27 #3
El animal siguió inmóvil, con el cuerpo tenso y la cabeza en alerta unos instantes más, hasta que lo sintió relajarse de nuevo, lo que fuera se habría alejado. Así que regresó a colocarle de nuevo la cabeza en la misma postura en la que estaban antes de la intrusión para que lo siguiera rascando.
—Acojonas que te cagas, ¿lo sabes? —le dijo entremetiendo la mano en su pelo de nuevo—.
Pero que te cagas —repitió—. Menudo rugido.
—Contuvo la sonrisa. Hasta a ella se le habían aflojado las piernas y aún le duraba el escalofrío—.
Tú debes acostumbrarte a mi silbato y a mi voz.
Pero yo también a la tuya. —Hizo una mueca—. Joder.
Se acordó de Elaine Hunk y de su enorme Kyrax, una niña de cinco años junto a un animal de aquellos que le sobrepasaría la estatura aunque estuviese en pie. Exhaló aire al imaginarlo.
—Sois una barbaridad —dijo volviendo a alcanzar su piel con las uñas—.
Eres una barbaridad. Tom dice que aún tienes que crecer.
—Le miró las patas, ya eran impresionantes así de largas y anchas—.
Eres el más grande que se haya visto desde que hay conocimiento, así que puedes venirte arriba si quieres —rio al decirlo—.
El más guapo entre los guapos. Ahí no soy objetiva, eres el mío. Eso que lo decida Tom cuando te vea.
Se sacó una corteza más del bolsillo y dejó que la cogiese de nuevo de su mano. No tenía dudas de que cuando regresase se le volverían a hacer pequeños los perros de Bjorn.
—Te veo mañana —le dijo poniéndose en pie mientras él masticaba la corteza—. Regreso con el guardabosques guapo.
Nanook alzó la cabeza para mirarle los ojos, seguía llamándole la atención la forma directa de mirarla.
—Cuídate. —Lo señaló con el dedo y luego le acarició la cabeza—. Hay un oso, trampas y unos indeseables por aquí —suspiró—. Ojalá pudiera llevarte ya a casa.
Nanook junto al fuego, con la comida que quisiese y con un colchón mullido para dormir.
Pero era un animal salvaje.
Dio unos pasos atrás y se giró dándole la espalda para regresar. Escuchó las piedras, él se estaba moviendo también, así que echó la mirada atrás un instante. Él había vuelto a la piedra alta y la seguía observando desde allí.
—Va a salir bien —le dijo al animal sonriendo.
Eso espero.
Se apresuró a seguir el riachuelo de vuelta hasta llegar al terraplén por el que había bajado. Subir siempre era más difícil.
Cogió aire y lo exhaló, le iba a costar trabajo. Pero no pensaba pedir ayuda, por una vez quería hacerlo sola.
Tanteó con un pie hasta que lo creyó sujeto y se impulsó para subir la otra pierna, lo más difícil era sacar las botas y volverlas a meter en la nieve acumulada, y escarbar hasta volver a encontrar un punto de apoyo fuerte. Agarrarse a ramas que soportasen su peso, seguir ascendiendo.
Sus piernas necesitaban coger más fuerza y resistencia, pero lo conseguiría en un tiempo no muy lejano. Había ascendido ya unos cuatro metros, no le quedaba mucho.
Vio cómo Max se asomaba, incluso avanzó un poco por el terraplén hacia ella. Segundos después pudo ver la cara de Bjorn.
Lo estás haciendo bien, ahora no te caigas o el ridículo va a ser monumental.
Tuvo que detenerse, el pie izquierdo se le había resbalado.
—Cuidado ahí —le dijo Bjorn, y le vio hacer el ademán de descender a por ella.
—¡No! —dijo ella y él se detuvo de inmediato—. Ya casi estoy arriba.
No resbales. No te caigas.
Estar un rato con Nanook se quedaría en menos después del subidón de haberlo hecho bien.
Dos metros más, Aurora.
La pierna derecha apenas podía alzarla ya en peso, pero la obligó a volver a hacerla ascender.
Otra vez.
Temió que una nueva rama no pudiese con ella y se rompiera, pero sí que tenía las raíces fuertes.
Agarró la mano de Bjorn ya casi arriba y usó la pierna izquierda para alzarse una última vez, la derecha ya no daba para más.
Se irguió y miró atrás.
Joder, me estoy haciendo una crack .
Sola, sin guía, sin ayuda, sin cuerdas. Sola.
Estaba exhausta, eso sí. Bjorn contuvo la sonrisa.
—¿Cómo ha ido con el Kyrax?
—Las cortezas le encantan —le dijo ella y él sonrió—. Y que le rasque aquí. —Se lo hizo a Blum, y su respuesta entornando los ojos fue la misma que la de Nanook.
—Esta noche silbas varias veces y le colocas la comida donde otras veces.
Aurora asintió a las palabras de Bjorn.
—Había lobos abajo —le dijo—. Pero no se han acercado.
—No son idiotas, además ya lo conocen.
—El rey del valle —dijo ella pasando por delante de Bjorn—. Me preocupa el oso.
—Es muy difícil que el oso lo ataque a él, tiene presas más fáciles. Además para atacarlo primero tiene que llegar hasta él y no compite en inteligencia. No es una amenaza para tu Kyrax.
Si Bjorn lo decía, tenía que creerlo. Pero se impacientaba por tener que esperar para la posibilidad de podérselo llevar a casa y mantenerlo alejado de los peligros del bosque.
Se subió a la moto de nieve y arrancó.
—¿Nos vamos? —dijo él colocándose las gafas. Aurora resbaló las suyas desde su cabeza a la altura de los ojos también.
—Nos vamos. —De nuevo los perros los rodearon y de nuevo sintió la inseguridad de poder ir entre ellos sin atropellarlos. Necesitaba habilidad y práctica.
Dejó que Bjorn se adelantase unos instantes antes de ponerse en marcha. No tardó en igualar la velocidad del guardabosques.