30
Sobrenatural. Extraordinario. Mágico.
Oscuridad y bruma que no dejaban ver la vegetación a más de diez metros.
Y algo en el aire que le decía que Nanook estaba cerca.
Cada día le gustaba más aquel bosque.
Se giró al sentir que Bjorn se bajaba de la moto.
No podía negarlo, le encantaba la forma en la que la había alzado y subido en un arrebato, como si al huir quisiese llevarla consigo haciendo que ella quisiese huir también.
Un honor, un regalo y una capacidad asombrosa de hacerle explotar el pecho.
Quizás por eso había conducido tan bien, estaba arriba, muy arriba, volando en una nube.
Miró a Bjorn y vio que él le ofrecía su mano para ayudarla a bajar como solía hacer siempre. Le gustaba que no se quitase de delante de ella, que la hiciese casi chocar contra él. Era consciente de que la cercanía se hacía cada vez más natural y placentera.
Ahora podía ponerle una mano en el brazo, el hombro o el pecho sin la excusa de haber perdido el equilibrio, y comprobar que a Bjorn no le importaba hacía que los rayos de nieve ombligo arriba se multiplicasen.
Cerca del aserradero había muchos troncos dañados por la falsa garra metálica, la de los Ballahios. A un par de metros de ellos podía ver una, se apoyó en el hombro de Bjorn para dar unos pasos hacia ella.
Bjorn la seguía y dio un paso más cuando ella se detuvo, adelantándola para apoyar la mano en el tronco, junto a la garra.
—No puedes participar en esa carrera. —Lo oyó decirle—. Prométemelo.
—Me lo han pedido mi tía y Tom. —No tenía ganas de participar, pero pensar que lo haría mucha gente del pueblo, incluidas Vilma y sus amigas, hacía que le entrase cierto nerviosismo que le daba energía y valor para echarse adelante.
—No está bien que lo hagan.
—Lo va a hacer tu hermano y otros jóvenes del pueblo.
No pensaba nombrar a Vilma, no iba a hacerlo.
Era lo más parecido a una antigua novia que había tenido Bjorn en el pueblo.
Por suerte las otras con las que sí tuvo algo similar a una relación no vivían allí ya o eran de otro lugar.
Una de ellas, Vivien, solía participar en la carrera todos los años.
No la conocía, pero también le producía aquel nerviosismo que la hacía querer echar a correr con todos ellos.
—Prométemelo —le repitió y giro la cabeza para mirarla.
Aurora negó levemente con la cabeza. Por un lado quería prometérselo y quitarse la presión y el peso de encima. Y el miedo. Por otro lado no.
Dio un paso más hacia Bjorn.
—No quiero que participes. —La miró a los ojos.
—Va a salir bien —dijo ella, pero la expresión de Bjorn significaba que no iba a salir bien de ninguna manera.
—Estamos todos jodidos, ¿qué más da?—Empujó la nieve con la bota esperando tropezar y perder el equilibrio y agarrase a él. Pero no, ya no era tan torpe en aquel relieve. Sus piernas la sostuvieron bien.
Así que le puso la mano en el pecho de todas maneras y él la rodeó con brazo.
—No va a salir bien, lo sabes, yo lo sé. Lo sabe todo el mundo.
—Pero aun así van a participar todos. —Y les tenía que reconocer el valor. No quería quedarse atrás.
Bjorn inclinó la cabeza acercándose a su cara, eso no lo esperaba. Su cuerpo se bloqueó por completo.
—Si tú participas, no podré centrarme en el resto —le dijo y ella se sobresaltó levemente—. Y me necesitan.
—No tienes que preocuparte por mí —le respondió ella con rapidez.
—No puedo hacerlo —replicó él.
Los rayos se comenzaron a multiplicar, pequeños y puntiagudos, costillas abajo y costillas arriba.
—Siempre me he sentido responsable de todos —le dijo Bjorn—. Pero contigo es diferente.
Se inclinó aún más y ella pellizcó el abrigo de Bjorn en su pecho mientras sus piernas se aligeraban sobremanera.
—La seguridad de los que entran en el bosque se la debo al pueblo. La tuya me la debo a mí —añadió Bjorn con tranquilidad—. Desde el día que te saqué del acantilado.
Él entornó los ojos.
—Los perros seguían un rastro, como si yo les hubiese dado la orden de seguirte —le decía—. Y al final del camino estabas tú —contuvo la sonrisa—, forastera, curiosa, inconsciente y atrevida —sonrió—. Perfecta.
Se había quedado muda y sentía cómo le ardían las mejillas.
Como si fuera nueva.
Ya le resultaba extraño que el bosque más inhóspito que había visitado le pareciese místico y mágico.
No era el lugar ideal para las citas, a menos de un montón de grados y con humanos y bestias acechando.
Pero lo vivía como el lugar más maravilloso del mundo un día y otro.
Más tormentas, más bruma, las marcas de los troncos, no le importaban.
—Hasta ahora eres lo mejor que he encontrado en el bosque —le dijo él y ella frunció el ceño.
Pues vaya.
—¿En el bosque? —dijo con ironía—. No está el nivel muy alto, ¿no?
Bjorn bajó la cabeza para reír y ella sintió cómo le aflojaba el brazo que empezaba a atraerla hacia él.
Acabo de cortarte las intenciones. Seré imbécil.
Así que no le quedaba otra. Se alzó en la nieve de puntillas y rodeó el cuello de Bjorn acercando sus labios a los de él con rapidez.
Bjorn la recibió con los labios entreabiertos, algo que le encantó y que le permitió encajar los suyos y cubrirlos con ellos. No quería pasarse la primera vez, pero le tenía tantas ganas que le resultaba difícil detenerse tan pronto.
Que no, que no me voy a quedar con las ganas.
Por si era la primera y la última vez.
Pegó su cuerpo a él y sorbió sus labios antes de meter la lengua entre ellos, y sintió cómo él la absorbió suavemente.
No te pases que va a pensar que vaya calenturienta la de Milán.
Se apartó de sus labios despacio.
Qué ganas le tenía, por Dios.
Bjorn se inclinó aún más y volvió a darle un breve beso. Un solo roce, leve, suave, sin invasión ni más intenciones, pero que le disparó la ligereza en el pecho y el estómago. Ese poder tenía el guardabosques.
No la soltaba y había dejado caer la frente sobre la suya, dejando que su nariz rozase con la de ella. Recibió otro beso leve que le aumentó la ligereza en el cuerpo una vez más. Y dejó de nuevo su nariz pegada a ella, sin separar la cara un ápice.
—Ahora es cuando viene el Kyrax y me arranca la cabeza. —Lo oyó decir.
Le sobrevino una carcajada que la hizo despegar su cara de Bjorn y girar la cabeza para reír.
—Espero que no —respondió en cuanto la risa la dejó.
Cogió la cara de Bjorn—. No, que va. —No tuvo que acercarse ella, fue él el que hizo lo que quedaba de recorrido hasta sus labios y volvió a besarla, esa vez un beso más atrevido, con invasión, sorbiendo sus labios y haciéndola bascular levemente hacia atrás.
Y sintió el peso en la espalda de unas patas que parecieron escarbar en su abrigo. Oyó un alarido tras Bjorn.
Joder.
Se separaron enseguida.
Eran Sila, Max y Zor, que se ponían en pie en ella o en Bjorn, intentando meterse en medio.
No jodáis, ¿en serio?
Oyó la risa de Bjorn.
—No contaba con esto —dijo él sin dejar de reír mientras echaba abajo a Zor de la espalda de Aurora.
—¿Celos?
—No —respondió él quitándole importancia.
Ella empezó a reír también.
—Bueno, ya se acostumbrarán —añadió cuando ya los tuvo a todos en el suelo.
Sí, porque no voy a dejar de besarte.
Volvió a rodearle a Bjorn el cuello para besarlo.
Esa vez el aullido y llanto de los perros alrededor parecía una orquesta mortuoria que hizo que no tardase en separarse de él.
Menuda banda sonora.
Apoyó la frente en el hombro de Bjorn para reír.
—Lo siento —dijo él riendo también.
Ya no hacía falta ni que lo besara para que comenzasen a aullar y a hacer aquellos ruidos, además había sido una llamada efectiva para los dos que faltaban, y se unieron a la orquesta Blum y Zuko.
—Madre mía —seguía riendo en el hombro de Bjorn.
—Se acostumbrarán, imagino.
O nos dejan sordos.
Iban a escucharlos hasta los Ballahios.
Giró la cabeza para mirar a Blum.
—Shhhh —los callaba Bjorn, pero la mirada de Aurora se detuvo en la bruma.
Esta parecía haber tomado forma, un remolino de humo de nieve que comenzaba a formar nubes bajas en la penumbra.
—Bjorn —susurró entornando los ojos.
Él bajó los ojos hacia ella y luego siguió el camino de su mirada hacia la bruma.
—Creo que está ahí. —Demasiado grande para ser un lobo, pero no tanto como un oso, además los perros lo hubiesen olido. Y ya estaban hechos al olor de Nanook, lo evitaban, lo ignoraban, trataban de no acercarse a él bajo ningún concepto.
No podía verlo, pero lo sentía.
La bruma se abrió levemente y pudo ver su silueta. Nanook había dado unos pasos hacia uno de los árboles y agachó la cabeza sin dejar de mirarlos mientras pasaba por detrás del tronco, volviendo a perderse en la bruma.
Aurora fue consciente de que había contenido la respiración todo el tiempo, temía que el animal se acercase y pudiese hacer cualquier cosa. Pero no, solo quería observar a una distancia prudente.
—¿Lo has visto? —Miró a Bjorn enseguida y él sonrió.
Agarró la mano de Bjorn.
—Ven —le dijo cogiendo el silbato de la cadena que llevaba atada al cuello.
—Aléjalo, no es buena idea. —Lo oía decir tras ella.
Pero Aurora activó el silbato mientras Bjorn le ordenaba a Sila y al resto que esperasen quietos allí.
Avanzaron por la bruma unos metros más, donde los árboles habían crecido más pegados unos a otros, y parecían inclinarse para que sus copas se enredasen formando un techo compacto que dejaba pasar poca nieve.
Podía notar cómo el suelo se endureció a medida que avanzaba, apenas era una capa de nieve.
—Nanook —lo llamaba. Un nuevo silbido, últimamente no le hacía falta repetirlo, acudía al primero. Pero estaba Bjorn con ella, quizás el animal dudaba si salir de la bruma o no.
Se detuvo de inmediato, Nanook estaba delante a no más de tres metros, justo en medio de su camino, como si quisiese que se detuviese ahí.
Una locura, podría ser, pero confiaba en él. Y Nanook lo sabía, él siempre lo sabía todo.
Aurora soltó la mano de Bjorn y siguió avanzando hacia él, luego se acuclilló en el suelo para que Nanook hiciese el resto de camino.