10
Encontrar a tía Agnes mientras se hacía de noche, intentando esquivar posibles grupos de batidas, iba a ser imposible.
Había echado la vista atrás varias veces, algunas por la impresión de que algo la seguía, otras por el propio miedo a que hubiese algo peligroso en el bosque y que la bestia no fuese solo una vara de metal. Y otras simplemente porque podría encontrarse con alguien y eso le daría problemas.
Había apagado la luz de los faros de la moto, sabiendo que no había forma de aplacar el ruido del motor y que la verían igualmente.
Detuvo la moto, la brújula solo le marcaba los puntos cardinales, pero no cuando se acercaba demasiado al precipicio. Así que solo podía hacer matemáticas con la distancia que le iba diciendo el contador de la moto.
Hiperventilaba como si hubiese ido corriendo todo el camino. La noche allí tomaba un aire místico y en cualquier momento parecía que saldría de algún lugar el hombre lobo, o un lobo, sin más, deseando despedazarla.
Volvió a mirar atrás. No había ni rastro de tía Agnes, no sabía dónde demonios había podido meterse o si Henrik la habría encontrado antes que ella.
Pero avanzar más por aquel lado con la moto no era posible.
El terreno se inclinaba demasiado hacia la parte del lago, nada que ver con el claro plano por el que accedió con Bjorn.
Empujó hasta un árbol cercano y dio unos pasos a pie para asomarse, ahora sí que estaba convencida, solo había posibilidad de avanzar a pie.
Regresó a la moto y dejó allí la mochila, solo se metió en el bolsillo el móvil, objeto inútil donde los hubiera, no sabía por qué demonios no podía desprenderse de él. El llamador de Bjorn, una linterna y la brújula.
Comenzó a descender, si tía Agnes no había cruzado el puente, no había otra forma de llegar hasta la casa. De hecho desde allí podía verla.
Descendió dejándose resbalar a ratos, algunos resbalones demasiados largos que apuntaban a no acabar bien. Aquello estaba empinado, más de lo que pensaba. Nada en aquel bosque debía tomarse a la ligera.
Un resbalón más y su pie se hundió por completo haciéndola caer, tuvo que cruzar los brazos en su pecho para no lastimarse al rodar.
Contó hasta tres vueltas y su cuerpo se detuvo. Por suerte no se había roto nada.
Estaba en los terrenos de la cabaña del bosque.