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Permanecimos inmóviles durante unos segundos.
—Debe ser Nick —susurré, separándome apenas de sus labios.
—Que espere.
—No seas injusto, Garrett. Por algo está aquí.
—¿Ahora te conviertes en su defensora? —se quejó.
—¡No! Pero recuerda que debemos partir hoy. Tenemos que verificar los detalles para el espectáculo de mañana.
—Es cierto, maldita sea.
Nos vestimos con prisa. Garrett se encargó de abrir la puerta.
Cuando Nick entró, quise creer que no notaría lo sucedido, pero era evidente que me equivocaba.
Su mirada recorrió la estancia y supe que lo había comprendido todo.
A pesar de la felicidad, una extraña molestia se instaló en mi pecho, un peso que no lograba identificar.
—¿Están listos para marchar? —preguntó Nick con voz neutra.
—Dame un momento, debo recoger mis pertenencias —respondí y luego miré a Nick—. ¿Podemos hablar un segundo?
Garrett me lanzó una mirada elocuente. Le devolví una sonrisa tranquilizadora para indicarle que no debía preocuparse. Jamás imaginé que Garrett sería celoso; era otra faceta nueva a la que debía acostumbrarme.
Acompañé a Nick a mi habitación para buscar mi equipaje. El trayecto transcurrió en un silencio sepulcral. Guardé mi ropa y arrastré la maleta hasta la estancia principal.
—¿Qué deseabas decirme, Colette? —se adelantó él, rompiendo el hielo.
—Siento que te debo una disculpa.
—¿Por qué lo crees?
—¿Consideras que no la mereces?
—¿Qué otra opción tengo? Tú ya has elegido —respondió, evitando el contacto visual—. Tampoco es que tuviéramos un vínculo formal.
—¿De verdad estás bien?
—No, pero no puedo obligarte a sentir algo que no nace de ti. Sé perder con dignidad… una vez más.
—¿Una vez más?
—Colette, Garrett siempre estuvo a tu lado. Él siempre fue el dueño de tus afectos y, aunque sufriste, nunca dejaste de amarlo. ¿Crees que yo tenía alguna oportunidad real entre ustedes?
—Dudé, Nick. Y esa duda significa que existió una posibilidad, aunque ahora ya no sea así.
—Anoche creí que estaba cerca de ganar tu corazón, pero vi tu reacción en cuanto Garrett apareció. Ahí lo comprendí todo.
—Lo siento mucho, de verdad —dije con aflicción.
Él se encaminó hacia la puerta y, antes de salir, se detuvo sin girarse.
—Espero hallar a quien te amenaza, pues ese es mi trabajo. Una vez que lo consiga, no volveré a cruzarme en tu camino.
Cerró la puerta tras de sí. Sus palabras me causaron un dolor punzante. ¿Por qué me afectaba tanto si, supuestamente, era lo que deseaba?
Maldita sea.