Mi ángel de la nieve 4 #2
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El animal dio un paso al frente, saliendo de la oscuridad, y se irguió, permitiéndole ver algo más de su cuerpo y más clara su cara.

Como si hubiese sacado únicamente la cabeza y el pecho, dejando el resto del cuerpo en la noche absoluta.

Como si su cabeza y sus hombros estuviesen flotando sobre la penumbra.

Y pudo ver claramente los ojos azules claros, casi grisáceos, que resaltaban en medio de un antifaz negro sobre el pelo blanco de su cara, y le daba el aire justo de grandeza legendaria o de superhéroe moderno, mientras el reflejo de la luz en la nieve parecía centrarse en él, como si del protagonista absoluto de la noche se tratase.

Era grande para ser un perro, pero no era un oso. Eso estaba claro. Tampoco parecía un lobo, o quizás sí. Un lobo hecho de algodón y nieve.

Aurora contuvo la respiración y notó cómo le brillaban los ojos mientras espiraba aire despacio sin dejar de mirarlo. Era imposible dejar de mirarlo mientras él clavaba sus ojos azules en los suyos.

Se oyó un grito a lo lejos en la colina y el silbido de algo que subía hasta el cielo y que le recordaba a los fuegos artificiales.

Ambos alzaron la mirada un instante, era una bengala a varios kilómetros de allí. Pero la bengala no pareció asustar al animal, lo cual aumentaba aún más aquella sensación de grandeza que le estaba transmitiendo.

Más ladridos a lo lejos y de nuevo las voces de los que estaban más adelante con Bjorn.

Vio que el animal bajaba la cabeza dirigiendo la mirada hacia el grupo de abajo unos segundos. Pero Aurora no se atrevía ni a moverse para no asustarlo o enfadarlo. No lo esperaba de aquel tamaño, agazapado en la nieve parecía otra cosa.

Tragó saliva mientras él seguía observando a los hombres a lo lejos.

Se oyeron los motores de alguna moto de nieve y más ladridos de perro, alejándose poco a poco.

El animal volvió a mirarla a ella y levantó una pata de la nieve para bajarla de nuevo y hundirla en otro punto más lejos de donde se encontraba Aurora. Luego comenzó a darse media vuelta hasta darle la espalda. Y dio un salto que la hizo sobresaltarse, perdiéndose en la oscuridad de nuevo.

La joven cogió aire y lo echó con fuerza.

—Joder. —El aire no le hacía ni efecto, se estaba ahogando del susto. Miró abajo, donde habían estado las siluetas estaba oscuro de nuevo.

Pudo oír el silbido con el que Bjorn llamaba a los perros, seguido con rapidez de un segundo.

Ella avanzó de nuevo despacio siguiendo la dirección del silbido entre los árboles. No llevaba linterna, pero sí el móvil. La linterna de este no tenía mucha potencia, pero al menos la suficiente como para esquivar las pequeñas rampas que la harían rodar hasta la colina.

Un nuevo silbido y se oyó algún ladrido de perro. Bjorn estaba cerca, pero sus perros no, por lo que estaba comprobando.

—¡Bjorn! —pudo gritar en cuanto pudo ver de nuevo su silueta.

El cuerpo de Aurora se detuvo de inmediato cuando vio cómo se encendía una luz potente a unos metros de ella.

—¿Qué demonios? —lo vio negar con la cabeza y mirar tras él sin dejar de avanzar hacia ella. Volvió a mirarla—. ¿Tú otra vez? —Llegaba hasta ella con un abrigo de tela y pelo marrón chocolate, similar al color de la nariz de dos de sus perros.

Y Aurora pudo verle bien la cara.

Claro que le habían pegado, y no solo con la cadena, o quizás sí. En un lado de la cara tenía una rojez sanguinolenta que, a pesar del frío, pronto se le amorataría. Incluso pudo verle un hilo de sangre también en la comisura de la boca.

Menudos hijos de puta.

Frunció el ceño al verle bien la cara y él fue consciente de su reacción al ver las heridas. Bjorn apagó la linterna de inmediato.

—¿Tienes mucho interés en morir en el bosque? —la reprendió él.

Pero la luz de su móvil era suficiente para seguir viéndolo al completo.

—Vuelve a casa. —Hasta la empujó levemente en el hombro para alejarla, o más bien alejar la luz de su cara.

—Los he visto —replicó ella sin dejarse desplazar—. ¿Por qué te han hecho eso?

—No te metas en esto y vete de aquí. El bosque está lleno de cazadores.

Volvieron a escucharse ladridos de perro y de nuevo motores de motos.

—Vete. —Bjorn la rebasó echándola a un lado con el brazo para pasar delante hacia donde se acercaba quien fuese, y volvió a silbar llamando a sus perros.

Y pudo ver dos focos de aquellos aparatos. Hakum regresaba, seguido de otro más. Tras Hakum había otro joven sentado.

Aurora dio unos pasos hacia Bjorn y casi perdió el equilibrio.

Los matones estos de las narices.

Vio cómo Bjorn se giraba para ver que lo estaba siguiendo, pero no le dio tiempo siquiera a volver a decirle que se fuera de allí. Su hermano llegó hasta ellos.

Pudo ver que Hakum también tenía la cara con marcas en uno de los lados y en la boca, a él ya se le apreciaba el morado. De hecho, para ser uno contra tres, Hakum había salido perdiendo respecto a Bjorn, y con bastante margen.

Hakum frenó en cuanto la vio, quizás tenía pensado seguir pegándole a Bjorn y su presencia acababa de frustrar sus planes.

—¿Tu nueva novia, hermano?

—No la metas —replicó Bjorn enseguida.

—¿Que no la meta? —preguntó Hakum con ironía—. No he sido yo el que la ha traído aquí.

—Tampoco yo —respondió Bjorn.

—¿Sola? ¿Otra vez? —Hakum alzó las cejas al decirlo sin dejar de mirarla—. ¿En el comienzo del bosque a oscuras y con una bestia suelta?

—Hay más de una bestia suelta en estos bosques —le replicó ella enseguida a Hakum.

Aurora vio que el chico de la otra moto de nieve miraba tras ellos, llegaban los perros, pero no solo los de Bjorn, también otros tres de pelo corto marrón como el que ella había visto antes.

Pero Hakum no dejaba de mirarla a ella.

—Llevas demasiado poco tiempo en este pueblo, pero ya se ve que eres tan molesta como tu tía.

—Porque a las dos nos caen mal los niñatos. Ya ves —le respondió, y vio cómo hasta Bjorn giró la cabeza para mirarla.

Hakum hizo sonar el motor de la moto, por un momento pensó que esta se movería y le pasaría por encima. Pero no.

Sin embargo, Hakum abrió la boca para decir algo más.

—Hakum, déjala. —Bjorn se colocó delante de ella enseguida y cortó lo que fuera que tuviese que decir su hermano.

Tengo que aprender a manejar una de estas y pronto. Porque con estos tíos las voy a tener más de una vez.

Un aullido hizo que la jauría de perros que llegaba hasta ellos dejase de ladrar y Hakum miró hacia donde provenía el sonido, justo del lugar por el que había llegado ella.

—¡Vamos! —le dijo el de la otra moto—. A ver si ha llegado hasta aquí.

¿Se ha movido? ¿Ya lo han encontrado?

Los motores sonaron tan molestos que la joven casi tuvo que llevarse las manos a los oídos. Los perros ni siquiera se detuvieron en ellos, echaron a correr en la misma dirección que el sonido y delante de las motos de Hakum y su otro amigo.

Y por fin se fue haciendo el silencio poco a poco.

—Te dije que te fueras —le dijo Bjorn apartándose de ella.

—Y yo no me he ido —replicó ella y recibió la mirada del joven guardabosques.

Ya comenzaba a amoratársele el pómulo, donde ahora sí podía verle una pequeña herida.

La sangre de la comisura ya había desaparecido, se la habría limpiado.

Pero comenzaba a hinchársele aquella parte de la cara. Ni eso lo hacía feo.

Aurora se inclinó en la nieve y cogió un puñado con el guante, luego se lo sacó de la mano y cerró la tela para formar una bolsa.

—Al menos aquí es rápido —dijo dirigiéndose hacia Bjorn. Tuvo que alzar la mano para llegar hasta su cara, él la retiró enseguida.

—Déjalo, da igual. No tiene importancia. —Le dio la espalda.

—Si lo hacéis con frecuencia, no la tiene —respondió ella rodeándolo y pegando el guante en el lado de la cara que se le estaba hinchando a Bjorn—. Así que ya imagino que es vuestra tradición familiar.

Bjorn desvió la mirada mientras ella le pegaba el guante con la nieve en la cara.

—¿Ya sabes qué es la bestia del bosque aparte de tu hermano? —preguntó con frescura.

Recibió la mirada de Bjorn de nuevo, esa que tanto le recordaba al animal del bosque en color y en la manera de observarla.

Él negó con la cabeza.

—Han venido sin avisarme y han encontrado lo que parecen huellas de algo que tampoco corresponde mucho con un lobo. —Bjorn se giró para mirar ahora hacia dónde se había visto la bengala.

Pero volvió la cara hacia ella de nuevo y por decisión propia apoyó otra vez la mejilla en el guante, lo que la hizo contener la sonrisa levemente.

—¿Y los golpes han venido por…?

—Los cepos que mi hermano quiere poner. —Bjorn bajó la mirada hacia la de Aurora.

—Tenéis una forma maravillosa de debatir las cosas por aquí —respondió con ironía, apretando el guante helado contra la cara de Bjorn.

—Llevo años intentando evitar este tipo de debates, pero no siempre lo consigo. —El joven bajó la cabeza avergonzado. Seguramente él nunca empezaría. Hakum, sin embargo, sí tendría un genio incontrolable. No había por dónde coger a aquel ser—. ¿Qué le ha hecho Hakum a Maggie?

—No me corresponde a mí contarlo —dijo ella y él frunció el ceño.

—Aunque ya me lo imagino. —Casi pudo ver el bochorno en la cara del guardabosques—. Y ahora estás en el punto de mira de mi madre y mi hermano.

—¿Debería tener miedo? —preguntó ella y él la miró de nuevo.

—No.

—Pues me alegro. —Recolocó el guante en la cara de Bjorn—. Porque no lo tengo.

Bjorn se apartó del guante con la nieve.

—Vuelve a casa, se acerca una tormenta —dijo él alejándose de ella.

Aurora lo observó mientras Bjorn se alejaba, había vuelto a silbar a sus perros, estos estarían tras el lobo esponjoso de algodón y nieve que había aullado. Un aullido oportuno y certero que había desviado la atención de Hakum.

No es un bosque lleno de bestias.

Sonrió tras el guardabosques.

Es un bosque lleno de ángeles.

Y ni siquiera necesitaba un llamador. Era como si su propio cuerpo los atrajese hacia ella cada vez que los necesitaba.

Seguía mirándolo. Hasta golpeado y algo amoratado, pudo apreciar aquella cierta dulzura en sus rasgos en el perfil de su cara. Una cara que no se dejaba curar.