Mi ángel de la nieve 17 #3
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17 #3

Max era el que estaba más cerca del charco.

Bjorn lo llamó con un susurro y el perro se arrimó más a él, montándose casi sobre él y haciéndose hueco entre Sila y Zor, empujando con cierta tranquilidad, algo que los otros soportaron con paciencia.

Si no fuera por el color del pelaje, no se sabía por dónde empezaba uno y por dónde empezaba el otro.

El calor que les estaba dando su contacto le estaba encantando.

Aurora rodeó el cuello de Blum para que se acomodase mejor, el perro la miró fijamente un instante y luego dejó caer los párpados para dormitar.

—A Blum le gustas —dijo Bjorn.

—Pues ya no me quedan golosinas —respondió ella y Bjorn empezó a reír.

Aurora miró de reojo a Sila, ella no se dormía, seguía en alerta, a veces mirando hacia la puerta y luego hacia ella. La envidió por aquel olfato superlativo que la hacía saber por dónde andaría su ángel de la nieve. El otro ángel de la nieve. El otro tenía el muslo bajo su cabeza.

Alargó la mano hacia Sila y vio cómo esta resbaló la barbilla por el muslo de Bjorn para que no la alcanzase, así que dejó de insistir.

—A ella no le gusto —dijo, y Bjorn apretó los labios para que su risa no aumentase.

Se encogió de hombros y no añadió nada a su comentario. Sila volvió a colocarse bien sobre el muslo de Bjorn e incluso apoyó una pezuña también, aparte de la barbilla.

Es tuyo, sí. Por suerte para mí no eres el perro de Vilma. Anda que las mujeres aquí sois tremendas.

Resopló levemente y dejó caer el hombro en la pared de roca, seguía girada hacia Bjorn y Sila, que seguía con la mirada fija en ella.

Sería un jugadón quedarme con el Kyrax y con el guardabosques, ¿verdad?

Contuvo la sonrisa a sus pensamientos mientras una corriente le subía estómago arriba. Ambición absoluta y fantasiosa. Los dos ángeles de aquel lugar.

Se oyó un gruñido grave, aunque tímido, procedente de la garganta de Sila y Bjorn la mandó a callar de inmediato, a lo que ella respondió con una mirada tierna y algo abochornada a su dueño, que hizo sonreír sobremanera a Aurora.

Bjorn le pasó la mano por la cabeza y Sila pareció relajarse, dejándose caer en él un poco más.

—No necesitas un Kyrax con ella —le dijo Aurora, y Bjorn empezó a reír.

Aurora supo que ni debía volver a intentar acercar la mano a Sila, así que la hundió en Blum. Se había convertido en su preferido de los perros de Bjorn.

—¿Y cómo acabaste tú en este lugar horrible? —preguntó el guardabosques.

—Me quitaron la moto —respondió Aurora con ironía y lo vio contener la sonrisa. La respuesta no le dio mucho margen de evadir la pregunta—. Era una forma de no estar en Milán.

—¿No querías estar en Milán?

—No. —Sonaba extraño, pero era la verdad. Y comenzaba a reconocerlo delante de alguien.

—No me creo que sea peor que esto —dijo él bajando la mirada hacia Blum, que se había dormido completamente con la cabeza apoyada en Aurora.

—Milán no es peor que esto —se apresuró a responder—. Yo era peor allí.

Bjorn alzó la mirada hacia ella con rapidez.

Ya se imagina que la culpa la tiene un tío.

—¿Por qué?

Me importa un pimiento que se entere.

—Perdí mi trabajo, la que iba a ser mi casa y con quien iba a compartirla.

No, no le importaba un pimiento. Le daba vergüenza decirlo, reconocer el fracaso absoluto en voz alta era bochornoso.

—¿Todo a la vez? —lo preguntó alzando las cejas.

—No. —Normalmente reconocerlo la hundía. Pero ahora no, ahora seguía en la superficie. Quizás cada vez tenía menos importancia—. En una cadena de mierda. —Lo vio desviar la mirada y reír levemente. El bochorno le había hecho ser demasiado bruta con las palabras.

—Y acabas en medio de un bosque a varios grados bajo cero con un oso salvaje suelto y una tormenta. Una forma un poco extraña de encontrarte mejor.

Ella ladeó la cabeza, el bochorno seguía sin hundirla. De hecho, estar en medio del bosque y de la tormenta no estaba tan mal.

—No estoy en medio de un bosque, ni siquiera bajo la tormenta —le dijo a Bjorn—. Y el oso no me ha tocado.

Bjorn no esperaba la respuesta y estaba comprobando que le gustó lo que acababa de escuchar.

—Tienes un Kyrax, supongo que eso cambia algo la perspectiva —dijo él.

No solo tengo un Kyrax, es que cada vez me están gustando más los ángeles de la nieve.

Ella negó con la cabeza.

—Tengo un amigo de algodón y nieve. —Bjorn sonrió al oírla—. Y un guardabosques.

—Lo que tienes es una costumbre demasiado arraigada de tentar a la suerte —le replicó Bjorn inclinándose hacia ella y Aurora desvió la mirada con cierta vergüenza—.

Ya has comprobado que esto no es un juego.

Pero si antes veía difícil que decidieras mantenerte lejos del bosque, ahora sé que es imposible.

El guardabosques dejó caer de nuevo la espalda en la pared de roca.

—Y como parece que esta noche comenzamos a entendernos, voy a probar suerte —añadió él—. ¿Qué buscas en el bosque? Aparte de ese amigo de algodón y nieve.

Aurora no se detuvo ni a coger aire. Sentía que podía soltarlo al fin. Para qué ocultarlo delante de él. Bjorn se estaba convirtiendo en la versión humana de Nanook, y confiaba en él.

—Busco al dueño de la garra de hierro y qué tiene que ver él con la cabaña del lago, con mi tía y con tu padre.

Recibió una mirada de reojo de Bjorn que hizo que regresase aquella sensación placentera ombligo arriba.

Solo con mirarme. No necesita nada más.

—No te metas en asuntos que no son tuyos —dijo él y Aurora alzó las cejas.

—Eso suena a… —intentó mantener la ironía en su voz—, advertencia absoluta de vida o muerte.

Bjorn ladeó la cabeza en un gesto indicándole que no iba mal encaminada.

—¿Tu padre es peligroso? —Entornó los ojos al preguntarlo.

—No en ese sentido —Bjorn negó con la cabeza con convencimiento—.

Sí en otros muchos. —Al menos era sincero—.

Pero tu tía y mi padre tienen algún tipo de enemistad desde años atrás, así que si existe un asunto de alguien más contra ellos dos a la vez, solo pueden ser los Ballahios.

Y ahora sí que la advertencia se agrava.

—Volvió a echarse hacia delante despegando la espalda de la pared para acercarse a ella—.

No te metas en los asuntos de este pueblo.

No te corresponde, no te arriesgues y si puedes, sal de aquí antes de que la nieve nos aísle.

El guardabosques miró un instante hacia la puerta de la cueva.

—Aunque ya creo que no va a ser posible llegar a ninguna ciudad.

Aurora miró también hacia la puerta, se echó hacia delante y gateó hasta llegar al tapón de nieve buscando un hueco para mirar.

Lo de fuera había cambiado por completo. Antes había nieve por todas partes, ahora ni siquiera podían verse los árboles. La penumbra y el blanco se mezclaban al completo. Ni siquiera sabía cómo iba a poder salir de allí. Y si no podían salir le daba exactamente igual.

No tenía frío entre perros y el guardabosques en aquel espacio concurrido. Que siguiese la tormenta. Le daba igual.

—No me asusta vuestro invierno. —Contuvo la sonrisa.

Ni los osos, ni la nieve, ni aquellas costumbres extrañas y cerradas del pueblo, ni sus rencillas, ni esa guerra con los Ballahios.

El Kyrax estaba allí por un razón. Y ahora sentía que ella también.

Dos ángeles cerca.

Estaba preparada para lo que fuera que escondiese aquel invierno.