Mi Amor Es De Peso 45
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¡Cielos! ¿Qué acaba de ocurrir?

Desperté en la cama con una sensación de plenitud absoluta. Mi respiración era pausada y mi cuerpo parecía flotar bajo los efectos de la dopamina. Estaba viva y una sonrisa incontenible iluminaba mi rostro. Me recriminé internamente por mi propia cursilería, pero no podía evitarlo.

Giré la cabeza y allí estaba él. Garrett dormía boca abajo, completamente desnudo.

—Dios mío —murmuré para mis adentros.

Se suponía que debía actuar con naturalidad, pero ignoraba cómo hacerlo tras una noche de tal magnitud.

Recordé el sofá, el tránsito febril hacia la cama y cada caricia intercambiada.

De pronto, noté que Apolo me observaba desde el umbral con sus ojos redondos y fijos. Me sentí extrañamente juzgada.

—¿Qué miras? —le pregunté, incorporándome un poco—. Tú no viste nada anoche.

El perro soltó un ladrido y Garrett se removió entre las sábanas con un quejido sordo.

—Cielos, Colette… ¿Qué me has hecho? —murmuró.

—¿Yo? Soy una inocente —repliqué con ironía.

Él giró el rostro y me dedicó una mirada somnolienta cargada de picardía.

—Ni tú te crees ese cuento.

Reí y me acerqué a él. Resultaba extraño encontrarnos en un entorno tan romántico después de tantos años de camaradería, pero la experiencia era fascinante. Acaricié su cabello y él cerró los ojos, disfrutando el contacto.

—¿Colette?

—¿Dime?

—Perdóname.

Aquella palabra activó una alarma de temor en mi pecho.

—¿Por qué razón?

—Por todo el tiempo que te hice sufrir con ese amor unilateral. Sabía lo que sentías y me comporté como un idiota.

—Te perdono, Garrett. Lo hice hace mucho tiempo.

Él se sentó en el colchón y yo imité su gesto.

—¿Cómo no me di cuenta antes de lo que sentía por ti? Tuviste una paciencia infinita conmigo.

—Todavía me sorprendes —admití entre risas.

—¿Debo hacer algo más para disipar tus dudas?

—Me basta con saber que soy tu todo. Con eso es suficiente.

—Te amo —soltó de repente.

—Garrett, esas son palabras muy profundas.

—Pues profundo es lo que siento por ti, aunque tú aún no has dicho nada —comentó, observándome de reojo.

Solté una risita traviesa antes de acercarme a sus labios.

—Te amo desde mucho antes que tú, Garrett.

—¿Con que así se siente? —Se llevó una mano al pecho y ambos reímos—. ¿Cuánto me amas? —insistió con tono meloso.

Adopté un aire pensativo y acorté la distancia final.

—Lo que siento por ti es inabarcable. Diría que te amo con todo mi corazón, pero me parece un órgano demasiado pequeño para compararlo con lo que me provocas. Así que te diré esto: te amo con todo mi ser.

Él sonrió y lo interrumpí con un beso lento, saboreando el dulce nerviosismo de estar, por fin, con la persona que amé durante tanto tiempo. Justo en ese instante, unos golpes en la puerta fracturaron el silencio.