3 #2
—¡Bjorn! —lo llamó para que se detuviese, y él se dio media vuelta.
—Otra vez —dijo él al verla con la cesta—. Lo siento.
No podía reprochárselo, las ganas de salir de allí con Hakum dentro eran notorias en ella, no quería ni imaginar en su propio hermano.
Aurora le dio la cesta.
—¿Qué es lo que creen que hay en el bosque? —le preguntó.
—Lo mismo de la otra vez —respondió Bjorn—. Un oso polar.
Se sobresaltó al oírlo.
—Pero eso es… imposible.
Recibió la mirada del joven en la cercanía mientras sentía la mano de Bjorn casi sobre la suya en el asa de la cesta, aunque cubierta con guantes.
—Eso pensaban hace años. —Lo vio girar la cabeza para mirar hacia un lado—. Y es difícil, sí. Pero a veces el mar se congela lo suficiente como para que alguno cruce, quede atrapado sin poder regresar y solo pueda ir hacia delante.
Aurora abrió la boca, pero no se le ocurría nada qué decir.
—Tú conoces el bosque, lo sabrías, ¿no?
Bjorn volvió a mirarla.
—Hay algo en el bosque, lo saben los zorros, los lobos, los glotones y hasta mis perros. Hasta hace unos días era algo que les hacía huir y llegué a pensar que sí, que habría podido pasar otra vez. Sin embargo, anoche…
Aurora intentó mantenerle la mirada para que no se notase que quería huir de aquellos ojos, delatándose.
—Mis perros me querían llevar hasta lo que fuera que habían olido, a pesar de estar momentos antes alejándose continuamente de la colina —añadió Bjorn—. Y lo que habían olido resultaste ser tú.
Vio en los ojos de Bjorn que su teoría quizás no estuviese completa del todo. El joven dejó caer los párpados sin dejar de mirarla.
—La continua nevada borra las huellas, pero aun así encontré varias, demasiado grandes para ser de zorros o glotones. Y hasta más anchas que las de mis perros. Pero no son las de un oso, desde luego. ¿Un lobo?
No jodas, ¿es un lobo?
Y esa vez Aurora no pudo aguantarle más la mirada.
—No es un oso polar entonces —dijo Aurora, había soltado la cesta. Si estaba intentando disimular, le estaba saliendo tremendamente mal.
—Lo de anoche no. —Bjorn no era ningún novato y de tonto tenía menos que el animal que habitaba los bosques.
—¿Lo de otros días sí? —Alzó la mirada hacia él.
Bjorn se había alejado de ella unos pasos y guardó silencio unos segundos.
—Ningún otro día he encontrado huellas, solo he visto lo que queda de los animales que desaparecen. Y no hay nada en el bosque que yo conozca que haga algo similar.
Dios.
Escuchar aquello hizo que se le aflojasen las piernas por completo.
El día anterior le pareció que Bjorn no creía que hubiese nada raro en el bosque, quizás solo intentaba no alarmar hasta que él lo encontrase.
Pero después de escuchar a los hombres del pueblo ya sabía que su intento de apaciguar era para nada.
—Si es lo mismo, nunca se ha acercado tanto a las casas como anoche —añadió Bjorn alejándose aún más hacia la moto—.
No vuelvas a alejarte de la casa de tu tía —le dijo ya sin detenerse—.
Nunca. Si es un animal perdido, desesperado, violento y con demasiada hambre, esa luz que te di ayer no te servirá de mucho.
Alzó las cejas al escucharlo, pero no respondió nada.
Lo observó mientras Bjorn se montaba en la moto de nieve y activaba el motor.
Aurora dio un paso atrás y se dio media vuelta para dirigirse hacia la chocolatería. Frenó en seco, Sila le había cortado el paso. No entendía cómo no había seguido a Bjorn como el resto de sus perros.
Ahora que los estaba viendo y se estaba acostumbrando al tamaño, era evidente que el que se escondía en la nieve no tenía ni de lejos la misma altura.
¿Y si no es un perro?
Contuvo la respiración. Quizás no lo era, pero tampoco podía ser nada que pudiese suponer un peligro. Podría haberla atacado y no lo hizo. No, no era ninguna bestia.
Alargó la mano despacio hacia Sila y el animal la siguió con la mirada, pero Aurora la detuvo a unos centímetros de su nariz para que fuese ella quien terminase el recorrido para olerla. Sintió la fría nariz húmeda de Sila en la punta de sus dedos ya helados.
Tú sabes que yo he estado cerca, es por eso tu interés en mí hoy. Ayer no querías ni acercarte. Curiosa e interesada en saber. Mujer.
Y acercó aún más sus dedos, esa vez hacia el pelo blanco de Sila. Aquel tacto similar a la lana que se mezclaba con pelo duro y basto, como el del resto de perros de Bjorn. Pensaba que el de Sila sería diferente, pero lo único diferente era el color.
La calidez la invitó a adentrar la mano en el pelaje y el animal bajó levemente la cabeza.
Claro que sabes que lo que fuera estaba allí anoche, cerca de mí.
Retiró la mano de la perra y esta dio unos pasos despacio, Aurora se giró para seguir mirándola y enseguida alzó la mirada hacia el camino.
Bjorn se había detenido algo más adelante al ver que uno de sus canes quedaba atrás y las miraba. Sin embargo, no había oído aquel silbido con el que los llamaba, no había llamado a Sila, simplemente estaría observándolas.
Recordó lo que le dijo, que con Sila y con el otro perro, uno de los grises, le costaría más. Pero ahora hasta Sila la estaba delatando con aquel animal de la noche.
Tenía que descubrir qué era aquel bicho del bosque antes de decidir qué hacer.
Le dio la espalda a Bjorn y siguió el camino hacia la puerta de la chocolatería. La tía Agnes salía ya y dos jóvenes se acercaban. A una ya la cocía, era la joven rubia del día anterior, Vilma. La otra era similar, pero no la había visto nunca.
—Si buscas a Bjorn, acaba de irse —le dijo la tía Agnes enseguida.
Uuuu, esta busca mucho a Bjorn. La entiendo, eh.
—Busco a mi padre —replicó la chica.
—Housen sí sigue aquí —respondió tía Agnes echándose a un lado para dejarlas pasar.
Hostias, esta es también la hija del alcalde, como la que sale con Hakum.
Karina, la chica que le dijo Maggie. Otra hija de Housen tras un Viken.
Aurora no dijo una palabra, las jóvenes pasaron por delate de ella y entraron. Se oyeron las campanas.
—Son las hijas de Housen —le dijo tía Agnes en un susurro, pero era algo que ya imaginaba—. Karina y Vilma.
La otra era entonces Karina.
Aurora miró tras de sí, podía ver a Bjorn a lo lejos dirección al bosque.