Mi ángel de la nieve 35
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Cuando Agnes vio la moto bajo el porche lateral espiró el aire aliviada. Pensaba que Aurora estaría con Bjorn, pero el propio Bjorn llegó a la chocolatería a buscarla.

Y si Housen no lo hubiese requerido, habría llegado antes que ella a la casa.

—¡Aurora, por Dios! Casi me da un infarto —dijo alzando la voz, seguramente ni la escucharía desde dentro.

Abrió la puerta y se inmovilizó de inmediato.

El Kyrax estaba acostado en el suelo, junto al sillón de la chimenea, como solía hacer el de Hans cuando su dueño se sentaba en él.

Contuvo la respiración, no eran iguales. Quizás el color del pelaje, pero algo cambiaba en sus ojos. El animal enseguida levantó la cabeza irguiéndose como una esfinge al verla.

No podía moverse, era un lugar cerrado y era un animal poderoso.

Aurora estaba sentada en el sillón. Y sonreía mirando con orgullo a su Kyrax.

Pero este era el doble de tamaño que el de Hans, de lejos lo apreciaba grande, pero lo era aún más. Las fauces amedrentaban sobremanera.

Un animal perfecto y mágico, la verdadera leyenda del valle.

Y el guardián de su sobrina.

Ella se levantó despacio y el animal enseguida se puso en pie, lo que la hizo dar un paso atrás. Aurora y Bjorn le habían hablado del tamaño, pero aun así no llegó a alcanzar a imaginarlo.

—Lo he traído a casa, espero que no te importe —le dijo Aurora.

Pero no podía ni responderle, solo negó con la cabeza.

Su sobrina colocó la mano sobre el cuello del animal y este la seguía hacia la puerta. Se apartó para que ambos pudiesen salir y los dos salieron despacio, sin prisa. Su sobrina tendría que confiar mucho en él para llevarlo a casa.

—Bjorn te está buscando. —No quiso cruzar la mirada con el animal, a pesar de notar cómo este buscaba la suya. La manía de los Kyrax de mirar a los ojos de aquella manera humana. Y atravesarte con los suyos.

Aurora no reaccionó. Pensaba que le alegraría saberlo, pero no reaccionó de ninguna manera.

—Voy a la arboleda —le respondió.

Y siguió caminando hasta alejarse de la casa.

El andar seguro y sublime inconfundible de los Kyrax sobre la nieve era completamente hipnótico, a la altura del más poderoso de los felinos.

Sonrió al verlos.

No sabía si Aurora sabría que el Kyrax le sentaba realmente bien.