Mi ángel de la nieve 18 #6
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18 #6

—Vilma me robó la moto. —El llanto comenzaba de nuevo, pero leve, al menos la dejaba hablar—. Lo hizo sabiendo que posiblemente no regresaría. Y a esa gente hasta parece sentarle mal que haya salido con vida, ¿por qué?

—Porque eres una forastera —dijo la mujer—. Y los forasteros atrevidos mueren. Los forasteros curiosos mueren. Y los forasteros que se meten en donde no deben, mueren.

—Pero deberían de alegrarse, ¿no? —Seguía sin entenderlo.

—No les ofende que estes viva. —Tía Agnes comprobó que el té estaba frío y se lo acercó empujándolo en la mesa—.

Les ofende que se te haya concedido un privilegio que a veces hasta se les niega a los de aquí.

La verdadera razón por la que se comenzó a dejar a su suerte a todos los que se adentraban en malas circunstancias era para no poner en peligro a nadie por la inconsciencia de algunos. Eso es lo que me decía mi abuela.

La tía Agnes cogió aire antes de seguir.

—Y eso que aún no saben lo del Kyrax. Nadie lo ha visto y mejor así —añadió la mujer.

Aurora negó con la cabeza.

—Esta noche no solo me salvó el Kyrax —dijo la joven. El Kyrax solo había hecho una parte, la otra fue cosa de Bjorn. Y ahora él estaba allí dentro sin sus perros, con un oso y con aquella familia a la que todos temían.

—Has llegado con la moto y los perros del guardabosques. —La tía Agnes alargó la mano hacia Zuko, el perro que tenía más cerca—. Lo sé.

—¿Y ahora qué va a pasar con Bjorn? —Las ganas terribles de coger la moto de nuevo y entrar en el bosque se hicieron tan reales que las piernas le comenzaron a temblar deseando echar a correr.

—Muchos de aquí le deben la vida. —Seguía acariciando a Zuko.

¿Suficiente como para salir a buscarlo? El temblor de las piernas aumentaba mientras tía Agnes se ponía en pie.

—¿Crees que ellos me seguirán a mí? —dijo la mujer mirando a los perros de Bjorn.

—De eso nada, iré sola —respondió ella.

Tía Agnes negó con la cabeza con rapidez.

—No puedes salir de aquí, niña —dijo la mujer.

Aurora miró hacia la puerta.

—¿Van a matarme si salgo? No lo creo. —Aún se escuchaban voces fuera.

—Claro que no, no lo digo por eso —dijo la mujer y ella se sobresaltó mirando a su tía enseguida—. Pero no solo llevarías a cinco perros. ¿Qué tardaría él en acudir a ti?

Ella frunció el ceño enseguida.

—Los Viken en el bosque, los Housen y todas las familias grandes del pueblo —decía su tía—. Más todos los que hay aquí.

La tirantez en la garganta fue inmediata al oír que no podría ir en busca de Bjorn. Los ojos no tardarían en llenársele por completo.

—No deben verlo aún, hazme caso —añadió la mujer.

—No es peligroso, no pasará nada —dijo siguiendo a tía Agnes hasta la puerta, los perros se pegaron a ella enseguida. Quizás ellos tenían las mismas ganas de ir a buscar a Bjorn que ella.

Tía Agnes le agarró el brazo.

—Hasta ahora te he permitido ser una inconsciente. —Agnes cambió el tono de voz a uno que no lograba reconocer—. Pero ahora tienes que valorar la enorme responsabilidad que tienes y lo que conlleva. No es un perro, no es cualquier animal.

Abrió la boca enseguida para responder a tía Agnes, pero tuvo que cerrarla de golpe.

—Y este pueblo no está preparado para saberlo.

Aurora contuvo la respiración al oírla en un intento de contener las lágrimas que amenazaban con asomar de un momento a otro.

—Pensaba que tenerlo de mi parte era una ventaja.

Pero si no servía para encontrar a Bjorn cuando lo necesitaba, prefería que no la hubiese elegido a ella. Él estaba fuera por su culpa y la culpa la estaba matando por dentro.

Tía Agnes abrió la puerta de la casa y los vecinos que seguían junto a la farola tras Tom, enseguida avanzaron hacia ella. El hombre pudo detener a una parte, pero Aurora pudo ver a unas jóvenes que lo rodearon.

—Niñata de mierda —le dijo Vilma a un par de metros—. Ahora Bjorn está ahí fuera por tu culpa.

Un mal momento para escuchar aquello, iba a romper a llorar. Todo el tiempo en el bosque deseando tener a Vilma delante para explotar con ella por robarle la moto, y ahora no era capaz de pronunciar palabra.

—¿Piensas a ir a buscarlo tú? —añadió con ironía otra de las chicas poniéndose las gafas de nieve. Al parecer ellas sí que pensaban salir a buscarlo.

Con un oso, con los Ballahios, con la oscuridad.

Estaba claro que la gente de aquel pueblo estaba a otro nivel en valentía y en temeridad. Y estaba entendiendo la diferencia con ella misma, que lo único que sabía era ponerse en peligro. No hubiese superado ni el primer día sin Nanook ni Bjorn.

—Dejadla en paz. —La tía Agnes metió el cuerpo entre ella y Vilma.

—No está Bjorn para sacarla de esto, no va a ir a ninguna parte, ¿me equivoco? —dijo Vilma.

Aurora bajó los ojos y encontró los de Sila, que estaba pegada a su muslo y la miraba con cierta curiosidad.

No podía buscar a Bjorn, solo podía quedarse allí.

Apartó la mirada hasta del perro del Bjorn, no sabía por qué, pero sentía que hasta ella se sentiría decepcionada, aunque fuese tan solo un perro.

—Por eso no nos gustan los forasteros, porque solo sabéis poner a nuestra gente en peligro, atraer desgracias y luego somos nosotros los que tenemos que arreglar lo que provocáis.

Seguía escuchando a Vilma mientras la visión se le emborronaba.

—La valentía se acaba cuando se descubre el auténtico peligro —añadió la chica.

Aurora sintió en el brazo que tía Agnes tiraba de ella hacia la casa.

Quería ir con ellos, pero sabía que no llevaría consigo tan solo los cinco perros de Bjorn, tía Agnes llevaba razón. Había algo similar a un lobo que se acercaría con curiosidad a ella nuevamente. Y no lo conocía lo suficiente, desconocía si atacaría a desconocidos.

Nanook era su ángel, pero también era una bestia salvaje. Y aún no era su bestia salvaje. Una responsabilidad con la que ni siquiera sabía si iba a ser capaz de estar a la altura.

Bjorn se había convertido en una persona especial en su vida por la que no le importaba arriesgar su vida. Y era extraño, apenas lo conocía. Pero no podía poner en peligro nada más.

Debía quedarse, encogerse, dejarse insultar y esperar dentro sin decir una sola palabra más. Por el guardabosques, por aquel pueblo, por la tía Agnes, por Nanook y por ella misma.

Se acabó el fallar. No iba a permitírselo ni una sola vez más.

Les dio la espalda girándose hacia la puerta, pudo ver cómo Sila alzaba el rabo y la cabeza hacia ella, no pudo mirarla. Que el perro descubriese que se quedaba atrás aumentaba sus ganas de llorar.

Oyó el sonido de un motor a su espalda, a unos metros, se sucedieron algunos más. Si había consecuencias para Bjorn por no cumplir las normas, una por una se las estaba saltando. La culpa aumentaba. El llanto también.

Pero su tía aun no se había alejado de ella. No hasta comprobar que Vilma y sus amigas se irían.

—Deja en paz al guardabosques. —No era la voz de Vilma, sería de alguna de sus amigas—. Es lo mejor que tenemos por aquí y no podemos perderlo.

Por eso a pesar de las protestas, a pesar de vivir aislado y de que el pueblo a veces le diese la espalda, salían a buscarlo. Bjorn debía de ser el ángel de la nieve de todos ellos.

Era una suerte estar de espaldas, porque ahora sí que comenzaron a salir las lágrimas y a resbalársele por la mejilla. Apretó los dientes para no hacer ningún sonido.

—Es lo mejor que tenemos por aquí. —Esa sí era la voz de Vilma.

Volver a escucharlo hizo que las lágrimas aumentasen. No tenía dudas de que llevaban razón. Y el comportamiento del pueblo, tantos motores como se escuchaban, sin importarles mucho aquella norma estúpida, ni los peligros del bosque, ni siquiera un oso que quebraba árboles de un zarpazo.

Contuvo la respiración para no proferir ni un solo sollozo, pero la valentía de aquel pueblo la estaba dejando completamente destrozada. Claro que no les gustaban los forasteros. No era digna, no eran dignos. Ninguno.

Entró en la casa y sintió cómo tía Agnes entraba tras ella, no le soltaba el brazo.

—En marcha ya, no hay que perder el tiempo. —Oyó una voz de hombre a lo lejos.