Mi ángel de la nieve 37 #2
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37 #2

—¡Vivien! —Scott se apresuró a acercarle una salchicha—. No has probado nada mejor en tu vida, reconócelo.

Vivien contuvo una carcajada.

—Mis hermanos no dejan de hablar de ellos. —Vivien le dio un bocado a la salchicha—. Un oso, un Kyrax. Quieren ir a explorar el bosque.

—Si hubiese uno, Viken ya lo habría encontrado para él, créeme. Tiene a sus hijos día y noche rastreando.

Quizás eso explicaba la obsesión de que fueran sus hijos los que encontrasen al oso.

Henrik Viken no solo estuvo buscando al oso desde el primer momento, y en ese momento lo entendió perfectamente.

Quería un Kyrax para él o para Hakum. Para Bjorn no lo creía.

O sí. Al fin y al cabo era un Viken de apellido.

Pero el Kyrax prefirió a la forastera.

—¿Que hay un Kyrax en el bosque? —Vilma se metió entre ellos, mientras que Karina rodeaba al grupo, de manera algo más educada. Y pudo ver a Hakum tras ella, aún ayudándose de un bastón.

—Eso dicen —respondió Vivien mientras Scott repartía salchichas a dos de sus hermanos más mayores.

—¿Y quién lo dice? —Hakum cogió una salchicha de las manos de Scott por delante de uno de los Ulrich.

Todos los jóvenes que tenían delante eran participantes de la carrera, solo una parte. Los envidió uno por uno. Ellos tenían la capacidad para hacerlo, la confianza y el apoyo absoluto de su pueblo o aldea. Daba igual quién ganase, el trofeo esa vez era otro, liberar a su gente.

Un grupo de super héroes aunque algunos fuesen unos miserables.

—Dicen que puede haber, que es diferente —respondió Karina—. En teoría debe estar en alguna parte. Pero a lo mejor se marcharon para no volver.

Se unieron aquellas amigas rubias de Vilma y Karina. Más heroínas de la carrera.

—O alguien lo ha visto ya y no dice nada porque lo quiere para él —dijo una de las amigas de Vilma.

—¿Lo quiere para él? —dijo Scott riendo—. No funcionan así. ¿Qué demonios de historias os han contado?

—Que son grandes como osos. —Vilma cogió una de las salsas de la mesa y le echó a su salchicha por encima.

Sí, son grandes como osos, Vilma.

—Y que son capaces de hacer huir a un oso —dijo uno de los hermanos de Vivien—. No me imagino yo a ningún animal deteniendo a un oso.

Sí, detienen a osos.

Aurora había bajado la mirada un instante, notaba la garganta seca, la conversación se estaba haciendo incómoda. Pero aun así quería estar allí.

—A ti todo esto te sonará a creencia absurdas, ¿no? —le preguntó Vivien.

—No, no —se apresuró a responder.

—Será como oírnos hablar de dragones y unicornios —dijo riendo un hermano de Vivien.

Aurora sacudió la cabeza negando con ella.

—Para nada. Sé que son vuestros señores del valle.

—Me encanta cómo suena ese nombre —dijo el otro hermano Ulrich.

—Le parecerán cuentos para entretener a los niños y asustar a las viejas —dijo Vilma sin mirarla, se había inclinado para coger servilletas—. Ni siquiera sabrá qué demonios es un Kyrax.

Aurora no respondió e intentó no hacer ningún movimiento.

—¿Cómo va a saberlo? —Hakum cogió otra salchicha—. Ni siquiera parece saber lo que es el bosque.

Ella entornó los ojos.

—No ser una de vosotros no significa ser tonta —replicó. Ya comenzaba a hartarse de que la tratasen como una imbécil por no tener sus destrezas. Jodía no tenerlas ya de por sí, como para que encima se lo estuviesen recordando.

Hakum la miró de reojo.

—Pues intenta que al menos no lo parezca. No dejas de perderte y de joder a mi hermano.

Hakum debía saber que su hermano estaba con ella. El ataque estaba siendo directo y nada sutil.

—Pero no he pisado ninguna trampa de Ballahios —respondió y vio cómo la tez blanca de Hakum se tornó rosada de inmediato.

—Mira, niña de Milán. —Se acercó a ella tan rápido que vio cómo los Ulrich se sobresaltaban.

Por un momento Aurora pensó que la cogería por el cuello—.

Vuelve a esa carrera, a ver si eres capaz de pasar al menos de la primera fase.

—Le clavó los ojos en los suyos—. Tendríamos que recogerte a trozos en el primer punto de control.

Intentó mantenerle la mirada a Hakum sin pestañear. Claro que quería participar, pero sabía que aunque lo hiciese poco podía hacer. No estaba al nivel, lo sabía. Necesitaría un año para prepararse. O dos.

Eso sin contar con que quedaría atrás rápido y posiblemente se perdería.

—Tu hermano no le deja —rio Vilma.

—¿Por qué? —preguntó Vivien mirando a unos y a otros.

—Porque no es capaz de cruzar tres árboles sin perderse, dos pendientes sin caerse —Vilma aguantaba la sonrisa—, ni un lago sin romper el hielo.

Tuvo que contener la respiración para no explotar.

—Se vino arriba y llegó a apuntarse el primer día —añadió Vilma sin dejar de mirar cómo iba encendiéndose poco a poco—. Pero ha cambiado de opinión.

Sintió que había apretado la mandíbula tanto que le dolían las encías. Oyó hasta la válvula que soltaba la presión, no era capaz de aguantarla dentro. Explotaba.

—No he cambiado de opinión. —Miró a Vilma y luego a Hakum.

—¿Quieres hacerte la valiente por un día? —le dijo Hakum—. No vamos de paseo.

—No la presionéis —dijo Scott empujando levemente a Hakum para que se apartase de ella—. No está bien que corra si lleva tan poco tiempo aquí.

Vio que Vilma contenía la sonrisa. No se fiaba de ella un ápice, ya le había demostrado de lo que era capaz.

—¿Miedo? O al fin te has dado cuenta de que no vales para este lugar —le dijo Vilma.

Vivien seguía mirando a unos y a otros.

—Ya —volvió a decir Scott.

Hakum seguía con los ojos clavados en ella. Scott no pudo detenerlo, él había dado un paso más hacia ella. Su estatura la intimidaba sobremanera.

—Corre con nosotros y si no pasas de la primera fase, promete que te meterás la lengua en el culo, y te irás de aquí para no volver nunca —le dijo Hakum.

—Correré. —Vio que Vilma sonreía, al fin se había salido con la suya—. Y si te gano, promete que reconocerás en público que el hijo de Maggie es tuyo. —El tono encendido de Hakum se tornó de un rojo absoluto de inmediato—. Y que eres un miserable.

—¿El hijo de Maggie es tuyo, Hakum? —Se oyó la voz de Vivien.

Karina, la hermana de Vilma, se entremetió entre los dos empujándola con fuerza.

—¡Pedazo de…! —dijo Karina y volvió a empujarla, Aurora tuvo que dar varios pasos atrás para mantener el equilibrio y no caer de espaldas. Y fue una suerte que su espalda chocase contra algo que la hiciese rebotar y poderse lanzarse hacia Karina ella también.

—Vais a tener que robarme la moto otra vez para no hacer el ridículo con la forastera —le dijo Aurora empujándola y Katina rebotó en Hakum. Y su rebote enganchó el pelo de Aurora.

Ahora fue Vilma la que la empujó a ella.

—Tú y tú también —decía Aurora señalando a las Housen, mientras alguien la arrastraba hacia atrás apartándola de las dos jóvenes—. Los tres —añadía alzando la voz. A Karina y a Vilma las habían sujetado Hakum y los Ulrich—. ¡Imbéciles!

Estaba ya a unos metros de ellos. La gente había abierto una especie de pasillo y estaban atentos a la disputa.

—¡Cobarde! —le gritaban desde el otro lado.

—Van a recogerte a trozos cuando deshiele.

Forcejeó para que la soltaran, le ardía tanto el cuerpo que necesitaba liberarse y seguirlos insultando.

—¡Aurora, ya! —Era la voz de Bjorn tras su espalda y fue consciente de que era él el que la estaba agarrando.

Cerró la boca y dejó de hacer fuerza.

Hijos de la grandísima puta.

Se irguió cuando Bjorn la soltó.

—¿Se te ha ido la cabeza? —le dijo Bjorn.

—¿Yo? ¡Ellos! —replicó mirando a Bjorn—. Y ahora mismo voy a poner mi nombre en la lista de esa puñetera carrera.

Rodeó a Bjorn para ir a la mesa donde estaba la lista, pero él le cogió del brazo. Las Housen y Hakum dijeron algo más desde el otro lado invitándola a atreverse de nuevo contra ellos.

El hermano de Bjorn dio unos pasos hacia ella.

—¡Hakum! —Bjorn metió el cuerpo entre ambos. Pero Hakum señaló a Aurora.

—Llega antes que los Viken y los Housen —le dijo a Hakum—. Y haré lo que pides.

—Hecho. —Se liberó de Bjorn aprovechando que este estaba sujetando a su hermano—.

Pero escucha, pedazo de imbécil—. Si pones un pie en la meta después, o si…

—Hakum sonrió—. Tenemos que recogerte rota de algún rincón del bosque…

—La cara de furia de aquel joven daba miedo—.

Viva —añadió—, no vuelves a acercarte a mi hermano.

—¡Hakum! Se acabó —le decía su hermano.

Ahora apretó los labios y vio que Hakum hacía una mueca de satisfacción.

—Lo justo es que las consecuencias sean perder —añadió.

Hakum hizo de nuevo el gesto de antes.

No puede ser más capullo.

Vio la expresión satisfecha de Vilma y de su hermana. Pensaba que Karina era algo más cometida, pero ya estaba viendo que no, que a la hora de la verdad las dos eran miserables. Vivien tenía un tono más neutral, quizás aquello era lo más divertido que hubiese visto en años.

—Ahora no. —Bjorn, sin soltar a Hakum, pidió con su espalda que ella se acercase a él.

—Hecho —le dijo sin embargo. Sintió otra mano agarrándola y tirando de ella.

Hakum se dirigió a los curiosos.

—La forastera nos reta, ¿la habéis oído? —dijo Hakum en voz alta—. Dice que llegará antes que los Viken y los Housen.

Se oyeron risas en el polideportivo. Bjorn se apresuró a soltar a su hermano y la rodeó para sacarla de allí.

—¿Qué dices, Bjorn? —preguntó Hakum—. ¿Te atreves? Eres un Viken también.

Bjorn se giró para mirar a su hermano un instante.

—Déjala en paz —le replicó—. Y a mí también.

Hakum contuvo la sonrisa.

—Ya no necesito meterme más con ella —respondió Hakum a su hermano—. El bosque decidirá el resto. Y un oso. Y los Ballahios.

Estoy como una puta cabra. Vaya marrón en el que me he metido.

Le ardía hasta el cuello, ya no recordaba si en aquel cruce de empujones alguien se lo había agarrado. Al parecer sí, le escocía. Quizás fue Vilma al intentar engancharla del pelo, o no fue del pelo y desde el principio quiso arañarle bajo la cara.

El resultado habían sido tres arañazos no muy profundos, pero que le habían dejado la piel en carne viva.

Su cuerpo iba siendo consciente poco a poco de lo que había dicho.