37 #3
Como una puta cabra.
Miró a Bjorn, no había mantenido su compromiso de no correr.
—No —le dijo él de inmediato al ver su expresión.
Pero aquellas cosas era mejor no pensarlas mucho.
Echó a correr hacia mesa grande del histórico del libro de carreras, un cuaderno grande de páginas amarillentas. Ya de lejos podía verse escrito a mano su nombre y luego tachado.
Cogió el bolígrafo, solo le dio tiempo a escribir su nombre, Bjorn le arrebató el bolígrafo.
—Olvídalo. —Alejó el bolígrafo de ella—. Es peligrosísimo lo que pretendes hacer.
Tom y tía Agnes se habían acercado con rapidez.
—Van todos —replicó ella.
Aunque ya sabía la respuesta que daría Bjorn, la que darían todos allí.
—Pero no es lo mismo. —Bjorn dejó caer el bolígrafo en la mesa.
Sintió la mano de tía Agnes en el brazo.
—Déjalo, niña —le dijo a pesar de haber sido la primera a la que se le ocurrió aquella locura.
Y no la culpaba ni a ella ni a Tom. Ellos sabían que en otras manos, una moto de nieve y un Kyrax eran una posibilidad. Y el alcalde Scott se lo había confirmado, «veinte años menos y un Kyrax» para solucionar aquello de una vez. Como solía solucionarlo Hans.
Pero no eran otras manos, eran las suyas. Las de una extranjera que poco sabía de nada allí.
El pecho le iba a explotar. No forcejeó para seguir escribiendo su nombre, rodeó a Bjorn y se dirigió con rapidez hacia la puerta.
—Lo veíamos venir. —Logró descifrar uno de los susurros.
—Es que es una locura —decían otros.
—Solo dará problemas y pondría en peligro al resto.
Aligeró el paso y abrió la puerta del polideportivo, ni siquiera notaba el frío cortante en la cara, aún tardaría un rato en enfriarla. Se abrochó el abrigo sin embargo y siguió caminando.
—¡Aurora! —Se mezclaban las voces de Bjorn, de Tom y de tía Agnes.
No quería ni siquiera hablar con ellos.
Espiró con fuerza, aquellos idiotas de Hakum y las Housen la habían humillado, empujado, herido, y ni siquiera tenía la posibilidad de defenderse de verdad y aceptar aquel reto.
Sintió cómo los ojos se le inundaban de pura ira que no podía dejar explotar de ninguna manera.
—¡Mierda! —Pateó un poste de madera y le salpicó nieve de la parte superior.
—¡Aurora! —El grito de la tía Agnes hizo que reaccionase.
Bjorn llegó a ella.
—Olvídalos —le dijo rodeándole los hombros con el brazo.
—¿Que los olvide? —Cuanto más se lo repetía, más se encendía.
Que Bjorn no la entendiese la ponía infinitamente peor.
—Es lo mejor.
—Lo mejor para quién. Porque para mí no está siendo lo mejor —replicó.
Se detuvo enseguida, no quería reflejar aquella impotencia con Bjorn, no podía trasladarle a él su propia frustración.
Pero tampoco creyó que correr lo resolvería. Confirmar delante de todos que Karina, Vilma y Hakum llevaban razón.
Se apartó de Bjorn y se llevó las dos manos a la frente para agarrarse el flequillo. Explotaría en llanto y en gritos. Les dio la espalda a los tres.
—Aurora. —Oyó la voz suave de Maggie y se giró enseguida. Maggie sonreía a pesar de estar viéndola así. La joven le puso la mano en la mejilla—. Gracias por lo que ibas a hacer por mí —le dijo y amplió la sonrisa—. Pero no merece la pena.
Frunció el ceño. No lo entendía. Más de la mitad del pueblo la estaba repudiando, allí eran muy conservadores y ella estaba embarazada y había un silencio sepulcral respecto al padre. Si alguien lo intuía, no se atrevía ni a hablar.
Aunque la mayoría seguramente no lo sospechaba.
La barriga de Maggie ya era notable, tampoco se podía ocultar. Además ya vivía sola en el piso superior de la chocolatería a cargo de tía Agnes.
—¿Que no merece la pena? —El peso en los ojos se tornó de la ira a otra cosa, y era más difícil de contener.
Cómo no iba a merecer la pena tener la posibilidad de que Maggie limpiase esa condena que llevaría durante tiempo y que Hakum reconociese en público que era un miserable.
Maggie negó con la cabeza.
—¿Y si acabas muerta… o herida? No merece la pena. —La joven le apartó el pelo del cuello para verle lo que le había hecho Vilma.
Tenía que reconocer que las posibilidades de ganarle a los Viken y a los Housen eran pocas. Cogió aire y lo soltó de golpe.
Tía Agnes negó con la cabeza, pero no logró identificar bien si era porque era lo correcto o porque no.
Estaba nerviosa, le temblaban las piernas, las muñecas y le tintineaba la garganta.
Tom guardaba silencio, era el que más alejado estaba de ella. Cruzó con él la mirada un instante. Esperaba que dijese algo o al menos que negase con la cabeza como tía Agnes, aunque la ambigüedad de esta tampoco le quedaba clara.
Era curioso cómo los veteranos parecían estar a favor de la carrera y sin embargo Maggie y Bjorn, los jóvenes, no. Quizás por eso buscaba la mirada de Tom y de Agnes, solo necesitaba un pequeño empujón para echar a correr y dejar allí puesto su apellido.
—No vas a volver ahí dentro. —Bjorn tiró de ella. Luego miró a la tía Agnes—. Luego la dejo en casa —le dijo con cierto compromiso. Si tía asintió con la cabeza.
Se dejó llevar por Bjorn unos metros, iría camino al aparcamiento. Le resultaba extraño verlo sin sus perros.
—Me prometiste que no ibas a hacer tonterías —le dijo.
—No tengo muchas opciones. —Llegaban hasta la moto de nieve.
Bjorn alzó las cejas y Aurora negó con la cabeza.
—No van a respetarme jamás —dijo ella montándose en la parte trasera de la moto de Bjorn.
—No debe afectarte —respondió él, subiendo también.
—Pues me afecta —lo dijo ya en la espalda de Bjorn, que acababa de arrancar la moto.
Emprendieron la marcha, pero él giró la cabeza para mirarla.
—¿No ves lo que intentan? —preguntó él.
Estaba claro que estaban intentando animarla a correr. De eso no había duda, era un descaro.
—Al principio cuando vieron allí mi nombre, cuando Tom y mi tía escribieron mi nombre, se ofendieron. Me retiro y tampoco les gusta.
—Quieren que lo hagas —respondió Bjorn.
Rodeó la cintura de él para agarrarse bien.
—Y digas lo que digas, debería hacerlo.
Bjorn volvió a girar la cabeza.
—¿Qué sabes de la carrera? —preguntó él.
Nada. Absolutamente nada.
—Que no hay que quedarse atrás —respondió ella y él negó con la cabeza.
Lo oyó suspirar.
Bjorn no se detuvo en la casa de tía Agnes, se dirigió hacia la colina.
—La carrera no tiene un recorrido exacto, dura horas, horas de poca luz y acaba en noche cerrada —dijo él.
Ella frunció el ceño.
—Dijeron que iban a limpiar las trampas en el recorrido. —No le cuadraba con lo que decía Bjorn.
Lo vio contener una carcajada con ironía.
—No hay recorrido realmente —respondió Bjorn—. Solo puntos por donde tienes que pasar. Fases. El recorrido es el que tú quieras marcar para adelantar al resto —seguía diciendo.
Maaaaadre mía.
—Y sin guía, Aurora, acabarías en un barranco.
Desde luego.
—Puedes atravesar el lago si quieres, pero con una moto acabarías en el fondo congelada.
Aurora giró la cara hacia un lado, no tenía puestas las gafas, las dejó en el polideportivo, le molestaban los ojos.
—En la carrera el bosque es tuyo —seguía Bjorn—. Podrás ver los puntos de luz de los controles, pero poco más.
—¿Y dónde están esos controles?
—Depende del año, se inspecciona el terreno y se colocan las torres, un ambigú para la gente y se hacen hogueras.
Sonaba cada vez peor y más interesante.
—Y este año con el extra del oso y esa gentuza, ¿no?
Bjorn ladeó la cabeza.
—Este año es el año que más me gustaría participar —dijo Bjorn.
Aurora contuvo la sonrisa.
—¿Y si corres tú?
—Mi hermano y mis primos, ya lo has visto.
La joven frunció el ceño.
—No puede prohibírtelo.
—Por tradición los mayores son los que inscriben a los que representan su familia. Mi padre eligió solo a Hakum —dijo él—. Si lo hago por libre, sería una deshonra que no me permitiría no mi padre, sino ningún Viken. —Se giró para mirarla—. No somos los únicos del pueblo, aunque a veces lo parezca.
Ya iban por la mitad de la colina.
—No me parece justo. —Y no lo era.
Bjorn se inclinó hacia delante para acelerar.
—Este pueblo no tiene muchos entretenimientos, las fiestas conjuntas que solemos hacer en verano, o esta de invierno, solemos vivirlas a lo mejor con más importancia de la que tienen —dijo Bjorn aminorando la marcha.
Aún no habían llegado a su casa. Sin embargo detuvo la moto y apagó el motor.
Se giró al completo hacia Aurora.
—Cuando eres pequeño ves a los que corren. Este año no pinta ser muy larga, pero hay años que dura hasta tarde —le decía Bjorn.
Desde aquel punto cercano a la casa de la colina podría verse ya el valle completo. La mayor parte era tan solo una extensión de copas de árboles, pero podía distinguir el aserradero, el lago, las cuevas…
—Y entonces comienzan los juegos y las carreras en el pueblo después de clase —continuaba él—. Sueñas con el día en que tus padres escriben tu nombre.
La miró a ella.
—Pero ese día nunca ha llegado para mí —añadió.
Aurora dejó caer los párpados sin dejar de mirarlo.
El hijo de puta de Henrik Viken.
Robó a Bjorn para él, pero entonces no esperaba tener un hijo biológico. Y teniendo un hijo biológico, ¿cómo iba a dejar correr al robado que no era de su sangre por la familia Viken?
Y no era justo que Bjorn se sintiese desplazado de aquella manera.
Si era ella, que acababa de llegar, que al fin y al cabo no era de la sangre de Agnes y le dolía que la despreciaran, que no la creyesen capaz.
No quería ni imaginar la decepción de Bjorn año tras año, y más aún aquel invierno en que no era solo una carrera, era intentar liberar a los pueblos del valle del infierno de un invierno extraordinario y peligroso.
Podría ser el año de su carrera. Era la carrera que él merecía. Aunque lo superase un Viken, un Housen, un Ulrich o cualquiera de los otros. Merecía la oportunidad.
Dejó caer la frente en el hombro de Bjorn.
—Lo siento —le dijo.
—No es nada —respondió él, aunque ella sabía que no era verdad—. Ya te dije antes que olvidases esa posibilidad. Hay muchos que queremos correr también y lo olvidamos.
Aurora levantó la frente de su hombro y alzó la mirada hasta sus ojos.