30 #2
Lo vio mirar de reojo a Bjorn antes de dar un paso hacia ella, alargó la mano hacia su enorme cabeza, se le había olvidado quitarse el guante, no podía notar su tacto suave y pelaje mullido.
En cuclillas apenas le llegaba la frente al pecho del perro, le gustaba hacerse pequeña en su presencia, era como una muralla de pelo tras la que no había peligro alguno.
Nanook se sentó junto a ella, pero de cara a Bjorn, sin quitarle el ojo de encima ni para pestañear.
—Ya lo conoces, creo —le dijo al animal sonriendo mientras le acariciaba el lomo.
Y giró la cabeza para mirar también ella a Bjorn.
Bjorn estaba inmóvil, podría notar cierto brillo en sus ojos, el impacto de verlo fue una reacción inmediata en su garganta. Se había acostumbrado tanto a Nanook que no recordaba el significado de lo que era.
Nanook cruzó fugazmente la mirada con ella y luego volvió a mirar a Bjorn, y Aurora tuvo que contener la sonrisa, porque casi pudo ver clara su expresión y sus pensamientos, como si pudiese leerlo dándole una actitud completamente humana, y era un claro «¿Este es al que tengo que soportar a partir de ahora? ».
Sacudió el lomo de Nanook riendo y vio el desconcierto en el rostro de Bjorn.
—¿Qué te parece?
Lo miró para que le diese respuesta. Pero Bjorn solo negó con la cabeza, no tenía palabras. Para un Kyrax nunca las había. No solo era su físico imponente, era toda la estela que desprendía, lo recordaba de los primeros días antes de hacerse a él.
—Pues este es mi amigo del bosque —le dijo a Bjorn mirando de nuevo a Nanook y le rascó en el cuello bajo la oreja. Con guantes no sería igual tampoco para él, pero seguía sin moverse de su lado.
Nanook se irguió poniéndose en pie y levantó la cola, pero su mirada se había fijado ahora en algo que había detrás de Bjorn. Bjorn se giró enseguida para ver qué era. Una silueta blanca caminaba dudosa hacia ellos.
—Sila, no. —Pero ella seguía avanzando, algo más agazapada, como la que sabe que estaba haciendo algo no permitido.
La curiosidad extrema, la inconsciencia, el atrevimiento…
Sila no era diferente a ella y a Blum, aunque lo supiese disimular bien.
Y la perra llegó hasta Bjorn, pegándose por completo a su muslo.
Nunca había visto tan cerca a un perro de Nanook, ahora sí que pudo comprobar realmente lo extraordinario de aquel tamaño de Kyrax y no a ojo como solía hacerlo cuando lo veía. Sila parecía un pequeño muñeco de peluche, estrecho y delgado.
—Ella es Sila —le dijo a Nanook mientras le rodeaba el cuello, como si eso fuera suficiente para evitar un ataque si él quisiera—, pero también la conoces.
Tras Sila, pero menos atrevidos y menos expuestos, comenzaron a aparecer siluetas.
—El de la izquierda en Blum, el que hace tantos agujeros por el bosque —siguió hablándole al animal. Ni siquiera notaba su lomo tenso. Estaba tranquilo aunque no había vuelto a sentarse —. También lo conocerás.
Se inclinó para seguir diferenciando las siluetas del resto.
—Zor es el que está tras el tronco, Zuko el de atrás del todo.
—Buscaba a Max, era el más cercano a Bjorn, al otro lado—.
Y Max ese de ahí. —Pasó de nuevo la mano por el lomo de Nanook.
Ni siquiera se le había erizado el pelo, no atacaría.
Sabía que aquella manada no era ajena a ella, podía sentirlo.
Se cruzó de nuevo con los ojos azul hielo del Kyrax. Él ya los conocía a todos, desde el primer día los vigiló todo el tiempo. Y ahora los estaba aceptando cerca de él.
Un avance pequeño, pero que le había angustiado muchas noches, pensar en el encuentro de Nanook con Bjorn y su manada, y las posibilidades de que saliese mal.
Había salido bien, sin esperarlo, sin planearlo, con un arrebato, como siempre. Y ahora expulsaba el aire tranquila.
Acarició el pecho de Nanook, que se resistía a sentarse de nuevo. Y eso era extraño, los perros no lo habían asustado, Bjorn tampoco.
Pero el lomo de Nanook se erizó completamente.
Recibió el choque fuerte de lo que parecía un muro contra ella, pero era un empujón de Nanook que la tiró al suelo. Y volvió a empujarla con fuerza, arrastrándola en la nieve.
—¡Aurora! —Bjorn tiró de su mano para ponerla en pie a la vez que se oía el rugido de algo que hizo eco en el bosque. Ni siquiera estaba cerca, sonaba a kilómetros. Pero eso para Nanook no sería ninguna distancia de seguridad—. ¡Vamos!
Ambos miraron hacia la profundidad del bosque. Nanook dio enseguida unos pasos delante de ellos sin perder de vista la dirección por donde había venido el sonido.
—El aserradero —dijo Bjorn. Allí se resguardaban animales, era el mejor lugar para cazar.
Bjorn silbó a sus perros y Aurora vio cómo Nanook movía una oreja, no era un sonido que le fuese desconocido. La otra sin embargo parecía estar escuchando algo imperceptible para ella.
Nanook giró la cabeza hacia ella y volvió a embestirla, esa vez de una manera más suave, quizás él no la esperaba tan frágil.
No podía creer que estuviese entre ella, Bjorn y sus perros como si nada.
Era algo secundario para él, lo importante estallaba en el aserradero, el verdadero peligro para todos.
—Vamos —le dijo Bjorn agarrándole la mano de nuevo y ella echó el último vistazo a Nanook, seguía en guardia al frente, pero la miró un instante.
«Corred, que yo os cubro». El soldado valiente, la verdadera defensa del grupo.
Echaron a correr hacia la moto de nieve seguidos de los perros de Bjorn y algo más atrás, de Nanook.
Bjorn la alzó en el aire y ella abrió las piernas para caer sobre el sillín de la moto. Bjorn se montó esa vez delante, tenía que conducir él si querían salir de allí cuanto antes.
Echó una última mirada a Nanook y sintió cómo los ojos le brillaban. Quería llevárselo con ella, como iban los perros de Bjorn, correr y ponerse todos a salvo.
Pero Nanook se mantenía algo apartado del grupo. Sintió cómo los ojos se le llenaban sin remedio.
—Ven —le dijo y su voz hizo que Bjorn hasta se girase para mirarla aun habiendo acabado de arrancar a moto.
Pero la moto se desplazó y Nanook no tuvo intenciones de seguirla.
Aurora se agarró a Bjorn con una mano y con la otra se llevó el silbato a la boca, seguía con la espalda girada sin perderlo de vista. Sopló y el silbido sonó nítido.
Nanook dirigió una mirada hacia ella.
En sus ojos vio que no la seguiría.
Bajó la cabeza y dejó caer la mejilla en la espalda de Bjorn. No era un perro, era un animal salvaje. Pero eso no quitaba que le doliese dejarlo atrás.
Su ángel de la nieve. Una vez más.
Pellizcó el abrigo de Bjorn cuando inició el llanto.