. Le bajó el abrigo de los hombros y este cayó al suelo. Retiró el jersey de Bjorn y entreabrió los labios para sorberle la piel fina del cuello.
—Para, o va a ser más difícil después. —Lo oyó susurrar en su oído, antes de un leve gemido, que hizo que las punzadas que estaba soportando fuesen tan fuertes que tuviese que encogerse y apretar las piernas.
Y una mierda voy a parar.
Lo volvió a escuchar gemir.
No voy a parar.
Le recorrió todo el lateral del cuello de nuevo hasta su mandíbula y noto cómo a Bjorn se le erizaba la piel.
Y se retiró de él levemente para mirarlo a los ojos.
No le dio tiempo siquiera de regodearse del estado en el que tenía a Bjorn, él la atrajo a él con rapidez la rodeó al completo para empujarla hacia las escaleras mientras se abalanzaba a su cuello.
Notó cómo le sorbía la piel del cuello bajo la oreja y el escalofrío placentero le recorrió la espalda. Retiró los labios de su cuello y volvió a sus labios.
Bjorn la cogió en peso y ella le rodeó el cuerpo con las piernas, buscando aquel saliente de roca dura, y apretándola contra aquella punzada molesta que escocía la oleada.
Apenas fue consciente de que estaban ascendiendo por la escalera, se sentía flotando mientras el roce del movimiento calmaba en parte el ardor.
Llegaron arriba, una planta de pared y suelo de madera, un pequeño pasillo y otras escaleras. Pero no siguieron subiendo.
Apenas pudo ver dónde habían entrado, había poca luz, tenue y amarillenta, agradable. Una cama y quizás una silla, no sabía bien lo que era, no le importaba.
Solo le importaba él.
Le quito el jersey y la camiseta interior, y él logró bajarle la cremallera de aquel mono elástico hasta su ombligo, descubriendo que había poca cosa debajo.
Lo vio bajar la mirada y le encantó su reacción. Le agarró la correa del pantalón y lo atrajo a ella para besarlo de nuevo.
Lo sintió bajarle el mono de los hombros y tuvo que ayudarlo a que le liberase los brazos.
Ya solo le quedaba descubrir de ropa medio Bjorn y como no lo hiciese rápido, él le ganaría la partida.
Así que desabrochó el cinturón y le bajó los pantalones.
Pero él ya la había tumbado en la cama para quitarle las botas y aquella funda elástica que tan bien se adhería al cuerpo proporcionándole calor.
Y Bjorn ganó la batalla. Aurora estaba tendida boca arriba en la cama y completamente desnuda mientras que él solo tenía desabrochados los pantalones. Una abertura justa para que al menos pudiese apreciar aquel saliente en el relieve del valle de Bjorn bajo la ropa interior.
Lo vio mirarla de nuevo, recorriendo su cuerpo de arriba a abajo. Y su mirada hizo que se incorporase con rapidez para agarrarlo del pantalón y arrastrarlo sobre ella.
Con Bjorn ya tumbado pensaba que sería más fácil, pero él había descubierto la línea exacta que dividía su cuerpo por la mitad. Y en el recorrido de aquella carrera, entre los pechos, el ombligo y lo que tenía entre las piernas, le era difícil concentrarse en él y su ropa.
Así que se dejó caer completamente en la cama y se rindió a Bjorn.
Gimió y se encogió por cierta parte que tenía ya ardiendo, húmeda y temblando.
Bjorn regresó a su cuello de nuevo, no sintió esa vez el roce de su pantalón, solo el de la licra de la ropa interior, pero esta no tardó en desaparecer.
Cuando fue consciente de que estaba desnudo bajó la mirada enseguida para ver lo que tanta ropa había estado tapando tanto tiempo.
Y en cuanto vio aquello, su mano se fue hacia allí de inmediato, sin pensarlo, sin que ni siquiera se lo hubiese ordenado. Lo oyó gemir de nuevo y sintió sus dientes en el hombro.
Bjorn le abrió las piernas para colocarse de rodillas en la cama y la alzó pegándola a su cuerpo, con aquella envergadura de duro hielo ardiendo era difícil fallar, y tal y como estaba ella, entró directa.
Miró a Bjorn con la espalda aún apoyada en la cama y le apretó la mano, quedaba algo más y estaba deseando. Lo vio mover la cadera y la sintió dentro. Hasta el fondo.
Se agarró con fuerza a Bjorn y él la ayudó a incorporarse hasta que quedó sentada sobre él, con las piernas cruzadas a su espalda.
Lo abrazó al completo para no caerse de espaldas y Bjorn la agarró para poder moverla. Inconscientemente chocó su barbilla con la de él al estirar el cuello con el primer movimiento, expulsó todo el aire que le quedaba y dejó caer los párpados para mirarlo.
Lo sabía desde la primera vez que lo vio.
Él y ella eran capaces de derretir el valle.