2
Aurora regresaba de la tienda de tés hacia la chocolatería. Viendo la temperatura que hacía por las mañanas, necesitaba líquido caliente nada más despertar. Y, por suerte, allí tenían variedad.
—Nadie ha perdido un perro —le susurró tía Agnes en la puerta de la chocolatería.
Pero era algo que ya suponía. Un perro conocido no haría que los perros de Bjorn actuasen así.
La mirada de Agnes se dirigió hacia el fondo de la calle. Un abrigo de lana grisáceo le llamó la atención. No era un abrigo que quitase el frío como los que solían llevar todos en esa época. La trenza rojiza de Maggie caía a un lado.
Aurora le dio la bolsa de las infusiones a tía Agnes.
—Espérame dentro —le dijo y se dirigió hacia el fondo de la calle en busca de Maggie.
Aurora apresuró el paso hacia la joven, pero vio a una mujer de pelo rubio grisáceo, similar al de tía Agnes, hacer el intento de acercarse a ella.
Maggie, sin embargo, hizo lo posible por esquivarla, pero la mujer le sujetó el brazo.
Quién demonios es ahora.
Aurora se detuvo de inmediato, quizás fuese su madre o alguien de su familia y no quería interrumpir.
Volvió a retomar la marcha, pero desviando los pasos hacia la izquierda como si fuese a regresar a la tienda de las infusiones.
Si esa era la madre de Maggie, estaba enfurecida.
La chica había bajado la barbilla escuchándola y estaba a punto de romper a llorar.
Aurora miró alrededor, era muy temprano, apenas estaban abriendo las tiendas y la calle estaba alumbrada únicamente por las farolas amarillentas. Con lo cual, no había mucho tránsito, apenas pasaban algunos vehículos por la parte central de la calle.
No, aquella mujer no podía ser la madre de Maggie, no creyó que su madre pudiese hacerla llorar de aquella manera.
Apresuró el paso. Y escuchó claramente la voz de la mujer.
—No voy a dejar que una mosquita muerta como tú arruine su vida. —La oyó decir claramente.
—No es mi intención. —La chica ya lloraba.
—Pues ya sabes lo que tienes que hacer. Y no vuelvas ni siquiera a mirar a mi hijo.
La señora Viken, la madre de Hakum y Bjorn.
Lo estaba imaginando.
—¡Maggie! —alzó la voz para llamarla y ambas la miraron.
Aurora lanzó una mirada fija a la mujer mientras se acercaba a ellas, no se detuvo junto a Maggie, sino que pasó entre las dos mujeres para interponerse delante de la joven.
—Es suficiente, creo —le dijo a la señora Viken sintiendo cómo Maggie apoyaba la frente tras su hombro.
—Descarada, entrometida y además forastera. Debes ser la sobrina de Agnes, ¿me equivoco?
La señora Viken miró a Maggie.
—Con que no ibas a decírselo a nadie, ¿no? Y ahora lo sabe lo peor de este pueblo.
O se estaba acostumbrando ya al frío, o aquel abrigo que llevaba hacía la función térmica perfecta, porque no lo estaba notando en absoluto, ni siquiera en la cara. Le acababa de empezar a arder.
—Señora. —Le ardía hasta la garganta—. No la conozco de nada para que ya esté insultándome cuando llevo un solo día en el pueblo.
Pero en un día ya he visto suficiente como para saber que en vez de estar haciendo llorar a esta chica con su soberbia, usted debería disculparse con ella por la reacción de su hijo. Y bajar la cabeza.
Hasta Maggie la miró aterrada por lo que había dicho. La señora Viken emblanqueció de inmediato, le vio hasta cómo le temblaba el labio superior.
—¿Pero quién te has creído…?
—El problema es quién se creen usted y su hijo para tratar a Maggie así —replicó ella cortando a la mujer.
—Déjalo ya. —Oyó murmurar a Maggie.
La señora Viken apretó la mandíbula, lo que hizo que su labio temblase aún más.
—Mi marido hará una visita a tu tía Agnes —la amenazó la mujer—. Le encantará conocerte.
No sabía si era algo para temer. No tenía ni idea de aquel pueblo ni de los Viken, solo que no debía meterse con ellos y ella no había podido empezar peor.
Vio a la señora Viken alejarse mientras Maggie rompía a llorar. Tuvo que rodearle con el brazo, la muchacha parecía que iba a caerse.
—No deberías haberte metido —le dijo la joven cuando Aurora la miró.
—Ayer estuve a punto de caerme de un barranco, ¿van a hacerme algo peor? —Intentó quitarle importancia, aunque todavía no sabía las consecuencias de meterse con los Viken.
No hacía falta ni preguntarle a Maggie cómo estaba, la joven casi no podía ni respirar. Estaba aterrada, quizás por demasiadas circunstancias.
—¿Quieres que te acompañe al médico? —le preguntó, tampoco sabía qué decirle.
Maggie negó con la cabeza.
—Vuelve a la chocolatería. No tienes nada que ver con esto —le dijo la chica separándose levemente de ella.
Pero Aurora no la soltó.
—Ahora ya sí —respondió—. Ya te dije anoche que no estabas sola.
Maggie levantó la mirada todo lo que le permitió la hinchazón de sus párpados. Habría estado toda la noche llorando.
Comenzaba a amanecer, que allí solo significaba algo más de luz. Pero no nevaba y el viento se había cortado. Era una suerte que los temporales solo llegasen por la noche y les dejasen margen por el día.
—Vamos a dar un paseo, ¿aquí no hay parques? —preguntó y Maggie la miró como si estuviese diciendo una estupidez. Supuso que si había uno, estaría cubierto de nieve—. O a donde quiera que vayáis a pasear.
El olor a leña quemada que desprendían las casas y los locales le estaba encantando, sobre todo en aquellas calles del pueblo en el que se mezclaban todas las chimeneas y lo hacía intenso.
La chica se apartó de ella para emprender el camino al lado contrario de la chocolatería. Aurora se colocó junto a ella.
—¿De cuánto estás? —La joven era muy delgada. No se le notaba absolutamente nada.
—Casi cuatro meses —respondió Maggie.
Y ella alzó las cejas. Esperaba mucho menos.
—¿Y no has dicho nada hasta ahora? —preguntó Aurora.
—Hakum sí lo sabía.
Hijo de puta.
—Se lo dije cuando me enteré, casi a los dos meses.
—La vio coger aire profundo. Comenzaba a respirar al menos—.
Su reacción no fue buena, pero pensé que necesitaba tiempo.
Y… —La chica se detuvo y Aurora lo hizo junto a ella—.
Él está saliendo ahora con Karina Housen.
—La joven giró la cabeza para mirar por donde se había ido la madre de Hakum—.
Por eso ella reacciona así. Los Housen son la otra familia alta del pueblo. El padre de Karina es el alcalde.
—Y tú debes de callarte y que nadie sepa que el niño es de Hakum —dijo Aurora y Maggie asintió—. Menuda mierda de gente.
Volvió a rodear a Maggie por la cintura, ella retomaba el llanto.
—¿Tienes hambre? ¿Vamos a la chocolatería?
Maggie negó con la cabeza.
—Está allí Hakum, y seguramente su padre —respondió la joven—. La chocolatería es un punto de reunión de vecinos, quizás el mayor del pueblo, y no quieren que vuelva a trabajar allí…
Aurora alzó las cejas y negó con la cabeza.
—¿Y tu familia? —Volvió a apretar a Maggie.
—Mi madre lo sospecha desde hace tiempo. He vomitado mucho estos meses. —Maggie volvió a mirar atrás, como si alguien pudiese seguirlas—. Mi padre y mis hermanos nada. Después de lo de Hans, ahora esto… —Volvió a coger aire y lo echó de golpe.
Aurora supuso que Hans sería el hermano de Maggie que tuvo que irse del pueblo.
—También lo sabe una amiga, Marie. Pero le tiene mucho miedo a los Viken. —Volvió a mirar atrás—. Hace años su padre perdió todo el ganado, se murieron todos de golpe, después de discutir con Henrik Viken, el padre de Hakum. Ese invierno comieron por la caridad de los vecinos. Fue horrible.
Aurora miró atrás también.
—Pues a mí no me dan miedo. Y a mi tía Agnes te aseguro que tampoco.
—Lo sé. —Casi la vio sonreír—. De hecho, Agnes ayuda a todo el que se ve envuelto en un problema contra ellos.
Maggie la miró a ella con curiosidad.
—Y tú ya veo que eres igual.
No le unía sangre con tía Agnes, pero sintió orgullo de aquella comparación.
—Es una suerte para ti que solo estés por aquí de paso —le dijo Maggie.
Aurora negó con la cabeza quitándole importancia. El ruido de un motor hizo que las dos mirasen hacia el fondo de la calle.
Pudo ver una moto de nieve marrón grisácea que ya conocía, rodeada de cinco perros. Contuvo la sonrisa.
Ambas se apartaron a un lado para dejarlos pasar. Vio cómo Bjorn alzaba una mano hacia ellas a modo de saludo. Aurora le respondió con el mismo gesto y lo miró de reojo.
Inconscientemente se detuvo y giró la cabeza para seguirlo con la mirada.
—Es curioso —dijo Aurora y Maggie la miró—. Unos Viken quieren hacerte invisible y quitarte de en medio. Y otro Viken evitó que desaparecieses del todo.
—Porque él no es como el resto. —Maggie sonrió mirando atrás también, donde Bjorn seguía su camino junto a sus perros—. Él era muy amigo de Hans. Intentó evitar que se marchase, pero era imposible.
—¿Y cómo lleva la familia una oveja negra?
—Contuvo la sonrisa. No sabía por qué estaba tan segura de que Bjorn no tenía nada que ver con aquella gente, principalmente por la forma en la que tía Agnes lo trataba.
Sabía que le preparaba las cestas de la comida cada día y eso no tenía nada que ver con la chocolatería.
En casa había visto otras dos cestas iguales con cacharros vacíos, quizás serían las cenas del guardabosques.
Y ahora entendía por qué Hakum le hablaba de aquella manera aun delante de todo el mundo.
—Seguramente habrás visto la colina donde vive Bjorn —respondió Maggie—. Eso quizás te lo responda.
Aurora frunció el ceño y miró hacia atrás de nuevo. Bjorn había llegado a la chocolatería y se bajaba de la moto.
Un Viken solo y apartado, quizás el castigo por ser diferente.
—Con una familia así, es mejor vivir en la colina —soltó Aurora.
Maggie casi sonrió sin dejar de mirarla.
—¿Te gusta? —preguntó la joven y ella se sobresaltó.
—¿A mí? No. —La cara volvió a arderle de inmediato. Confiaba en que el hielo de alrededor fuese lo suficientemente frío como para impedirle que le salieran los colores.
Y para que Maggie sonriese a pesar del estado en el que estaba, tendría que ser muy evidente. Quizás su respuesta rápida la había delatado aún más.
—No he venido en unas circunstancias personales como para estas cosas, ¿sabes?
—¿Qué te han hecho? —preguntó Maggie, su sonrisa había desaparecido de nuevo.
Le daba hasta vergüenza decírselo. Ya después de ver la situación de Maggie le parecía una tontería.
—Me dejó por otra. Vamos, yo creo que primero me puso los cuernos y luego me dejó por ella. —Le dio con el pie a un pequeño montículo de nieve.
—Menudo imbécil —le dijo la chica y Aurora se encogió de hombros—. ¿Y era guapo como Bjorn?
—No. —Le salió tan natural y rápido que hasta se abochornó—. Quiero decir… era diferente.
A Bjorn no le llegaba ni a la nieve que se le pegaba en las botas. Seguramente en todos los sentidos.
Miró a Maggie. A la chica se le había abierto el abrigo en la parte del cuello y lo tenía al aire. Estaba tremendamente delgada, se le apreciaban los huesos. Acercó las manos hacia ella y le cerró el abrigo.
—Creo que tienes claro que mi tía no va a despedirte diga lo que diga esa gente, ¿verdad?
Maggie asintió con la cabeza.
—Estaba pensando en pedirle que dejase que me quede en la parte de arriba de la chocolatería.
Maggie se refería al apartamento de arriba. Por lo que sabía, era diáfano. Apenas una cocina diminuta, un baño y una cama. La vivienda real estaba en la parte de abajo, tras el local, y estaba alquilada a una familia.
—No creo que haya problema —le respondió Aurora estando convencida de que Agnes no pondría pega.
Contó los meses que le quedaban a Maggie para tener al niño. Ya ella estaría en Italia de vuelta.
Miró a Maggie, cuando le decía que no estaba sola no era del todo cierto. Ella, la primera que ahora hacía por arroparla, no estaría allí.
Sacudió levemente la cabeza en un intento de quitarse aquel sentimiento de vacío extraño que le había sobrevenido. No llevaba ni veinticuatro horas en el pueblo para tener sentimientos por nada de allí. Quizás habían sido el resbalón y la caída los que le habían abierto el pecho.
O quizás lo había hecho tía Agnes, Bjorn, Maggie y aquel perro con hambre.
—¿Cuándo se lo piensas decir a tu familia? —le preguntó, y vio cómo el llanto regresó de inmediato a la chica.
—No lo sé. —A Maggie le aterraba tanto la reacción de su familia que le apenó sobremanera. Supuso que la razón del terror era porque el padre de su hijo fuese un Viken. Un Viken además de lo más rastrero.
Abrazó a la joven y sintió cómo Maggie se dejaba caer en ella.
—¿Cuánto hace de lo de Hakum? —preguntó sin soltarla, dejando que ella apoyase la mejilla en su hombro.
—Dos o tres años.
Se sorprendió al escucharla también.
—Pero no ha sido algo…
Que te busca cuando le parece, vamos. Todo un caballero, sí señor.
—Por eso su madre dice que lo mismo ni es de su hijo. Pero no he estado nunca con nadie, solo con él —añadió la joven.
—Lo que diga la madre te tiene que resbalar —dijo Aurora, aunque sabía que en un pueblo eso era complicado. No sería solo la madre, habría un juicio popular claro.
—Me resbalaría si la actitud de él fuera diferente. Pero no. —Maggie quitó la mejilla de su hombro para mirarla.
No sabía qué decirle. No se le ocurría nada agradable qué decir de aquel imbécil. Y decir lo que pensaba de él no ayudaría a Maggie.
—Vamos a empezar buscando soluciones para ti. —Era lo único que se le ocurría. No estaría todo el tiempo con Maggie, pero sí el suficiente como para dejarla en las mejores condiciones posibles—. Preguntaremos a tía Agnes por el estado de ese apartamento.
Y le ayudaría a arreglarlo para Maggie.
Sonrió y pareció que la chica se alegró de escuchar que podría haber un camino con algo de luz.
—Pues vamos. —Le cogió la mano a Maggie y tiró de ella.
No podrían entrar en la chocolatería con los Viken allí dentro. No sería bueno para el ánimo de Maggie de momento enfrentar la mirada de todos ellos.
Pero para subir al apartamento no hacía falta pasar por el local.