24
Aunque avanzaba rodeado de sus perros, seguía con la mirada cómo Aurora se encaminaba hacia la casa de Agnes. Ya entraba y la enorme puerta se cerró. Bajó la vista hacia Sila.
—Muy bien —le dijo dejando caer la palma de la mano en su cabeza—. Muy bien —repitió sacudiendo levemente, gesto que le encantaba a Sila y que hizo que Blum metiese el hocico para recibir una sacudida igual, Bjorn sonrió—. Todos muy bien.
Cada uno a su manera. Siempre estuvo orgulloso de su jauría.
Tom se cruzó en su camino, ya había llegado también el grupo de Housen, todos estaban bien.
Vio la sonrisa de Tom al mirarlo.
—¿Puede ser que al fin estés interesado en una chica en este pueblo? ¿O es solo por el Kyrax? —le preguntó con ironía.
—Shhhh. —Había gente alrededor y no quería que Tom lo nombrase.
—¿Ese bicho enorme tiene nombre? —Tom también sabía que tenían que dejar de pronunciarlo.
—Ella lo llama Nanook, ¿te suena?
Tom alzó las cejas.
—Supongo que ahí Agnes ha tenido algo que ver —dijo Tom y Bjorn tuvo que reír—. Este Nanook puede ser el doble que el de Hans. Creo que no hay documentos de uno tan grande.
Tom había recopilado todo lo que existía sobre ellos, por todos los pueblos y alrededores del valle. Él lo seguía camino de las motos de nieve.
—Es el único que he visto, así que no puedo decirte —respondió Bjorn con cierta ironía.
—¿Has estado cerca de él?
—Esta noche, cuando encontré a Aurora.
—¿Y no te atacó a ti ni a tus perros?
Negó con la cabeza en respuesta a Tom.
—Tampoco me acerqué mucho.
Tom dio unos pasos más en silencio.
—¿Ella ha podido tocarlo?
—Y agarrarse a él, abrazarlo y hasta buscarle si tenía un collar.
Las carcajadas de Tom hicieron que algunos a su alrededor los mirasen.
—Ella pensaba que era un perro.
La risa de Tom aumentó.
—Pobre chica. —Lo oyó decir controlando su risa, recuperó su tono normal.
—Voy a ayudarla.
—Contad conmigo.
Necesitaban la ayuda de Tom, era la persona viva que más sabía sobre aquellos seres. Así que asintió.
—En cuanto a ti —le dijo Tom con un nuevo tono irónico—. No hay documentación alguna sobre el riesgo de hacer la misma elección que un Kyrax. Pero sí hay documentación de muchos que han perdido la mano. —Hizo una mueca—. ¿Podría ser que…?
Empujó a Tom y este rompió en carcajadas.
—Vale. —El hombre alzó las manos—. ¿Vas a invitarla a salir?
—Sí. A salir al bosque en busca de ese bicho.
Tom asintió con la cabeza riendo.
—¿Y el oso y los Ballahios? ¿Has contado con eso?
Lo había hecho y no del todo. Hizo una mueca que Tom entendió.
—No es el escenario romántico que merece tu cita.
—Ya, pero esto es el valle —respondió Bjorn—. Hay lo que ves, no lo podemos cambiar.
—En cuanto me necesitéis, me encantaría ayudaros.
Bjorn volvió a asentir. Tom se alejaba.
—Suerte con el animal —le dijo subiendo a su moto de nieve—. Y con ella.
Le guiñó un ojo y puso el motor en marcha. Bjorn tuvo que contener la sonrisa.
Tom emprendió la marcha y él echó un último vistazo a la casa de Agnes antes de encender el motor. Las luces estaban encendidas. La casa de Agnes tenía una calidez que siempre le atrajo. Ahora una única presencia allí dentro aumentaba esa calidez.
Volvió mirar a Sila y le silbó. Regresaban a casa, aunque ya casi amanecía. Pero todos necesitaban un leve descanso. El invierno sería duro y extenso.