Mi Amor Es De Peso 42
55%

42

La vergüenza me invadió por completo; sentí que la tierra se abría bajo mis pies. Allí, frente a nosotros, estaba Garrett. Su rostro era una máscara de incredulidad y decepción. Sostenía un ramo de rosas entre sus manos.

Rogué internamente que aquellas flores no tuvieran una intención romántica, que mi sospecha fuera un error de mi conciencia culpable.

—Garrett —logré articular en un susurro entrecortado.

Él permaneció en silencio. Nos observó un segundo más y luego encogió los hombros con un gesto de resignación que me dolió más que cualquier reclamo. Caminó hacia la entrada del hotel, arrojó el ramo al cesto de basura con una indiferencia gélida y desapareció en el ascensor junto a Apolo.

—¿Qué hace Garrett aquí? —preguntó Nick a mis espaldas—. Es muy extraño.

Para mí no tenía nada de extraño. En ese momento lo comprendí todo.

Fue él quien envió la cena y aquella nota que ahora cobraba un sentido doloroso: “Estoy cerca de ti como siempre lo he estado, porque siempre has sido especial para mí, Ett. Espero que disfrutes la comida; mañana iré a verte… necesito decirte algo”.

Había venido antes de lo previsto y yo lo había arruinado.

—Es mejor que nos retiremos a nuestras habitaciones —dije con voz apagada.

—¿No prefieres buscar alguna distracción?

—No, Nick. No es un buen momento.

—Entiendo.

—No me siento bien… me duele aquí —señalé mi pecho, donde la opresión se volvía insoportable.

—¿Vas a buscarlo?

—Dudo que quiera verme ahora.

Nick rodó los ojos, visiblemente molesto.

—¿Para qué insistir, Colette? Tú misma lo has dicho antes.

—Al menos debo intentarlo. Es mi amigo y merezco enfrentar la verdad, sea cual sea.

—De acuerdo, ve. Tú y yo no tenemos un compromiso que me permita retenerte.

—Un beso no es nada, ¿verdad?

—Eso depende del beso.

Suspiré, agotada emocionalmente.

—Buenas noches, Nick.

Me alejé antes de decir algo de lo que pudiera arrepentirme.

Entré al vestíbulo y me detuve un instante frente al ramo de flores que asomaba en la basura.

Tras obtener el número de su habitación en recepción, subí al encuentro que tanto temía.

Mis manos temblaban. Intenté analizar mis sentimientos en ese breve trayecto: hace un momento Nick me hacía vibrar, pero la sola presencia de Garrett había desmoronado cualquier otra posibilidad.

Me detuve ante su puerta, aclaré mi garganta y llamé. Los ladridos de Apolo no se hicieron esperar.