1 #4
—Lo siento —le dijo la chica en un susurro—. Si Bjorn no hubiese llegado a tiempo…
Aurora negó con la cabeza y miró hacia Bjorn. Pero el gruñido de uno de los perros la sobresaltó. Uno de los blancos y grises estaba mirando a un punto fijo de la lejanía con el cuerpo erguido y tenso, lo que alarmó a los otros cuatro.
Bjorn y tía Agnes se callaron enseguida.
—Hay algo en el bosque esta noche —dijo Bjorn y Aurora sintió que la piel se le erizaba—. Por eso estaba por aquí.
—¿Es eso que ataca el ganado y las gallinas? —preguntó tía Agnes.
—No creo eso de que sea tan grande —respondió Bjorn dando unos pasos al frente en la dirección que miraba su perro—. Ya lo hubiese visto.
—¿Es verdad que hay un oso rondando el pueblo? —preguntó Agnes de nuevo, acercándose a ellas dos.
—Los osos ya están en las cuevas —respondió Bjorn—. La gente ya no sabe qué inventar.
Lo vio dirigirse hacia la moto de nieve.
—Maggie, sube. Te llevaré a casa —le dijo él a la chica—. Tampoco sé qué haces tú por aquí a esta hora.
Maggie miró a Aurora antes de acercarse a la moto de nieve y subirse a ella.
Aurora le dijo adiós con la mano. Ni siquiera le había dado las gracias a Bjorn, pero tampoco él le estaba dando margen, no se había detenido ni un momento. Así que se apresuró cojeando por llevar solo un esquí hacia él.
Aurora se detuvo entre Agnes y la moto de nieve. Y miró a Bjorn, que seguía pendiente de las posturas de sus perros.
—Gracias —le dijo y vio a su tía sonreír al escucharla.
—La mejor manera de darme las gracias es no hacer ninguna otra estupidez —dijo él volviendo su mirada hacia ella. Cruzarse con los ojos de Bjorn en la cercanía hizo que Aurora estuviese a punto de desviar la suya hasta el suelo—. Y decirme cualquier cosa que hayas visto en el bosque.
—No he visto nada en el bosque —se apresuró ella a responderle.
—Como las señales, ya —replicó Bjorn y arrancó el motor.
El joven aceleró y levantó algo de nieve al avanzar. Aurora tuvo que apartarse de él y se apoyó en el hombro de tía Agnes.
Lo observó mientras se alejaba. Agnes giró el cuerpo para echarle una última mirada de disculpa.
Y ella soltó todo el aire que había contenido desde que tuvo cerca a Bjorn.
Tía Agnes no tardó en mirarla de reojo.
—Has visto algo, te has asustado, has echado a correr, y te has caído, ¿no? —le soltó su tía y ella dio un respingo.
Miró a su tía e hizo una mueca.
—No ha sido así del todo —respondió y la mujer empezó a reír.
—Claro que no. Lo de Maggie por aquí no hay ninguna forma de encajarlo. Ella no es una joven que suela buscar a Bjorn.
Aurora bajó la barbilla y alzó las cejas y la mirada hacia su tía.
—¿Hay quien viene a buscar a Bjorn a este sitio terrible? —preguntó y la risa de Agnes aumentó—. Qué locura.
—Por eso se enfada. —Su tía miró por dónde se había ido el joven y avanzó para regresar.
—No me digas que ahora piensa que yo venía a buscarlo también. Qué vergüenza.
La mujer se giró para mirarla.
—¿Has estado a punto de morir y te preocupa lo que piense él?
Por absurdo que parezca, el miedo ha desaparecido. Y sí, me preocupa.
—No, no piensa eso. Piensa que lo que sea te ha asustado. ¿Qué era? —añadió su tía.
—Ni idea. Tenía dos ojos que brillaban rojizos, eso sí.
—Muy bien, ahora sabemos que tiene dos ojos, eso descarta posibles candidatos —replicó su tía riendo. Aurora encogió la nariz con la estupidez que acababa de decir—. ¿Qué altura tenía?
—Estaba agazapado en la nieve casi todo el tiempo, de pie… —Colocó la mano poco más arriba de su rodilla.
—Eso sí descarta un oso. O no —respondió su tía sonriendo—. ¿Por qué no se lo has dicho?
Aurora desvió la mirada sin responder.
—Pues sí que te importa lo que piense. No es malo asustarse.
—Para vosotros todo esto es normal. Para mí es como entrar en un bosque encantado con bichos que solo veo por imágenes de internet. Como las hadas, los dinosaurios o cualquier otra cosa que no exista.
—Ya. —Agnes se detuvo para que ella pudiese apoyarse y quitarse el esquí, no podría ir cojeando todo el camino—. ¿Y Maggie?
A Agnes podría decírselo.
—La vi discutiendo con Hakum Viken, pero él se fue.
La tía Agnes alzó las cejas.
—No me caí. —Cogió el esquí con la mano—. Solo intentaba que ella no cayese.
La mujer entornó los ojos mientras guardaba silencio.
—No estoy orgullosa de lo que has hecho, podría haber terminado mal. —Pero podía ver en los ojos de su tía que eso que decía no era realmente cierto. Claro que estaba orgullosa.
—No podía hacer otra cosa. —Puso el pie en el suelo, ya sin esquí—. No dispongo de un aparato que llame a ángeles en la nieve.
Vio cómo tía Agnes sonreía. Sus ojos claros tomaron el brillo similar al del animal que se agazapaba en la nieve.
—No —respondió su tía—, pero no lo has necesitado. Porque otra cosa, lo que quiera que ese bicho sea, te ha echado una mano.
Aurora miró hacia los árboles. La razón por la que Bjorn estaba cerca era por ese animal que la había seguido observándola de lejos. Su olor había atraído a los perros del joven guardabosques.
Aurora sonrió.
—Creo que le debo uno de esos filetes enormes que tienes en el frigorífico, ¿puedo?
Su tía asintió con la cabeza.
—Hay otra cosa que me preocupa bastante más que dos ojos rojizos en el bosque, Aurora. —Agnes volvió a mirarla—. ¿Qué ha pasado para que esa muchacha acabe en un saliente del valle a punto de caer?
—Está embarazada de ese imbécil —le soltó a su tía y esta dio un respingo.
—¿Maggie? ¿De Hakum Viken? —No parecía dar crédito. Se llevó la mano a la frente—. Pensaba que ni siquiera se habría atrevido a acercarse a él. Su hermano tuvo un pequeño roce con los Viken y se vio obligado a irse del pueblo para no afectar al resto de la familia.
—¿Tú también les tienes miedo?
—¿Yo? —La tía Agnes dio una carcajada—. Ya hace tiempo que le perdí el miedo a los Viken. Para ellos soy una persona non grata en este pueblo y hacen lo posible para que me vaya. ¿Ves que me importe?
Aurora alzó las cejas al oírla.
—¿Qué te pasó con ellos?
Ya llegaban a casa, podía sentir de nuevo el olor a leña quemada. Tía Agnes no había respondido y eso aumentó su curiosidad. Pero la mujer miró hacia el bosque y quizás viese algo porque hasta se detuvo.
Aurora tuvo que detenerse también para recorrer el bosque con la mirada, en busca de unos ojos brillantes y rojizos, pero solo había oscuridad y silencio alrededor de ellas.
—Me robaron. —Su tía dio unos pasos más hacia los árboles, claro que habría visto algo.
—¿Y no los denunciaste? —preguntó Aurora volviendo a mirar a su tía, que estaba a un par de metros adelantada a ella.
—No supe que me habían robado hasta años después.
Eso no tenía mucho sentido.
—¿Era algo de mucho valor? —Supuso que serían unas tierras o una casa.
—Incalculable. —Agnes volvía a avanzar hacia los árboles, pero ella no era capaz de ver lo que le llamaba la atención a su tía.
—¿Y no les has exigido que te lo devuelvan?
—No es algo que se pueda devolver. —Su tía giró levemente la cabeza para responder, pero enseguida miró de nuevo al bosque—. Hay algo mágico en la penumbra de estos bosques nevados. Mi abuela siempre decía que estaban repletos de espíritus de la nieve, ellos podían engullirte o salvarte.
La joven contuvo la respiración al escucharla y bajo el mono sintió cómo se le erizaba el vello.
—Puede parecer una estupidez, ¿verdad? Sobre todo para alguien que viene de las grandes urbes como tú —añadió tía Agnes—.
Cuando me dijiste que venías a casa tuve mis dudas.
Por un lado temía que mi camino en estas tierras te afectase de algún modo, y por otro el peligro de que algo aquí no te aceptase y esa voluntad no depende de los Viken ni de nadie de ningún pueblo de los de por aquí.
Aurora no era capaz ni de soltar el aire.
—Pero esta noche algo te ha dirigido hacia Maggie y luego ha atraído al guardabosques. —Su tía se dio media vuelta para retomar el camino hacia casa.
La siguió de vuelta.
—Entonces, ¿los espíritus son los animales que viven aquí?
—Dicen que están en ellos, pero no son lo mismo. —Tía Agnes entró en casa, pero Aurora echó la vista atrás un instante.
El brillo de algo en un arbusto que delimitaba un camino casi imaginario y enterrado bajo la nieve la hizo detenerse. Se dio media vuelta para acercarse a la cerca alrededor de la casa hasta donde estaba el poste del buzón.
Quizás las palabras de la tía Agnes habían hecho que perdiese en parte el miedo a aquella criatura, quizás también el agradecimiento que le tenía. Gracias a ella encontró a Maggie, gracias a ella Bjorn pudo salvarlas a las dos de una caída de la que no sobrevivirían.
¿Seguía observándola de lejos? Tía Agnes había notado su presencia, quizás las habría seguido. ¿Por qué? Ya no tenía más comida.
Quizás siga teniendo hambre.
Podría ponerle en otro cartón el trozo de carne más grande de la casa, se lo merecía.
Se apartó del poste para dirigirse a la casa, pero el sonido del motor de una moto de nieve la hizo sobresaltarse. Miró hacia el camino, Bjorn regresaba junto a sus perros, que corrían veloces alrededor de la moto.
Los focos la alumbraron y hasta la deslumbraron. Sintió cómo él aminoraba la marcha hasta detener el motor al completo, a un par de metros de donde ella estaba.
No sabía si era por la tensión en su cuerpo, pero la parte abdominal de su estómago pareció rebotar con un hilo helado que se movía por dentro al ver que Bjorn se había detenido con ella.
Uno de los perros marrones llegó a su pies y comenzaba a olerla. Un segundo hizo lo mismo, este rodeándola por completo con un interés exhaustivo con las suelas de sus zapatos.
Sin embargo, Sila y otro de los perros gris y blanco, miraban hacia el bosque.
—¿Me vas a decir lo que has visto o prefieres mantener el enigma? —le preguntó él y ella tuvo que apartar la mirada de los perros para mirarlo a él.