Mi ángel de la nieve 3
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Había dejado a Maggie en el apartamento de arriba y bajó las escaleras de hierro exteriores, algo que con aquella nieve mojada parecía ser de alto riesgo, la mayor pega que encontraba al apartamento superior para Maggie si no quería pasar por el local.

Necesitaba hablar con la tía Agnes.

Pudo ver la moto de nieve de Bjorn a unos metros y varios montículos de pelo a su alrededor, él seguía dentro.

Abrió la puerta de la chocolatería. Estaba mucho más llena que el día anterior.

Y allí estaba Bjorn, rodeado de unos hombres y la señora Viken al otro extremo del salón, en una de las mesas redondas acompañada de otra mujer.

En cuanto la señora Viken la vio se le transformó la cara, hasta le vio el ademán de levantarse de la mesa.

Y eso que aún no me conoces bien. Vaya grano en el culo que os ha salido a los Viken este invierno. Enorme.

Aurora no le apartó la mirada ni un instante y apreció que uno de los hombres que estaba en la barra se percató de su gesto con la mujer, lo que hizo que Aurora lo mirase también.

Era alto, más que Bjorn y Hakum, de barba espesa ya grisácea y pelo ondulado.

La apariencia real de un vikingo entrado en años, con la única diferencia del ropaje actual.

Ella apenas debería alcanzarle el comienzo del hombro.

Y la miraba como si estuviese a punto de lanzarle un hacha a la cabeza.

—Ella debe ser tu sobrina, ¿me equivoco, Agnes? —dijo aquel hombre, que tomaba algo humeante junto a otro hombre de edad similar.

Tía Agnes salía de detrás de la barra.

—No, no te equivocas. —Tía Agnes le respondió no de muy buena forma—. Aurora, él es Henrik Viken.

Contuvo la respiración. El padre de Bjorn y Hakum, el esposo de la mujer a la que acababa de ofender. A aquel hombre solo le faltaba el bosque en la noche y una espada para parecer haber salido de un videojuego de terror.

No sabía el poder que los Viken tenían en el pueblo, pero ya solo el poder físico del jefe supremo daba miedo. Más que Hakum y su cara de mala leche perpetua.

Mantenerle la mirada era difícil, pero no le quedaba otra. El frío que traía del exterior desapareció por completo.

—¿La chica que tuvo que rescatar el guardabosques anoche? —preguntó el hombre con la misma mirada intimidante.

El guardabosques, sí, que es tu hijo además.

Aurora dirigió la mirada hacia Bjorn, no sabía si él lo estaba escuchando, pero no, hablaba algo con uno de los hombres que lo rodeaban.

—Anoche en el bosque pasaron demasiadas cosas, según dicen —añadió el hombre mirando a Bjorn también—.

Hablan de una bestia. —Y eso pareció hacerle gracia, o quizás sentía alegría, por mucho que le pudiese parecer imposible.

Quizás en un pueblo aburrido y apartado, una bestia era la oportunidad de vivir algo interesante o una oportunidad para destacar del resto.

Y no le había gustado en absoluto ver su reacción, porque la única bestia que había visto en el bosque no parecía una amenaza.

Las palabras de Henrik hicieron que ella atendiese enseguida a la conversación de Bjorn y aquellos hombres.

—Ella no vio nada. —Lo oyó decir y los hombres la miraron.

Henrik Viken se retiró de la barra y dio unos pasos hacia ellos, deteniéndose justo al lado de Aurora. Allí pudo comprobar que efectivamente sí que era bastante más grande que Bjorn, y que ella ni siquiera le alcanzaba el hombro.

—Podemos organizar una batida esta noche si os atrevéis —dijo y Aurora se sobresaltó. No se había confundido con eso de que para Henrik la bestia era una oportunidad de destacar aquella fuerza bruta que seguramente tuviese, viéndolo de cerca.

—No es un buen momento. La pendiente es peligrosa —replicó Bjorn enseguida.

Y no es una bestia.

—Pero podemos poner trampas —dijo otro de los hombres.

Ella volvió a sobresaltarse. No sabía si habría otra cosa allí fuera en los bosques, pero no podía permitir que matasen a aquel pobre perro.

—¿Para que caigan zorros y lobos? No en mi bosque —respondió Bjorn y el pecho de Aurora se soltó enseguida con cierta relajación.

—Pues hay que buscar una solución —dijo el padre de Bjorn de manera firme—. No pienso dejar que siga ahuyentando y matando al ganado.

La joven alzó las cejas, no creyó que aquella manta de pelo pudiese hacer nada de lo que contaban. Tendría que haber algo más. Y si había algo más en el bosque que ahuyentaba y mataba al ganado, entonces el problema del animal era aún mayor.

—Bjorn, considera una batida controlada. Conocemos la zona —dijo otro de los hombres.

Vio que Bjorn miró hacia un lado.

—Dejadme unos días. —Volvió a mirar a los hombres.

El hombre que estaba junto a Henrik Viken en la barra daba unos pasos hacia ellos.

—Como alcalde necesito una solución firme —dijo, y el resto lo miró—. La presión de los otros pueblos es clara, no quieren que esa cosa se mueva por los bosques en pleno comienzo del invierno. Ya sabemos lo que ha ocurrido otras veces.

Henrik miró al alcalde.

—Atrapados —dijo Henrik negando con la cabeza.

El vello de todo el cuerpo se le erizó a la joven al oírlos. Atrapados sin poder pedir ayuda ni siquiera entre pueblos, y con algo peligroso rondando las casas.

—Una semana —replicó Bjorn—. Si no lo consigo, organizaremos una búsqueda.

El alcalde se acercó a Bjorn, tanto que Aurora creyó que estaba a punto de cogerle la cara, pero no, solo lo miró de cerca.

—Tú eres demasiado joven, pero Henrik y yo tendríamos tu edad la otra vez.

Empezó exactamente así. Que si un lobo aislado, que si los osos están en las cavernas de las montañas…

—le dijo el hombre—. Sin embargo, ahora soy alcalde y soy el responsable de lo que nos pueda pasar.

Tienes solo una semana o armaré a un grupo para que haga un trabajo que a los guardabosques no os suele gustar.

Aurora bajó la cabeza y se alejó de ellos. El plazo que le habían dado a Bjorn no era muy generoso. Tampoco para ella si lo que pretendía era quitar al perro de en medio de aquella batalla entre los hombres del pueblo y otra cosa. Y eso considerando que esa otra cosa no fuese el propio perro.

Rodeó una de las mesas y se encontró de frente con la mujer de Viken, la notó más altiva aun que en la calle, como si su advertencia ahora se hiciese más notoria al tener delante a Henrik Viken.

Y quizá sí, aquel hombre daba miedo sin necesidad de amenazas. Y eso que a ella no le podía amenazar con nada más que no fuese físico, el negocio de su tía no dependía de ellos y la joven ni siquiera era de allí. No quería ni imaginar lo que supondría para la pobre Maggie y su familia.

Las campanas de la puerta sonaron y tuvo que mirar hacia ella. Allí estaba el pelo dorado de Hakum Viken, y llegó acompañado de dos jóvenes más de edad similar a la suya. Dirigió la mirada enseguida hacia el grupo de hombres.

—¿Esta noche? —preguntó sujetando la puerta para que entrasen los otros dos.

—Tu hermano ha pedido una semana —le respondió uno de los hombres reunidos.

Vio a Hakum hacer una mueca y mirar a Bjorn como si fuese él la bestia a la que querían dar caza.

—¿Mi hermano se ha rajado? Nada nuevo.

Hasta Aurora se irguió apretando los brazos al cuerpo con cierto calor al escucharlo decir aquello.

Entendía la postura de Bjorn, lejos de ser la cobardía a la que se refería su hermano.

La mirada de la joven se dirigió enseguida hacia Henrik, esperando que pusiese orden entre sus hijos.

Pero no, Henrik había contenido la sonrisa.

Qué demonios.

Vio a Bjorn levantarse de la banqueta y pasar entre el grupo sin agachar la cabeza, pero también sin decir una palabra más. Ni siquiera dirigió una mirada hacia su madre, que seguía sentada.

Las campanas sonaron cuando salió de allí. Hakum lo había seguido con la mirada hacia la puerta.

—¿Cuándo salimos? —preguntó Hakum a su padre.

—En una semana si Bjorn no encuentra nada.

Vio la decepción en el grupo de tres jóvenes, con una actitud chulesca que no le estaba gustando nada.

—He hablado con Jacob, vienen tres del otro pueblo. —Hakum se dirigía hacia su padre, que estaba junto a la barra, y tomó la banqueta en la que había estado sentado su hermano—. Lo que sea caerá en un par de noches.

Henrik asintió con la cabeza. Vio a Hakum mirar hacia la puerta.

—De todos modos, estas noches no pensamos quedarnos quietos —añadió Hakum y sus dos amigos asintieron—. Me importa poco lo que diga Bjorn. Ni que el bosque fuera suyo.

Aurora frunció el ceño, su tía Agnes cruzó una fugaz mirada con ella.

—¡Agnes! —El alcalde había llamado a su tía—. ¿Has escuchado o visto algo estas noches? No estás muy lejos de donde apareció la oveja —añadió el hombre.

—Nada —respondió tía Agnes.

El alcalde miró al grupo de los tres jóvenes.

—Tenemos en la furgoneta las trampas. —Oyó susurrar a uno de ellos.

Aurora volvió a cruzar una mirada con tía Agnes, que había puesto sobre la barra la cesta de la comida de Bjorn.

Esa vez no tuvo que decirle nada a Aurora, ella enseguida la cogió por el asa y se dispuso para salir de la chocolatería. El odio que iba sintiendo hacia Hakum aumentaba por momentos. Y este se estaba extendiendo por todos los Viken en general, salvo por uno.

Se apresuró para salir antes de que Bjorn se alejase demasiado.

Se encontró de frente a uno de los perros de Bjorn, Aurora se detuvo en seco al ver a Sila sentada mirándola, como si hubiese estado esperando en la esquina de la chocolatería a que ella saliese.

El animal se puso en pie al verla y dio unos pasos hacia ella.

Aurora prefirió esperar quieta a que fuese Sila la que se moviese antes de avanzar más, pero el animal ni siquiera se acercó demasiado, giró el cuello hacia ella moviendo la nariz un instante mientras se detenía.

Y volvió a mirarla, directa a los ojos. Un gesto que sintió más humano que animal aunque eso pudiese parecer una locura.

Como si ella supiera que conozco el misterio de los bosques y no es precisamente una bestia.

Sila pasó de largo y ya pudo seguir avanzando hacia Bjorn, que aún no había alcanzado la moto de nieve.