Mi Amor Es De Peso 27
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Empujé a Garrett hacia la cama con una fuerza que no sabía que poseía.

—¡Colette! —protestó él.

—Nada de Colette. Habla de una vez: ¿por qué odias tanto a Nick? —le exigí, situándome frente a él con determinación.

—Soy tu amigo, pero también soy hombre —dijo, alzando las cejas.

—No seas idiota, responde.

—Es que nunca una mujer me había tratado con tanta firmeza.

Lo miré con ganas de aniquilarlo.

—¿Y yo qué soy? ¿Un alma caritativa? —pregunté molesta.

—Bueno, eres como un pan recién horneado… —rio él—. Tibio y con mantequilla.

—Concéntrate —le dije, sujetando sus muñecas con fuerza por encima de su cabeza.

—Está bien… no es sencillo de explicar.

—Solo dilo.

—Siento celos —murmuró al fin.

—¿Qué?

—Eso. Celos.

—No te creo. ¿Celos de qué?

—Querías la verdad y ahí la tienes. Siempre he sido celoso contigo debido a nuestra amistad.

Intentó incorporarse, pero no se lo permití.

—Dime la verdad completa, Garrett.

Él suspiró y puso los ojos en blanco.

—¿Podemos hablar como adultos?

Solté su agarre y me aparté.

—¿Desde cuándo eres tan ruda? —se quejó.

—Desde que empecé a sentir que las personas que quiero me ocultan cosas.

Caminé hacia el balcón y abrí el ventanal; necesitaba el aire fresco de la noche. Garrett se acercó y se apoyó en la barandilla a mi lado.

—¿Cuándo te he mentido? —preguntó con sinceridad.

—Ahora mismo siento que lo haces. Después de las amenazas y de buscar refugio aquí, necesito transparencia. Si no, lo mejor será que vuelva con Abby.

—No quiero que te vayas, Ett. Y no miento. Con Nick ocurrieron situaciones en el pasado.

—¿Se conocían desde antes? —pregunté sorprendida.

—¿De verdad no lo recuerdas?

—No. Solo conozco su currículo como guardaespaldas. ¿Quién es él?

—Lo descubrí hace poco al investigar su pasado.

—Vaya, ahora eres detective. Dime quién es.

—Es Nicholas Becket.

—Eso ya lo sé, genio. Dame un detalle que me ayude a recordarlo.

Él sonrió con ironía.

—¿Recuerdas al chico que todos molestaban en el colegio?

Hice memoria, intentando rescatar algún rostro de mi infancia, hasta que mi mente dio con la respuesta. Abrí la boca con asombro; Garrett asintió, confirmando mis sospechas.

—¿El que todos rechazaban? —pregunté con duda.

—El mismo.

—¿El que tenía sobrepeso?

—Así es.

—¡¿Aquel al que le di mi primer beso?! —exclamé.

—¡¿Qué?! —gritó Garrett, estupefacto.

—Vaya… la madurez lo ha tratado increíblemente bien —murmuré para mis adentros mientras regresaba a la habitación.

—¡Colette! ¿Cómo que le diste tu primer beso? ¡Regresa y explica eso!

—Cierto, tú debes explicarme por qué no pueden tratarse de forma civilizada —repliqué, volviéndome hacia él.

—¿En serio te besaste con él?

—Olvídalo, seguro que él ni lo recuerda. Qué pequeñas son las vueltas de la vida.

—Claro que lo recuerda. ¿Cómo podría olvidar algo así?

—Fue durante un viaje del instituto. Jugábamos a la botella y nadie quería besarnos, así que nos enviaron al bosque a los dos. Y ocurrió.

—¿Y cómo fue? —preguntó él con una curiosidad mal disimulada.

—¿Por qué te interesa? No te vas a enojar, ¿verdad?

—Dime ya si fue especial o si lo disfrutaste.

Solté una carcajada al verlo tan serio.

—¿Cómo puedes preguntar eso? Teníamos once años.

—A esa edad uno ya sabe si le gusta algo o no.

—Eres increíble. Además, aún no respondes a mi pregunta.

—Dímelo tú primero y luego responderé yo.

—No lo sé, Garrett. Fue un beso fugaz, casi insignificante… apenas lo recuerdo.

—Mientes, te estás riendo.

—No es verdad.

—Tus ojos te delatan —dijo él, entrecerrando los suyos.

—Está bien, basta. Es tu turno.

—¿Recuerdas a la chica con la que salí hace unos años?

—He conocido a cinco de tus parejas, Garrett.

—¿Te parece mucho?

—Para no ser nada serio, sí. No sé qué buscas en una mujer.

—No soy tan superficial como crees.

—Lo sé, por eso somos amigos. ¿A cuál de todas te refieres?

—A la rubia de ojos azules.

—¡Ah! Aquella mujer tan desagradable que quiso ser modelo y Louis terminó despidiendo.

—Omitamos ese detalle. Resulta que tu guardaespaldas también salía con ella.

—Así que te engañó.

—Ellos me engañaron.

—No, ella te engañó. Estoy segura de que Nick no sabía que ella estaba contigo.

—Te atrae Nick, ¿verdad? —preguntó él de repente.

—No lo sé. Me parece atractivo, sería absurdo negarlo. Pero, ¿de qué sirve fijarme en alguien si nunca me han amado de verdad? Solo terminaré sufriendo.

—¿Crees que habría permitido que cualquier mujer viviera en mi casa? Jamás. Eres la única, Colette.

—Pero somos amigos, Garrett. Muy buenos amigos.

—Y eso podría cambiar.

Entró en la habitación dejándome sumida en mis pensamientos. ¿Cambiar para mejor o para peor?