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Creí haberme librado de los interrogatorios de Garrett y de la vigilancia de Nick al llegar al centro comercial con Abby.
Con Apolo resguardado en su bolso de transporte, intentábamos decidir qué ordenar del menú.
Observé de reojo a Nick, sentado a unas mesas de distancia; fingía leer un libro mientras me vigilaba con discreción por encima de las páginas.
No lograba descifrar si su atención se centraba en mi seguridad o en mis elecciones alimenticias.
—Abby… estoy confundida.
—¿Aún no sabes qué pedir?
—No, tonta. Me refiero a Nick y a Garrett.
—¿Qué sucede con ellos?
—¿No te parece extraño que conviva con dos hombres y que todo fluya con tanta normalidad?
—Depende. ¿Aún sientes algo por Garrett?
—Ese es el error. Por eso estoy confundida. Garrett me acosa a preguntas cada vez que salgo con Nick, y Nick, por su parte, se comporta de una manera extremadamente dulce conmigo.
—Tal vez les gustas a los dos —se burló ella mientras llamaba a la camarera.
Suspiré y busqué a Nick con la vista, pero ya no estaba en su sitio. Su ausencia repentina me inquietó. Ordené algo saludable para evitar sermones posteriores.
—Si quieres, puedo hablar con Garrett para averiguar qué le pasa —ofreció Abby.
—No lo sé —respondí, distraída, escaneando el lugar en busca del guardaespaldas.
—Decídete pronto —rio ella—. Iré al baño mientras traen la comida. ¿Vienes?
—Te espero aquí, no quiero que piensen que nos vamos sin pagar.
Asentí y ella se alejó. La inquietud creció al no hallar rastro de Nick, así que tomé el teléfono para llamarlo.
Tenía un mal presentimiento que se confirmó al ver una notificación de un número desconocido.
Era una fotografía mía, tomada hace apenas unos instantes desde un ángulo que no percibí.
Mis sentidos se alertaron y marqué el número de Nick de inmediato.
De pronto, unos brazos me rodearon desde atrás y sentí un objeto punzante presionando mi espalda.
Una voz susurró con un tono cantarín e intimidante:
—Juguemos en el bosque mientras el lobo no está, Colette.